La transferencia del conocimiento, ¿una nueva función social universitaria? Medios personales y materiales.

AutorJ. Manuel del Valle Pascual - Susana Martínez Fernández
Cargo del AutorUniversidad Politécnica de Madrid
Páginas285-316

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Donde reina el eufemismo

se dice de otra manera

lo que en el fondo es lo mismo, más similares palabras alcanzan nuevos sentidos

si algún demonio las carga.

1. - De eslabones perdidos y alianzas de civilizaciones

Enseñar y aprender es la ocupación de siempre en la universidad. Antes, sin duda, de que banqueros y mercantes inventaran el término de transferencia para el dinero viajero, tan bonito, en cuanto del intelecto se trata, que lleva ya un rato largo paseándose por los campus universitarios y desbordándolos, luciendo su galanura conceptual, como la mejor carta de presentación de la universidad de nuestro tiempo. De siempre se enseñaba y aprendía entre padres e hijos, preceptores y discípulos, docentes y discentes, en un proceso formativo personalizado cara a cara en el que se transmitía lo que se sabía, y se formaba en hábitos y comportamientos, configurando la función más antigua del mundo, síndrome de pigmalión, que no es la profesión más antigua porque tardó tiempo en ser remunerada. La universidad solamente amplió el número de implicados en el proceso en una primera etapa, de aprendizaje plural y enseñanza en alguna medida especializada y profesional fuera de casa y de ciudad, incluso, configurando la universidad de primera generación.

Hoy se le llama transferencia del conocimiento a la cesión de las claves de la inteligencia, más que mensajes estandarizados, fuera de ese ámbito ya no tan estrecho, subjetivamente armado entre unos y otros, destinado a terceros ajenos a esa, primero, paternofilial y, después, reglada vinculación al campus, incluso. Objetivamente es un paso más en el proceso educativo, que pretende ir más allá de aglutinar, primero, configurando bibliotecas y

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jardines botánicos, para ,después, volcar bloques de información, con cuya base enseñar o mecanizar rutinas para el desempeño de una profesión durante toda una vida. Huir de la idea de que un licenciado sabe ya para siempre los tratados que contemplan el saber que contiene, una rama tras otra, las claves básicas de su profesión. En el fondo de la expresión, o de su utilización cotidiana, se aprecia una vocación transfronteriza, subjetiva y objetivamente, esto es, toda una intención de contaminar a la sociedad civil con el virus de pensar, antes que con el producto de lo ya pensado, más adelante del plan de estudios, y el veneno de querer cambiar con la innovación las actividades sociales según nuestras mejores inquietudes, hasta conseguir que la universidad, más que un centro educativo, investigador o motor social, sea el tatuaje indeleble de una conducta o forma de ser, un estado de ánimo que remueva a los indolentes hasta que no encuentren quietud sus neuronas. Y, a ser posible, que se lo pasen bien con ello, a fin de que no se entienda el trabajo como una maldición, sino como el zaguán del esfuerzo que precede al hogar de la recompensa. Actitud que unas veces precisará de su clásica posición de reposo al pensamiento248, y otras de actividad intranquila en su rol contemporáneo de dinamización social. Realmente, dos generaciones de universidad alejadas en el tiempo con ciertas distancias ontológicas que conviven hoy en un sólo cuerpo.

Es sabido que Darwin articuló la teoría de la evolución de las especies en "El origen del hombre", publicado el 24 de febrero de 1871, y que según ella, en la lejanía de nuestros antecesores, se encontraban los simios. Los creacionistas le echaron siempre en cara la asignatura pendiente del eslabón perdido. Alguno de ellos sin mirarse al espejo. Es gracioso acordarse de que en su búsqueda el geólogo Woodward y el abogado Dawson falsearon la prueba de ese eslabón perdido con el hombre de Piltdown, en una curiosa estafa al mundo de la ciencia, rindiendo como tal la manufactura de una mezcla de cráneo humano y mandíbula de simio, con dientes limados para que fueran más parecidos a los humanos. Tardó el ardid largo tiempo en ser rechazado científicamente, y sin encontrar sustituto por demostración certera, con lo que todavía se encuentra en la oficina de objetos perdidos el eslabón249. Sirvan estos dos ejemplos para exponer el nudo de esta

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afirmación primera: La universidad es el eslabón nunca perdido, y sin trampa o cartón, entre la transmisión individual del saber y la transferencia del conocimiento movilizador de la sociedad, que la tiene como académica palanca, combinando reposo y dinamización, como enseguida nos cuidaremos de razonar, aunque en su evolución se aprecian no menos de tres generaciones.

Pero también es el botón que abrocha la alianza de civilizaciones. Como comenzábamos insinuando, siempre se ha enseñado, y siempre se ha aprendido, pero ¿qué cosas? Bien nos cuenta Gordon LEFF la herencia que la educación básica platónica y aristotélica donó al trivium, o camino triple a la sabiduría, que recorría la gramática, retórica y lógica; y al quadrivium, que comprendía la aritmética, geometría, astronomía y música. Ambos encontraron su sede en la universidad medieval con el antecedente de San Agustín, previo paso por la educación romana que preparaba para una instrucción en derecho y para la vida pública250, las artes del enseñar y el aprender se transmitieron con continuidad. Se enseña de donde se pueda aprender, venga de donde venga, siendo que la universidad estuvo centrada en la actitud reverencial ante el libro y el pasado251, por lo que a la impartición de enseñanza se llamó lectio y a la unidad formativa, lección. Se enseñaba lo que se leía, no lo que se creaba.

En este itinerario alcanzaron un papel de relieve las escuelas islámicas de sabiduría, mediante un modelo organizativo que transfirieron a la universidad medieval, organizando a los estudiantes extranjeros por naciones, lo que forzaba a que el proceso educativo manejara ideas de validez universal, según el parecer de Walter RÜEGG252, y, por ello, más alejadas del sectarismo. Lo que no terminó su semejanzas, que MAKDISI computó en 18 afinidades sustanciales entre el modelo islámico y el occidental de organización del saber y de su transmisión mediante organizaciones más o menos semejantes a universidades, no sin acabar confesando que "la universidad es un producto del occidente cristiano del siglo XII, no sólo en su organización sino también en los privilegios y protección recibidos del Papa y el rey"253. Enciclopedias y conocimientos griegos, hebreos e islámicos, universales, pues, sobre las más diversas

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ciencias fueron recibidos y utilizados sin nacionalismos excluyentes y como acerbo cultural común digno de atención en la universidad medieval254, que emerge en tiempos sombríos. Crisol de culturas, o mezclilla, según el caso y la categoría del recipiente, pero lugar de encuentro, en todo caso, entre personas de procedencia dispar. Lugar de encuentro de culturas trayectorias personales varias, lugar de inteligencia y entendimiento.

El grado de bachiller facultaba para ser aprendiz de un magister y los de maestro y doctor implicaban la licentia ubique docendi, como facultad de impartir clases -y en algunos casos la obligación durante dos años- en toda la cristiandad255, razón por la que las universidades buscaban la obtención de la bula pontificia, que daba un cierto marchamo de universalidad de la que no gozaban ya los poderes terrenales, a fin de expandir el mercado para sus estudiantes egresados, y aumentar el número de matriculados, en consecuencia. Decaído el imperio terrenal de occidente desde el 476, a las manos bárbaras de Odoacro, desde el mando quinceañero y zangolotino de Rómulo Augusto, y fuera de ruta el oriental de Bizancio, queda ensalzado el espiritual católico, y potenciada la licentia como última carta credencial del imperio, que comienza a serlo de la condición de los ciudadanos sin fronteras profesionales. Al imperio por la cultura. En ésas, el primer director de Oxford fue Domingo GUNDISALVO de Toledo, uno más de los hispanos sin fronteras que participaron en su nacimiento256. De su paranacionalismo institucional, es huella digna de recuerdo que los universitarios gozaron de fuero propio desde el edicto de Vespasiano del año 74, esto es desde antes que hubiera universidades, como sigue manteniéndose erguida en la impresión de que los campus son terreno vedado a las fuerzas de orden público sin permiso rectoral para su entrada257. Mito siemprevivo de laxitud de fronteras, policiales incluso, del que la universidad retiene su aura.

Humanistas e ilustrados fueron sacando a las universidades del territorio de la Iglesia a lo largo del siglo XVIII258, y dejándolas en manos del monarca, que recepcionó de conformidad su ultranacionalidad, ma non troppo, en las cosas del intelecto, en tanto no discutieran el mando del monarca, o el real de la Iglesia -de la Inquisición, a efectos del fuero- que

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aun sostuvo sus basamentos, incluso en los días duros de la expulsión de los jesuitas, bajo otras sotanas, trastocadas en togas académicas.

Aún después, la universidad fue reducto de diletantes al poder establecido, liberales en su tiempo, izquierdistas en la República y la predemocracia, tibios no demasiado adeptos tras el alzamiento, heterodoxos siempre y protestones mande quien mande. En fin, la nata inadaptada de la sociedad, el germen del futuro para los insatisfechos con el presente y constructores del futuro.

Y así, aunque suene a propaganda electoral o a anuncio de televisión, la universidad ha sido y es el eslabón nunca perdido en el camino del saber y el lugar en que fraguó, antes de que a nadie se le ocurriera formularla, la alianza de civilizaciones en las que el reposo se combina con el dinamismo en inestable, pero duradero, equilibrio.

2. - Empieza la función

Segunda generación. La creación de la Universidad Libre de Berlín el 16 de agosto de 1809 va a dar...

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