Recursos de poder y estrategias sindicales en la Unión Europea. Resistencia e igualdad social ante la nueva intergubernamentalidad neoliberal.

AutorPayá Castiblanque, Raúl

Power resources and trade union strategies in the European Union. Resistance and social equality in the face of the new neoliberal intergovernmentalism

Sumario. 1. Introducción. 2. Los recursos de poder sindical. 3. La intergubernamentalidad europea y las reformas laborales. 4. Diseño metodológico. 4.1. Fuentes y elaboración de datos estadísticos. 4.2. Análisis estadísticos. 5. Resultados. 5.1. Las sinergias de los recursos de poder sindical. 5.2. Sindicalismo, recursos de poder e igualdad social. 5.3. La gestión de la crisis financiera y la erosión de los recursos de poder sindical. 6. Discusión final. 7. Bibliografía.

  1. Introducción

    Son abundantes los estudios comparados que muestran la variedad y heterogeneidad de los modelos de relaciones laborales y de tipos de sindicalismo entre los países europeos (véase, por ejemplo: Crouch, 2017; Ebbinghaus y Visser, 2000; Hyman 2001; Frege y Kelly 2004; Erne 2008; Lehndorff et al., 2017). Históricamente, se han categorizado los sistemas de relaciones laborales por zonas geográficas (modelo escandinavo, germánico, anglosajón, mediterráneo o del este de Europa) para facilitar su análisis y comprensión. Sin embargo, no deben considerarse como una tipología analítica (Gumbrell-McCormick y Hyman, 2018) ya que las estrategias sindicales de inserción institucional son diferentes en cada país. Ello está en función de las experiencias históricas y culturales del sindicalismo en cada región (Bosch et al., 2009), de los modelos o variedades de capitalismo (Frege y Kelly 2004) y de su desarrollo socioeconómico (Hall y Soskice, 2001).

    Gumbrell-McCormick y Hyman (2013) identifican dos niveles analíticos para estudiar el sindicalismo. Por un lado, el análisis microscópico dedicado al estudio pormenorizado de las características propias de cada sistema laboral, así como a la identificación de las similitudes y divergencias entre los países que pertenecen a un mismo modelo geográfico. Por otro lado, el análisis telescópico permite realizar análisis holísticos con el objetivo de revelar las líneas generales típicas de los distintos sistemas de relaciones laborales.

    Evidentemente, existen divergencias microscópicas entre el sindicalismo de los diferentes países europeos (Lhendorff, 2015). Sin embargo, si el objeto de estudio implica llevar a cabo análisis estadísticos que suponen comparaciones entre países, es necesario simplificar las variables de estudio y utilizar la mirada telescópica (Gumbrell-McCormick y Hyman, 2013).

    Al respecto, las teorías sobre los recursos de poder sindical configuran un conjunto heurístico de investigación internacionalmente reconocido y aplicado al análisis del sindicalismo, que permite el estudio comparado a nivel telescópico. Estos enfoques han sido objeto de abundantes investigaciones dentro del paradigma de los Labor Revitalization Studies. Éstos analizan los factores determinantes de la llamada crisis del sindicalismo, así como la elaboración de propuestas que contribuyan a su renovación. Dichos estudios abarcan los casos de países europeos (Lehndorff et al., 2017; Schmalz y Thiel, 2017; Martínez Lucio, 2017; Köhler y Calleja, 2017), de América Latina (Julián, 2015; Melleiro y Steinhilber, 2016), África (Webster et al., 2017) y Asia (Xu y Schmalz, 2017; Zajak, 2017).

  2. Los recursos de poder sindical

    Sintetizamos los principales conceptos de los enfoques centrados en los recursos de poder sindical, debido a que utilizamos estas aportaciones en nuestro estudio empírico. En primer lugar, el poder estructural hace referencia a la capacidad de negociación de los trabajadores dada por factores estructurales (Silver, 2005), y que dependen de la posición de los mismos en el mercado laboral y en el proceso de producción. Por tanto, el poder estructural presenta dos dimensiones (Wright, 2000; Brinkmann et al., 2008): el poder de mercado y el poder en el proceso productivo. El poder de mercado de los trabajadores (su capacidad de negociación) depende de su posición en el mercado de trabajo. Dicha posición relativa está determinada, fundamentalmente, por la capacidad de inserción estable en las relaciones de empleo. Por tanto, también podemos estimar el poder de mercado que tienen los trabajadores de forma inversa. Es decir, evaluamos el poder de mercado mediante las tasas de paro y de empleo atípico (empleo temporal y de empleo a tiempo parcial no deseado). El poder de negociación en el lugar de trabajo hace referencia a la capacidad de presión que los trabajadores tienen en el proceso productivo. Es decir, su capacidad operativa de llevar a cabo huelgas, negociaciones, etc. Se puede estimar empíricamente a través del número de huelgas y las acciones de interrupción del trabajo (Lhendorff et al., 2018).

    El segundo tipo de poder es el poder asociativo de los trabajadores (Gumbrell-McCormick y Hyman, 2013). Se refiere a la capacidad de negociación dada por la fuerza del sindicato o movimiento social al que pertenecen. Dicha capacidad depende de factores como el nivel de afiliación y las habilidades políticas del sindicato. Habilidades que, a su vez, dependen de su capacidad de movilización y su capacidad de organización. Ello se observa, habitualmente, en indicadores tales como las tasas de afiliación sindical ("presencia"), las tasas de representatividad ("audiencia"), el porcentaje de centros de trabajo que tienen representantes de trabajadores, el sistema de representación en el centro de trabajo: canal único (sindicato) / canal único (comité de empresa) / doble canal (Lhendorff et al., 2018).

    El tercer tipo de poder es el poder social, que hace referencia a la capacidad de los sindicatos de coaligarse y cooperar con otros actores sociales (Schmalz, 2017; Silver, 2005). Implica organizar redes sociales, vínculos, articulaciones políticas, etc. El poder social tiene dos dimensiones. La primera es el poder de coalición, que expresa la capacidad articulatoria con otros agentes sociales y políticos (Lévesque y Murray, 2010). Dicha capacidad se observa a través de la existencia o no de redes o movimientos sociales que trabajan en conjunto con los sindicatos. La segunda dimensión es el poder discursivo o estratégico, que hace referencia a la capacidad para proponer o imponer marcos interpretativos funcionales a sus intereses (GumbrellMcCormick y Hyman, 2013). Es decir, capacidad para influir sobre el debate político de su sociedad de referencia. Los indicadores empíricos de este tipo de poder son difíciles de precisar. Requiere un análisis de tipo cualitativo que estime la presencia efectiva de debates públicos que hayan sido promovidos por los sindicatos u otras organizaciones de trabajadores. También se puede estimar a través de técnicas cuantitativas, mediante distintos barómetros que midan el grado de confianza social en los sindicatos, o variables similares (Lhendorff et al., 2018).

    El cuarto tipo de poder es el poder institucional. Dicho poder se refiere a la capacidad de los sindicatos de intervenir en las relaciones laborales y en los procesos de trabajo a través de la regulación institucional y legal. Es decir, hace referencia a su capacidad de normalizar y regular el empleo (Gumbrell-McCormick y Hyman, 2013; Brinkmann et al., 2008). Tales capacidades dependen de las decisiones estatales y de los resultados de los esquemas corporativistas o de partenariado social sobre las relaciones laborales. Se refiere a la participación de las organizaciones sindicales en las instituciones económicas de gobierno, así como en sistemas corporativistas y de negociación colectiva (Ebbinghaus y Visser, 1999; Dribbusch, 2003). El poder institucional de los sindicatos se puede estimar a través de indicadores como las tasas de cobertura de la negociación colectiva, el nivel de centralidad de la misma, la existencia o no de cláusulas de apertura y extensión de los convenios y la existencia o no del Sistema Ghent (Scruggs, 2002).

  3. La intergubernamentalidad europea y las reformas laborales

    Durante la crisis financiera iniciada en 2008, la integración europea ha discurrido a través de una coordinación política entre los poderes ejecutivos de sus estados miembros, pero evitó transferir poderes decisorios a las instituciones europeas supranacionales. Es decir, no se produjo una transferencia de poder decisorio hacia instancias propiamente europeas. Sin embargo, se consensuaron entre los estados europeos dos tratados intergubernamentales para gestionar la crisis: 1) el Pacto Fiscal, y 2) el Tratado sobre el Mecanismo Europeo de Estabilidad. El primero empoderaba a la Comisión Europea en un grado limitado, y el segundo no implicaba ningún empoderamiento adicional (Bickerton et al. 2014).

    El actor estratégico de la UE durante la crisis fue el Eurogrupo, constituido por los ministros de economía y finanzas. Dicha instancia definió los lineamientos del Mecanismo Europeo de Estabilidad, que gestionó la asistencia financiera a los estados europeos en crisis. Otros actores estratégicos fueron el Banco Central Europeo (BCE) y la Directorate General for Economic and Financial Affairs (DG ECFIN).

    Con relación a los planes de rescate financiero a los bancos, los estados miembros transfirieron al BCE poderes de supervisión financiera, mientras que la Comisión Europea no obtuvo capacidades adicionales. Siguiendo las tesis de Bickerton et al. (2014), estas formas de integración basadas en acuerdos intergubernamentales configuran un "nuevo intergubernamentalismo" neoliberal, por el cual la toma de decisiones surge de acuerdos y/o relaciones de poder entre los estados nacionales antes que de mecanismos decisorios supranacionales.

    Este espíritu se tradujo en el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, y en el Six-Pack (Hodson, 2011), y en que los gobiernos hayan optado por resolver sus diferencias institucionales mediante un proceso de negociación en el interior del Consejo Europeo y del Eurogrupo (Puetter, 2014). En este marco, el BCE, mediante un uso creativo de los instrumentos...

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