El sujeto como objeto (II): el tratamiento constitucional

AutorMarco Aparicio Wilhelmi
Páginas73-183

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A) El indigenismo contemporáneo y los primeros cambios en la normativa constitucional
a) El indigenismo contemporáneo

Ya hemos visto de qué forma las políticas indigenistas respondían a una muy determinada concepción tanto de la sociedad como del Estado existentes en los países latinoamericanos tras los procesos de independencia. Y concretamente, hemos podido comprobar hasta qué punto el indigenismo lleva incorporados como elementos inherentes el tratarse de un quehacer unilateral (desde el Estado) y de objetivo único (la homogeneización sociocultural a partir de los rasgos que el propio Estado considera que deben identificar la nación y todos sus miembros). Sabemos también que dicho único propósito ha venido contando con distintos mecanismos para su realización, desde la atención a partir de planteamientos pseudopaternalistas, hasta la omisión de cualquier referencia a lo indígena. Pese a esas variantes, por lo común los ejes principales de tales políticas se han venido a situar en tos terrenos educativo (incluyendo los programas de castellanización) y en el de la regulación de la tenencia de la tierra.

Finalmente, y al hilo de la cuestión agraria, de lo apuntado en el anterior capítulo se ha podido desprender que tras cualquier manifestación del indigenismo han jugado un papel siempre determinante las exigencias del modelo económico capitalista que, bajo las propias circunstancias de la región y teniendo en cuenta su heterogeneidad, acompañan a la creación y desarrollo de los Estados latinoamericanos. En este sentido, nos hallamos ante medidas que de alguna u otra forma se sitúan en el contexto de políticas encaminadas a dar respuesta a una serie de exigencias econó-Page 74micas, ya sea a partir del esquema de acumulación originaria que, impulsado por las primeras reformas liberales o incluso antes, se dio en casi todos los países, o en el terreno de la creación y consolidación del mercado y de su base agroexportadora. De este modo, la política indigenista muchas veces acompaña, y en ocasiones es mera consecuencia, a políticas más generales, como por ejemplo las encargadas de promover la generalización de la agricultura (aunque en determinadas zonas el peso estará en las actividades ganaderas) y la manufactura intensivas, que a su vez conllevan la implantación del trabajo asalariado junto con la incorporación al mercado interno de extensas zonas y de sus pobladores y pobladoras. Probablemente será difícil encontrar mejor y más efectivo indigenismo.

A partir de los años cuarenta del presente siglo, se empieza a consolidar en los diferentes Estados la necesidad de llevar a cabo una estrategia indigenista positiva basada en una perspectiva algo distinta a la que se venía dando, al margen de su evolución, desde el nacimiento de las primeras repúblicas latinoamericanas. A grandes rasgos, y sin entrar todavía en su contenido y objetivos reales, se puede decir que se trata de una tendencia que se generaliza a partir de la década de 1950 con la creación de organismos estatales especializados (habitualmente llamados "Institutos Indigenistas"), cuya misión es el diseño y puesta en práctica de las políticas indigenistas, entendidas éstas desde un punto de vista amplio, o sea, tanto a partir medidas de carácter "cultural" (en el sentido restringido del término) como de carácter económico.

A partir de mediados de los sesenta, tal y como explica Iturralde100, la situación va a dar un giro debido a la intensificación de las reformas agrarias que condujeron a la activación de instituciones agrarias y de desarrollo (tanto públicas como privadas); instituciones que al concentrar en su ámbito de actuación todo lo relativo a la regularización de las tierras, fomento de la producción y extensión de los servicios públicos, provocarían que las instituciones indigenistas vieran notablemente reducido su campo de acción y con ello su capacidad de influencia en el conjunto de las políticas referidas a los pueblos indígenas (quizás el Instituto Nacional Indigenista -INI- de México y la FUNAI brasileña constituyan la excepción).

El agotamiento generalizado de los procesos de reforma agraria y el auge de los movimientos reivindicativos indígenas, van a suponer a partir de los años ochenta una importante revitalización de las instituciones indigenistas. Desde los distintos gobiernos, se van a buscar acciones para hacer frente a una situación que es vista como problemática y ante la cual no se sabe muy bien qué actitud tomar. Los institutos indigenistas se convierten, de este modo, en importantes órganosPage 75 burocráticos que asumen la coordinación interinstitucional, la interlocución con las organizaciones indígenas y la preparación de reformas normativas incluso de rango constitucional.

Llegados ya al momento actual, el panorama del indigenismo se caracteriza (en buena parte gracias a la intensificación de los esfuerzos de las organizaciones indígenas por hacer llegar sus reivindicaciones tanto al resto de la sociedad nacional como internacional) por una reformulación de actividades e incluso de principios, que son manifestación de una mayor complejidad en el terreno de la definición de la relación Estado-pueblos indígenas, terreno en el que por un lado juegan un papel cada vez más relevante los organismos internacionales (de modo señalado las NNUU, aunque no hay que olvidar el papel de la creciente cooperación internacional desde agencias estatales de cooperación y organizaciones no gubernamentales)101, y por otro se halla muy influenciado por las exigencias de los drásticos procesos de reestructuración económica a los que la práctica unanimidad de Estados se ven abocados por las decisiones de sus gobiernos en el marco de las políticas diseñadas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

Para algunos autores los cambios que ha sufrido el indigenismo son tales, que incluso se atreven a afirmar que se ha desprendido de sus elementos tradicionales para pasar a ser "multilateral (como una relación interactiva), pluridireccional (con actores y políticas diferenciadas) y de múltiples propósitos. La idea es potenciar lasPage 76 capacidades culturales indígenas en lugar de sustituirlas, el fomento de programas de educación bilingüe y bicultural, la tolerancia de las práctica médicas tradicionales, la exploración de modelos alternativos para la producción agrícola y artesanal..."102.

A mi modo de ver, quizá haya que cuestionar la verdadera dimensión de dichas transformaciones. Sin querer avanzar una reflexión que debe ser abordada a partir del análisis de las normas constitucionales actualmente vigentes en Latinoamérica, hay que decir que pese a los importantes cambios habidos, no parece al menos tan evidente que el indigenismo contemporáneo haya abandonado sus caracteres definidores. Incluso hay quien afirma que, en términos generales, hoy en día siguen vigentes los principios que definen el llamado indigenismo integracionista, nombre bajo el cual se bautizó en el curso del Primer Congreso Indigenista Interamericano103 (llevado a cabo en Pátzcuaro, México, en 1940) la corriente indigenista llamada a dominar el panorama de la segunda mitad del presente siglo.

Quizás sea necesario retomar el hilo de la evolución del indigenismo en las últimas décadas para poder fundamentar mejor algunas de las cuestiones planteadas. Y puede ser así porque, sin lugar a dudas, dicha evolución va a suponer un cambio de perspectiva importante y, más que nada, una intensificación del debate y de las medidas adoptadas relativas a la cuestión indígena, cuestión de enorme importancia para entender la verdadera dimensión del reconocimiento actual de los derechos indígenas en el plano constitucional, aspecto que será objeto de atención más adelante.

Pues bien, el ya citado Congreso de Pátzcuaro, al que asistieron en representación de sus respectivos Estados los indigenistas más influyentes del momento, fue el encargado de sentar las bases de un indigenismo que ante todo busca la "integración de los indígenas a la vida nacional" aunque siempre, y ahí está su novedad, enfatizando la necesidad de respetar su personalidad cultural y su dignidad humana. Concretamente, en una declaración solemne incluida en el acta final del Congreso, se establecen los siguientes condicionantes de la política indigenista:

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  1. El respeto a la personalidad y a la cultura indígena;

  2. Rechazar los procedimientos legislativos o prácticos que tengan origen en conceptos de diferencias raciales con tendencias desfavorables para los grupos indígenas;

  3. Igualdad de derechos y de oportunidades para todos los grupos de la población americana;

  4. Respeto a los valores positivos de la cultura indígena;

  5. Facilitar a los grupos indígenas su elevación económica y la asimilación y el aprovechamiento de los recursos de la técnica moderna y de la cultura universal;

  6. Toda acción que se intente sobre la comunidad indígena deberá contar con la aceptación de la comunidad104.

De este modo, parece superarse la estrecha visión evolucionista ya que se postula el valor de la cultura indígena y además se considera compatible, y quién sabe si hasta deseable, su conservación con la idea de inclusión nacional. A cambio de la visión antropológica desechada, se dice responder a los principios del llamado "relativismo cultural", en virtud del cual desde la consideración de que todas las culturas, aunque distintas en caracteres, son iguales en categoría, hay que enterrar...

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