La unión europea y la definición de su política de cooperación para el desarrollo

AutorJosé Ángel Sotillo Lorenzo
Páginas189-203

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Introducci�n

En los �ltimos meses, Europa, la Uni�n Europea ha vuelto a ocupar un lugar protagonista en el escenario mundial. Cuando el apelativo a lo hist�rico est� devaluado por su constante utilizaci�n, el viejo continente ha vivido momentos que realmente pueden llevar ese calificativo: uno ha sido el 11 de marzo de 2004, cuanto el terrorismo golpe� salvajemente a Madrid, a Espa�a, a Europa; y otro el 1 de mayo, cuando se alcanzaba aquello que figuraba en los sue�os de Churchill, el fin de la divisi�n de Europa y la incorporaci�n de varios pa�ses de la antigua Europa del Este al proceso de integraci�n continental. Sin olvidar que el proyecto de reforma contin�a con la vista puesta en la adopci�n de la Constituci�n europea, que ha solventado uno de sus �ltimos escollos con el cambio de Gobierno en Espa�a, tras la victoria del PSOE, de la mano de Jos� Luis Rodr�guez Zapatero, el 14 de marzo.

En todo ese intenso proceso, la vida de la Uni�n sigue y la maquinaria sigue trabajando. Una de esas actividades, la cooperaci�n para el desarrollo, contin�a dando pasos tras su formalizaci�n por el Tratado de Maastricht y las profundas reformas —tanto en la pol�tica como en la gesti�n— que se pusieron en marcha a partir del a�o 2000, con la Declaraci�n del Consejo y la Comisi�n sobre la pol�tica de desarrollo de la Comunidad Europea (10 de noviembre) y la creaci�n de EuropeAid. La celebraci�n de la cumbre de Monterrey sobre financiaci�n del desarrollo, en marzo de 2002, supuso un punto de realce en el compromiso de los socios de la Uni�n con el desarrollo mundial. A pesar de los avances, la cooperaci�n para el desarrollo sigue manteniendo un bajo perfil en el conjunto de las relaciones exteriores de la Uni�n Europea y los �ltimos acontecimientos han llevado, quiz�, a debilitarla.

Existe una gran contradicci�n entre las esperanzas que hay depositadas en el papel de Europa en el mundo y la frustraci�n que supone que no seamos capaces de trasladar a la realidad todo nuestro potencial. Europa puede y debe ser esa superpotencia civil que muchos demandan, pero hoy todav�a tiene que superar variados y grandes obst�culos para serlo real- mente. Su pol�tica de cooperaci�n para el desarrollo sirve para medir el nivel de participaci�n real en el escenario internacional, siempre en el marco que se�ala el tratado, al declararla como complementaria de la de los Estados miembros. Es indudable el esfuerzo que se est� haciendo, pero la situaci�n de pobreza y miseria en el mundo exige mejorar la forma de trabajo y definir mejor qu� tipo de pol�tica debe tener la propia Uni�n.

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Los problemas internos, por muy graves que sean, no deben descuidar la responsabilidad de la Uni�n en sus tareas y compromisos internacionales, especialmente en un �mbito como este.

Acontecimientos que cambiaron el mundo

Veamos cu�les han sido esos acontecimientos que han vuelto a colocar a Europa en la portada internacional. Uno primero tiene que ver con su proceso de reforma, que da un paso sustancial cuando se celebra en Roma, el 4 de octubre de 2003, la sesi�n inaugural de la Conferencia Intergubernamental que deber� tratar el proyecto de Tratado Constitucional presentado por la Convenci�n. Acuden jefes de Estado o de Gobierno de 25 pa�ses (los Quince Estados miembros, m�s los 10 de la ampliaci�n).

En el proyecto de Tratado Constitucional, el T�tulo V trata “De la acci�n exterior de la Uni�n”; la Uni�n definir� y aplicar� pol�ticas comunes y acciones para, entre otros objetivos, “fomentar un desarrollo sostenible en los planos econ�mico, social y medioambiental de los pa�ses en v�as de desarrollo, con el objetivo principal de erradicar la pobreza”. Dentro del Cap�tulo IV (“Cooperaci�n con terceros pa�ses y ayuda humanitaria”), se incluyen tres tipos de acciones: cooperaci�n para el desarrollo; la cooperaci�n econ�mica, financiera y t�cnica con terceros pa�ses; y la ayuda humanitaria.

La reuni�n del Consejo Europeo, celebrada en Bruselas los d�as 12 y 13 de diciembre de 2003, finaliza con el fracaso de no haber dado el visto bueno al Tratado Constitucional; ni siquiera hay foto final de familia. Los Jefes de Estado o de Gobierno de los 25 no se pusieron de acuerdo sobre el reparto de poder en las instituciones, a pesar de las intensas negociaciones mantenidas hasta �ltima hora. En el terreno de las realizaciones, se aprueba el documento presentado por Javier Solana sobre la Estrategia Europea de Seguridad; se refuerza la pol�tica de inmigraci�n; se da el visto bueno a la Acci�n Europea para el Crecimiento, por un valor de 220.000 millones de euros. Adem�s, se reparten entre 10 pa�ses las sedes de varias agencias especializadas.

Con respecto a la Estrategia Europea de Seguridad el punto de partida revela el enfoque europeo sobre este asunto, con el t�tulo Una Europa segura en un mundo mejor: “El contexto de seguridad a que ha dado lugar el fin de la guerra fr�a se caracteriza por una apertura cada vez mayor de las fronteras que vincula indisolublemente los aspectos internos y externos de la seguridad. Las corrientes comerciales y de inversi�n, el desarrollo tecnol�gico y la expansi�n de la democracia han supuesto una libertad y una prosperidad crecientes para Page 192 muchas personas. Otras, en cambio, perciben la mundializaci�n como fuente de frustraci�n y de injusticia. Esta evoluci�n ha aumentado asimismo las posibilidades de intervenci�n de los grupos no estatales en los asuntos internacionales. Pero tambi�n ha incrementado el grado de dependencia de Europa respecto de una infraestructura interconectada en �mbitos como el transporte, la energ�a o la informaci�n, aumentando por ende su vulnerabilidad”. Se afirma, con rotundidad, que la seguridad es una condici�n necesaria para el desarrollo y se hace una defensa del multilateralismo eficaz, en cuyo marco “Las pol�ticas de comercio y desarrollo pueden ser un poderoso instrumento para pro- mover la reforma. La Uni�n Europea y sus Estados miembros, que son el mayor donante de asistencia oficial del mundo y su mayor entidad comercial, est�n en una situaci�n id�nea para promover estos objetivos”. Frente a quienes defienden las acciones anticipatorias, el texto subraya que “debemos ser capaces de actuar antes de que la situaci�n en los pa�ses a nuestro alrededor se deteriore, cuando se detecten se�ales de proliferaci�n, y antes de que se produzcan emergencias de orden humanitario. La intervenci�n preventiva puede evitar que se planteen problemas m�s graves en el futuro. Una Uni�n Europea que asuma una mayor responsabilidad y que desempe�e un papel m�s activo tendr� mayor peso pol�tico”.

La apuesta por el multilateralismo hab�a quedado reflejada en un Comunicaci�n de la Comisi�n al Consejo y al Parlamento Europeo sobre “La Uni�n Europea y las Naciones Unidas: la opci�n del multilateralismo” (COM(2003) 526 final, 10 septiembre 2003). El punto 2.2 trata “M�s all� del desarrollo: refuerzo de la cooperaci�n en cuestiones de paz y seguridad”, donde se afirma “El siguiente desaf�o es extender un marco fiable y sistem�tico para la cooperaci�n a otras �reas esenciales para la gobernanza mundial efectiva, especialmente las relacionadas con el cometido de la UE, cada vez m�s amplio, en la contribuci�n a la paz y seguridad internacionales. La evoluci�n de la PESC/PESD ha aumentado perceptiblemente las opciones de la UE para el compromiso en las esferas pol�ticas, diplom�ticas y militares, a�adiendo impulso a los instrumentos comunitarios que hasta ahora han proporcionado los medios principales de apoyo a las estrategias pol�ticas en relaci�n con las regiones en crisis”.

El Movimiento Europeo, en su reuni�n de 6 y 7 de diciembre, hab�a reclamado ese papel, insistiendo en los objetivos planteados pero aumentando el list�n de las demandas: “Los objetivos de la UE en sus relaciones internacionales deben ser la promoci�n de la paz, la seguridad, el desarrollo sostenible, la solidaridad entre las naciones, el comercio libre y justo, la erradicaci�n de la pobreza, la protecci�n de los derechos humanos, el desarrollo de una legislaci�n internacional y el respeto a la Carta de las Naciones Unidas”.

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Sin embargo, la realidad demuestra que lejos de haber una...

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