Prólogo

AutorMiguel Sánchez Morón
Cargo del AutorCatedrático de Derecho Administrativo Universidad de Alcalá
Páginas11-15

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Uno de los retos más interesantes que plantea la reforma y modernización de nuestras Administraciones Públicas es el de introducir y consolidar en su seno un grupo directivo profesional. Por utilizar las palabras del Informe de la Comisión para el estudio y preparación del Estatuto Básico del Empleado Público, «una Administración moderna, que no se limita ya a la aplicación impersonal y objetiva de las normas jurídicas, sino que se responsabiliza de la creación y prestación de una pluralidad de servicios, que debe responder a las demandas sociales con eficacia y eficiencia crecientes, y que basa, por ello, una buena parte de su actuación en una lógica empresarial, necesita disponer de directivos cualificados». Y, abundando en la misma idea, el propio Informe considera que «uno de los ejes de las reformas administrativas características de nuestro tiempo pasa por la consolidación e institucionalización del directivo público profesional, que es la persona que posee la capacidad de liderazgo, la formación específica y las habilidades necesarias para hacer funcionar adecuadamente, bajo las instrucciones políticas del Gobierno correspondiente, la compleja maquinaria administrativa». Es difícil encontrar –y, desde luego, yo no he encontrado– a alguien que disienta de estas ideas en el plano de las ciencias que estudian la Administración Pública, pues, como demuestra el desarrollo y la evolución que, en nuestro país sin ir más lejos, ha experimentado la empresa privada y también algunos reducidos ejemplos en el sector público, la calidad de los servicios, la eficacia y la eficiencia, las mejoras de productividad tienen lugar sobre todo cuando se cuenta con un grupo preparado y activo de directivos profesionales.

Ahora bien, la creación efectiva de la función directiva profesional plantea problemas muy reales en el ámbito de nuestras Administraciones Públicas. No

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son problemas exclusivos de nuestro país, como podrán comprobar los lectores de este libro. Pero lo cierto es que no existe entre nosotros una tradición en la materia. Antes bien, si durante algunos períodos de nuestra historia la dirección profesional ha sido consecuencia y colofón de un sistema de administrar basado en los cuerpos de funcionarios, durante la mayor parte de ella y también en la fase en que nos encontramos predomina la provisión de los puestos de dirección sobre la base de criterios de confianza política. A lo largo de su período de actividad la propia Comisión de preparación del Estatuto Básico pudo comprobar, de primera mano, la oposición de algunos partidos políticos a introducir cualquier tipo de...

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