Posiciones doctrinales

AutorJuan José Duart Albiol
Cargo del AutorDoctor en Derecho. Abogado
Páginas36-42

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González-Cuéllar serrano define las intervenciones corporales dentro del proceso penal como «las medidas de investigación que se realizan sobre el cuerpo de las personas, sin necesidad de obtener su

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consentimiento, y por medio de la coacción directa si es preciso, con el fin de descubrir circunstancias fácticas que sean de interés para el proceso, en relación con las condiciones o el estado físico o psíquico del sujeto, o con el fin de encontrar objetos escondidos en él»15.

La laxitud de la citada definición da cabida a un amplio elenco de medidas, desde las más nimias a las más graves16, que se restringe exigiendo como requisitos ineludibles para su admisibilidad que no revistan peligro para la salud y que sean practicadas por un médico, de acuerdo con la «lex artis». A pesar de ello, sigue siendo un concepto amplio e inaceptable en lo que respecta a la admisión de coacción física17.

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En cambio, GÓMEZ AMIGO considera como uno de los méritos de dicha definición, además de explicitar la exigencia de que las intervenciones corporales no pueden suponer un riesgo para la salud del sujeto pasivo de las mismas, el señalar que pueden realizarse sin necesidad de que concurra su consentimiento, así como su posible utilización para estudiar el estado psíquico de una persona a fin de determinar su grado de responsabilidad respecto de los hechos que se le imputan. Elementos que incluye en su definición de las medidas de intervención corporal como «diligencias sumariales de investigación y de obtención y aseguramiento de las fuentes de prueba (prueba preconstituida), que recaen o se practican sobre la materialidad física de la persona a los efectos de comprobar la existencia del hecho punible y la participación en el mismo del imputado y su grado de responsabilidad, restringiendo o limitando sus derechos fundamentales (integridad física o intimidad corporal, con carácter general); que pueden practicarse sin necesidad de que concurra el consentimiento del imputado; y que deberán decretarse en el curso de un proceso pendiente.»18

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Díaz Cabiale, por su parte, defiende una concepción más restringida. De entrada no comparte íntegramente la definición de González-Cuéllar serrano, pues, entiende que también hay intervención corporal cuando existe consentimiento del sujeto pasivo y no considera necesaria en todo caso la presencia de un médico19. Solo considera como intervenciones corporales aquellas que mantengan la tensión entre la búsqueda de la verdad y los derechos fundamentales de la persona20. De este modo, excluye las actuaciones tendentes a delimitar la salud física o psíquica de una persona por no estar orientadas a la búsqueda del cuerpo del delito21; las intervenciones realizadas en terceros; las intervenciones corporales a efectos de control; las actuaciones realizadas sobre el cuerpo de una persona que no constituyan un acto de investigación (suministro forzoso de alimentos, transfusiones de sangre...); las actuaciones sobre el imputado relacionadas con su derecho a no declarar, a no confesarse culpable (las llamadas técnicas psicométricas) y, en fin, las intervenciones corporales más nimias (obtención de huellas dactilares, la toma de la voz, muestras de la escritura...)22.

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En esta línea, etxeberria GURIDI afirma que las intervenciones corporales han de estar orientadas a la constatación de hechos y circunstancias relevantes para el proceso y para la investigación de la verdad23. De este modo, concibe las intervenciones corporales como actos o diligencias de investigación y excluye todas aquellas medidas que obedezcan a una finalidad distinta del esclarecimiento de los hechos. Así, su concepción es aún más restrictiva, pues excluye «todas aquellas medidas que no responden a la finalidad de investigación del delito o que presentan una naturaleza radicalmente distinta a las diligencias de intervención corporal (los cacheos en sentido estricto o superficiales o de seguridad, las ruedas de reconocimiento, la toma de huellas dactilares o de fotografías, etc.)». Por el contrario...

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