Programas de intervención con familias separadas

AutorFrancisca Fariña Rivera; Dolores Seijo Martínez; Ramón Arce Fernández; Mercedes Novo Pérez
Páginas277-293

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Como ya se ha advertido con anterioridad, el divorcio de los padres afecta negativamente a los hijos, por tanto se deben desarrollar técnicas y programas que ayuden a los menores a superar, de la manera más positiva el problema, evitando de esta forma, desajustes emocionales y conductuales que pudieran repercutir a lo largo de toda su vida. Dentro de este contexto se crean en la década de los 80, en Estados Unidos, diversos programas de intervención con hijos de padres separados, como puede ser el Children of Divorce Intervention Program (CODIP) bajo la dirección de Pedro-Carroll y Cowen (1985), entre otros.

Por otra parte, también es necesario trabajar con los progenitores de las familias rotas, ya que, como se ha mentado es necesario que los padres se encuentren equilibrados después de la separación para que sus hijos presenten niveles óptimos de adaptación emocional; de igual forma se ha expuesto la relevancia, para alcanzar este propósito, de las relaciones paterno-filiales y las de los progenitores entre sí. No obstante, la realidad es que los padres con frecuencia experimentan problemas de inadaptación personal tras el divorcio, y las relaciones con sus hijos y entre ellos mismos son inadecuadas, provocando consecuencias negativas en los menores. Con el propósito de mejorar estos factores se han desarrollado programas de intervención que impliquen a los padres (p.e., Wolchik y cois., 1988; Stolber y Garrison (1985) y Forgarch y DeGarmo, 1999). Page 278

1. Intervenciones orientadas a padres

Siguiendo a Barber (1995) cabe señalar que los programas de intervención con padres separados se deben centrar en las prácticas de crianza y han de poseer ciertos requisitos irrenunciables, a saber: información sobre el desarrollo evolutivo de los menores; sobre la naturaleza de los cambios en las relaciones familiares; el estilo de la toma de decisiones; las técnicas de supervisión y las estrategias de supervisión; aclaración sobre los estereotipos negativos sobre los hijos de padres divorciados; enseñar a adaptar a la realidad las normas y expectativas respecto a su prole; así como técnicas de autocontrol. Este autor también considera necesario intervenir paralelamente con los hijos, especialmente en tres puntos: la comprensión de la separación de sus padres, la autoestima y la adquisición de estrategias de resolución de problemas.

Wolchik y cois. (1988) desarrollaron un programa para intervenir con padres custodios con los siguientes propósitos: mejorar la relación de éstos con sus hijos, intensificar los contactos con los padres no custodios, disminuir los efectos negativos del divorcio, implementar las estrategias de disciplina de las madres, minimizar el conflicto interparental e intensificar el apoyo de otros adultos hacia el niño. La intervención pretende incrementar las destrezas parentales. Todas las sesiones comienzan con una presentación de la destreza que se va a trabajar ese día; luego, el técnico demuestra cómo se ha de poner en práctica, seguidamente son los asistentes los que la ejercitan; por último, se proponen ejercicios para realizar en casa y reforzar la habilidad adquirida en esa sesión. En la siguiente, se comentan los resultados de su aplicación.

Posteriormente, Wolchik y cols (1993) llevaron a cabo la evaluación de su propuesta para constatar la eficacia de la misma. Para ello, trabajaron con 70 madres que se habían separado durante los dos últimos años, con hijos entre 8-15 años. Los datos evidenciaron una valoración positiva fundamentalmente en lo que se refiere a la mejora de la relación madres-hijos: aumentó la comunicación entre ellos, se realizaron más actividades conjuntamente, los niños manifestaron mayor aceptación de las madres, al tiempo que éstas lograron utilizar estrategias disciplinarias más consistentes. Sin embargo, no se consiguió la disminución del conflicto interparental, ni el aumento de contacto con el progenitor no custodio (padre), ni el apoyo de otros adultos. Los resultados negativos eran previsibles al no inmiscuir en el proyecto a los padres no custodios.

En 1983, Stolberg y Garrison desarrollan el "Parenting Alone Together", que nace con la pretensión de ayudar a los progenitores a minimizar los problemas interparentales Page 279 y de disciplina. Se diseñaron diez sesiones en las que se les informa sobre la casuística general de los padres custodios, las reacciones más comunes de los hijos ante la separación de sus padres, así como las estrategias de afrontamiento, que suelen emplear en función de la edad. Por otra parte, se les instruye sobre las consecuencias de sus reacciones emocionales en la familia. También se les forma para relacionarse más eficazmente con su ex pareja y con sus hijos.

Stolberg y Garrison (1985) proceden a la evaluación de su modelo estableciendo dos grupos. En el primero se implicaba a las madres custodias y a sus hijos (a éstos se les aplicaba una versión inicial del programa descrito por Stolberg y Garrison (1994), que veremos posteriormente). En el segundo, sólo concurrían las madres. Los autores indican que las madres que participaban solas alcanzaban un mayor ajuste personal, pero en sus hijos no se producía mejoría y, además, no percibían en ellas efectos aparentes sobre las habilidades parentales. Podemos considerar, a tenor de los resultados, que se debe trabajar con todos los miembros de la familia, para conseguir resultados más significativos en relación al bienestar general del grupo familiar.

Más recientemente Forgarch y DeGarmo (1999), basándose en Forgarch (1994), propusieron el "Parenting Through Change", con el objetivo de modificar las habilidades parentales de las madres custodias y de esta forma también minimizar los efectos negativos de la separación en los menores. El programa se realiza en grupo, cuya composición oscila entre seis y dieciséis personas, las cuales se reunirán, una vez a la semana en catorce ocasiones. En ellas se entrena habilidades relacionadas con la práctica de crianza, entre las que podemos destacar estrategias de disciplina no coercitivas, implicación parental positiva, supervisión, resolución de problemas, negociación, estimulación positiva. Además se abordan temas de interés para las madres separadas, tales como control de emociones negativas y manejo del conflicto interpersonal. Los autores concluyen que el programa resulta efectivo, al haberse constatado que las madres en las que se ha aplicado mejoran las estrategias de disciplina coercitivas, incrementan las prácticas de crianza positivas, no detectándose a corto plazo resultados positivos en la adaptación de los hijos. No obstante, los autores se muestran optimistas y consideran que una práctica de crianza adecuada, a lo largo del tiempo incidirá positivamente en los menores.

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2. Programas de intervención con hijos

Como ya se ha señalado, el divorcio de los padres afecta negativamente en los hijos, asociándose al riesgo de padecer problemas psicopatológicos. Así, Zill (1978) señala que en torno al 13% de niños provenientes de familias rotas frente a un 6% de familias intactas han solicitado ayuda psicológica; en esta misma línea, Hetherington y cois. (1992) concluyen que aproximadamente el doble de niños provenientes de familias rotas precisan apoyo terapéutico.

Ante esta realidad surgen múltiples aportaciones orientadas a la intervención con niños procedentes de familias divorciadas. Algunas se basan en la aplicación de la clásica terapia de familia (Hodges, 1991; Gardner, 1991), mientras que otras consisten en programas específicamente diseñados para ayudar a los niños a superar estos cambios y dificultades de la manera más favorable, evitando desajustes emocionales y conductuales que pudieran repercutir a lo largo de toda su vida.

Dentro de los programas de intervención podemos destacar aquellos diseñados para los centros escolares, los cuales presentan ciertas ventajas sobre la terapia individual. De hecho, una intervención puede ayudar a varios niños, con el consiguiente ahorro (Kalter y Schreier, 1993). Considerando el creciente número de menores que experimentan la separación de sus padres, el trabajar en grupo es especialmente importante, ya que se asiste a niños que de otra forma no recibirían apoyo, bien por razones económicas o porque los problemas no se tornan "todavía muy severos", para éstos últimos la intervención tiene una función preventiva. A este respecto, Kalter y Schreier (1993) señalan que la prevención ha demostrado ser más eficaz. Además la escuela, proporciona un apoyo natural, al ser los restantes miembros del grupo compañeros de clase. Por otra parte, permite entrenar al personal del centro escolar para que administre y conduzca el programa, aumentando la posibilidad de auto-perpetuarse. El desarrollo de estos programas se realiza con grupos pequeños, entre 4 y 10 niños, y pueden precisar entre seis y dieciséis sesiones. Los de corta duración suelen ser menos eficaces, así la propuesta de Bornstein, Borns-tein y Walter (1985) y Durkin y Mesie (1994), de seis sesiones cada uno, no consiguieron resultados tan positivos como los de mayor extensión, como pueden ser los diseñados por Pedro-Carroll y Cowen (1985) o el de Stolberg y Garrison (1985). En la intervención se pretende ayudar a los niños a entender las concepciones erróneas que poseen acerca del divorcio, a comprender y disminuir los sentimientos problemáticos, a crear destrezas y habilidades, a aumentar la Page 281 estima hacia sus familias y la suya propia, así como a mejorar la...

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