Los primeros legisladores y los primeros procesos regulares. Desarrollo y decadencia de la justicia señorial

AutorJuan Palao Herrero
Páginas46-76
1. Los legisladores presolónicos

Se considera a Zaleuco de Locri, en la Magna Grecia, el primer legislador griego55. Sabemos de él que, antes del año 650 a.C., estableció leyes antisuntuarias, limitando el ornato de los vestidos, el número de sirvientes con los que las mujeres podían aparecer en público y prohibiendo que éstas salieran de la ciudad después del anochecer56. Autorizaba la defensa violenta de la propiedad y, en particular, en el caso del robo de un esclavo57. Ordenaba que la adúltera fuera cegada58.

Según nos dice Eforo59, intento fijar las penas, para que con las mismas penas se castigaran los mismos delitos, lo que no ocurría entonces.

Su discípulo, Carondas de Catania, escogió lo mejor del derecho comparado, para incorporarlo a su legislación. Estableció los tribu-Page 47nales populares y los procesos por falso testimonio en esa colonia jonia de la Magna Grecia, y en las demás ciudades calcídicas de Italia y Sicilia60.

Diversas fuentes nos señalan el contenido de las leyes del legislador catanio.

En materia de sucesiones, es conocida la que ordenaba que las propiedades de los huérfanos fueran administradas por los parientes del padre, y el huérfano cuidado por los parientes de la madre. Concedía a la heredera el derecho de tomar, como marido, a su pariente más próximo que, en caso de que se negara a contraer matrimonio, debía dotarla con quinientas dracmas61. El costo de la educación de los hijos de todos los ciudadanos era soportado por el Estado, e impedía participar en los órganos representativos de la comunidad al viudo que daba a sus hijos una madrastra62. Ordenaba que los comerciantes no vendieran sus mercancías fuera del mercado, y que todas las operaciones que realizaran fueran al contado63, obligación que, también, recoge Platón en Las Leyes, más de doscientos años después, revelando, así, una línea de derecho griego perdurable.

Sus sanciones de derecho penal eran gravísimas: la entrada en la Asamblea, armado, era castigada con la muerte. Diodoro nos relata que el propio legislador infringió sus leyes, y se suicidó64. Se le atribuye la imposición de multas por diversos delitos, y, entre ellos, por la resistencia a actuar como jurado65, por la violación de una esclava por un hombre libre, por el robo con fractura, el incendio y los estragos. Ordenaba que el desertor fuera exhibido tres días en el Agora con ropas femeninas66.

Para Aristóteles, las leyes de Carondas eran de precisión superior a las de los legisladores contemporáneos67, aunque sólo tenían de particular la instauración del proceso por falso testimonio.

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Otro de los más antiguos legisladores griegos fue Fedón de Corinto, según Aristóteles [vea cita en pdf adjunto]68. Ordenó la igualdad de las propiedades, como muchos otros legisladores griegos y, entre ellos, Falces de Calcedonia y los legisladores locrios.

Aristóteles cita a algunos legisladores más, como Filolao de Corinto que estableció leyes sobre las sucesiones y la adopción, o Pitaco de Mitilene, que consideraba a la embriaguez como agravante, ya que, son más los que cometen actos de violencia embriagados que sobrios, con lo que -dice el filósofo- no tuvo en cuenta la mayor indulgencia que se debe tener con los embriagados, sino la conveniencia de refrenar un mal tan extendido. Androdamas de Regio dio leyes a los calcidios de Tracia, que comprendían, entre otras cuestiones, las relativas al homicidio y las herencias, pero no se puede mencionar nada particular de él69.

La redacción de todo un conjunto legislativo nuevo, por una sola persona, es un hecho relativamente frecuente en la historia de la legislación griega que vamos a estudiar. Aunque Bonner y Smith, así como Gagarin, lo han relacionado, sagazmente, con un sólo factor, se puede, sin dar prueba de originalidad, atribuirlo a varios:

  1. - Es evidente la aparición de legisladores -en funciones de árbitro- para resolver las enconadas luchas entre partidos y facciones, como ha señalado Gagarin70, que, a tal efecto, invoca a Aristóteles, cuando nos narra el nombramiento de Zaleuco, en medio de una discordia civil; "una vez que propuso a los ciudadanos muchas excelentes leyes". Así como el caso, evidente, de Solón.

    Por otro lado, la ley se consideraba -como sabemos lo era en el siglo V a.C- una garantía contra los poderes despóticos. Por ello, Eurípides, en Las Suplicantes, señala que, cuando las leyes se escriben, el pobre y el poderoso son diferentes, pero gozan de iguales derechos71. La ley, por sí misma, tiene un efecto sanatorio de las contiendas civiles, delimitando los derechos y deberes de unos y otros.

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    Por último, Gagarin muestra cómo muchos de estos legisladores eran forasteros en la ciudad a la que dieron sus leyes -lo cual sugiere que, de esa forma, se buscó su imparcialidad- por lo que resulta evidente que, en muchos casos, el nombramiento del legislador equivalía al de un árbitro.

  2. - También es evidente -como señalan Bonner y Smith72- que la promulgación de sistemas legislativos, más o menos completos, era necesario en algunas colonias griegas de Italia, en las que se integraban colonos procedentes de varias ciudades, con diferentes derechos tradicionales; y, aunque se diera el caso -mucho más frecuente- de que la colonia hubiera sido fundada por los habitantes de una sola ciudad, precisaba de derecho nuevo que, teniendo en cuenta el dinamismo colonial, respondía a necesidades y conflictos propios.

    Por tal razón, las ciudades que recurrieron a los legisladores -Locri, Catania, Crotona, Turios- eran, frecuentemente, colonias de la Magna Grecia.

  3. - El derecho nuevo -por mayor razón, cuando se trata de ordenamientos sencillos- precisa casi siempre del impulso personal. La inercia de vivir según las antiguas leyes es enorme. El criterio de justificar los actos, porque "siempre se hizo así" es aplastante; y ha de ser una persona excepcional la que venza la enemistad de los adversarios y la pasividad de los partidarios. Desde Zaleuco a Napoleón, siempre ha sido así. En contrapartida, desde entonces, la historia asocia las leyes a los nombres de quienes supieron alumbrarlas.

    Junto al derecho nuevo, de los legisladores, aparecen las normas de origen tradicional, y entre ellas, las mejor conservadas son las esculpidas en doce columnas de piedra, aparecidas en los restos arqueológicos de lo que se supone fue un templo dedicado a Apolo, o un dicasterio, en la ciudad de Gortina -que Homero llama "la amurallada Gortina" (Iliada, II, 646)- en el centro de Creta73, donde, según la leyenda, Zeus violó a Europa.

    Resulta evidente el arcaísmo del texto que allí se esculpió en el siglo V a.C. Lingüísticamente, lo revela el alfabeto epicórico em-Page 50pleado, de sólo dieciocho letras y formas gráficas próximas al original alfabeto greco-fenicio.

    Jurídicamente, revela la antigüedad del ordenamiento el uso de cojuradores, de testigos instrumentales y de la prueba tasada de testigos, que Aristóteles designa como rasgo característico de los sistemas jurídicos griegos primitivos74.

    Hasta Dracón, el sistema de publicación de las leyes áticas debía ser meramente oral, un sistema muy parecido al canto de las leyes de Carondas que sabemos se practicaba en la isla de Cos y, por tanto, parece probable que fueran musicadas y enseñadas en las escuelas.

    En el año 621 a.C. -según, tradicionalmente, se viene admitiendo- Dracón ("La Serpiente") promulgó un conjunto legislativo, del que Aristóteles diría que nada tenía de particular, salvo su dureza por la magnitud del castigo75, y que fue el primero que se plasmó en un texto escrito76. Dracón, también, estableció el proceso para castigar el homicidio y dictó leyes sancionando ese delito que, grabadas en piedra en el Pórtico de los Reyes, sobrevivieron las reformas de Solón. Distinguía -según se cree, por primera vez- entre el homicidio voluntario y por imprudencia, y dedicaba gran parte de sus disposiciones al derecho procesal.

    Aunque, por una inscripción bastante posterior a su promulgación77, hemos llegado a tener noticia directa de alguna de las leyes de Dracón, es prácticamente desconocido el resto de esta obra legislativa que Garofalo y Glotz atribuyen a los tesmotetas78, considerando a Dracón un personaje legendario. Fuks, por su parte, mantiene que esas leyes son una invención de los políticos conservadores del siglo IV a.C. que deseaban contar con respetables antecedentes históricos, más antiguos y rigurosos que la legislación de Solón. Aunque muchas leyes atribuidas a Dracón parecen improbables, pues se enfren-Page 51tan a líneas legislativas continuas que anteceden y suceden a la época en que pudieron promulgarse -el castigo del adulterio es un caso evidente- no tendremos en cuenta las hipótesis que rechazan la existencia de Dracón, ciñéndonos a las fuentes citadas.

    Su reputación de dureza provenía de que, al parecer, imponía la muerte para casi todas las conductas antijurídicas; según Plutarco, tanto al que robaba frutos como al que asesinaba a un hombre se le condenaba a muerte. Cuando se le reprochaba tal falta de graduación del castigo, replicaba que las faltas menores lo merecían y, para las mayores, no había podido encontrar otra pena más severa.

    Con todo, de lo expuesto por Aristóteles, en el sentido de que las leyes de Dracón, tampoco tienen nada de particular, podría pensarse que el legislador se limitó a poner por escrito parte del derecho tradicional de Atenas; ello entra en conflicto con las evidentes novedades legislativas que se le atribuyen. Entre las que se cuentan la represión de la ociosidad y la vagancia (argia), todavía en vigor en el siglo IV a.C., que, según algunos autores, eran castigadas con la muerte79 y según otros, con la privación de derechos civiles (atimia). También, se le atribuyen leyes sobre la educación de la juventud, los cultos religiosos y la norma de que, en los litigios, los jueces debían escuchar a...

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