El partenariado entre ONGD como instrumento de cooperación descentralizada: aprendizajes de la experiencia belga

AutorOlivier Bribosia - Joaquín Tasso
CargoIngeniero Civil-Arquitecto. Consultor y Director de Proyectos de Transtec desde 1988 - Lic. Ciencias Políticas, DEA en Estudios Políticos y Administrativos Europeos, MSc Foreign Service. Consultor y Director de Proyectos de Transtec desde 1998.
Páginas39-54
1. Introducción

El presente artículo se deriva directamente del Informe Final de un vasto proceso de evaluación llevado a cabo, a solicitud de la Cooperación belga1, por un consorcio de dos empresas consultoras especializadas en este tipo de Page 40 estudios2, entre junio de 1998 y abril de 1999. Dicho proceso consistía en evaluar los partenariados establecidos entre las ONGD belgas y sus respectivos socios locales en numerosos países en vías de desarrollo, y cofinanciados por el Estado belga. La evaluación, sin embargo, no se refería tanto a los proyectos ejecutados, como a los partenariados propiamente dichos, es decir, a los modelos de relación establecidos entre ambos socios.

Bien es verdad que tales relaciones se refieren, al menos parcialmente, a la realización de proyectos, aunque se extienden mucho más allá, tanto por la diversidad de las temáticas de partenariado como por la evolución de las relaciones entre dos o más socios durante largos periodos de tiempo, que en algunos casos llegan a los 15 e incluso 20 años.

La evaluación movilizó a varias decenas de consultores belgas y nacionales en más de una veintena de países de África, América Latina y Asia. Al término del proceso, la Cooperación belga organizó un seminario donde, con la participación de todas las partes implicadas, se analizaron los principales temas abordados, lo cual permitió afinar las conclusiones y recomendaciones más importantes. Acto seguido, el Informe Final de la evaluación fue ampliamente difundido entre las ONGD belgas y sus socios locales, quienes han continuado el proceso. Así, sus agrupaciones francófona y de habla neerlandesa respectivas, organizaron a su vez, unas semanas más tarde, su propio seminario conjunto acerca del mismo tema, sobre el que giran sus relaciones de cooperación.

El artículo refleja, lógicamente, tanto el punto de vista de sus autores como el de los consultores que participaron en el proceso de evaluación, pero no representa necesariamente la opinión de la Cooperación belga ni de las ONGD belgas o locales involucradas.

Dado que muchas ONGD españolas también están acostumbradas a trabajar con organizaciones locales en el marco de proyectos de cooperación cofinanciados por las administraciones públicas españolas o comunitarias, confiamos en que el presente artículo resultará de su interés. Salvando las lógicas distancias, tanto por la distinta naturaleza e historia de las ONGD belgas y españolas, como por las características específicas de los instrumentos de cooperación descentralizada en cada país, quizá alguna de las Page 41 conclusiones y recomendaciones recogidas en este artículo puedan ser también de aplicación en el caso español.

2. El concepto de partenariado

Lanzada a iniciativa del Secretario de Estado de la Cooperación para el Desarrollo en 1988, la evaluación implicó a 84 ONGD belgas cofinanciadas por la AGCD para llevar a cabo programas consistentes en acciones de “financiación de un Socio Local” y/o de “envío de personas”. Se evaluaron, de este modo, 93 relaciones de este tipo entre una ONGD belga y un socio local, seleccionadas por la AGCD. Sin embargo, esta institución no disponía de un marco conceptual definido para la evaluación de dichos partenariados. Los únicos criterios en los que la AGCD insistía eran los de “desarrollo de la autonomía e independencia del Socio Local”, así como del “grado de implicación de éste y de los beneficiarios externos directos”. Consecuentemente, en cada etapa, los consultores tuvieron que reelaborar sus propios criterios de evaluación con arreglo a las conclusiones de las etapas anteriores, intentando mantener, en la medida de lo posible, un enfoque globalmente homogéneo y coherente.

La noción de partenariado es una noción central, especialmente a raíz de la reciente reforma de las normas de la AGCD relativas a la cofinanciación de proyectos de ONGD (Real Decreto de 18 de julio de 1997 y Decreto Ministerial de 11 de septiembre de 1997). Sin embargo, dicha noción de partenariado sólo es objeto de una mera referencia (“la organización o institución con la que la ONGD coopera en el país socio” —Capítulo I, artículo 6 del Real Decreto) sin ninguna forma de desarrollo ni criterio de intervención o apreciación alguno. En cualquier caso, la existencia de un Socio Local y de una relación de partenariado condiciona, formal y legalmente, la admisibilidad de las solicitudes de cofinanciación de proyectos.

Por su parte, el Consejo de Cooperación belga (CAONG) identifica tres criterios importantes en la evaluación de un partenariado:

(a) La existencia de una estrategia de la ONGD en cuanto a la selección de los socios locales.

(b) La participación activa de éstos dentro de una relación ONGD-Socio Local equilibrada.

(c) La naturaleza e importancia del aporte, aunque no sea financiero, de la ONGD belga al partenariado.

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La literatura exterior destaca que el partenariado es un proceso evolutivo dentro de las estrategias de cooperación para el desarrollo, incluso y sobre todo en el mundo de las ONGD. El partenariado es la herramienta principal para reorientar la “ayuda al desarrollo” de modo que permita a los actores locales dirigir sus proyectos y decidir así sobre su futuro, en oposición a prácticas antiguas —a menudo en vigor todavía— de la relación asistencial “donante-beneficiario”. Piedra angular de un anclaje legítimo y dinámico de la ONGD belga en el país del Socio Local, el partenariado exige la toma de responsabilidades comunes y la expresión de un acuerdo explícito entre ambos socios.

3. Enfoque metodológico

La metodología utilizada ha privilegiado un enfoque pragmático, proponiendo dos ejes de acción prioritarios: (a) llevar a cabo la evaluación de manera constructiva y positiva con el fin de contribuir a mejorar la comprensión mutua de las ONGD y de la AGCD, y (b) instalar un sistema preciso de coordinación y supervisión de todo el proceso de la evaluación de forma que garantice la coherencia y homogeneidad de todas las misiones realizadas, así como la coherencia del enfoque a lo largo de las tres fases sucesivas de trabajo. Por supuesto, la evaluación no substituye de ninguna manera las responsabilidades propias de la AGCD de tomar las decisiones eventuales que estime pertinentes como resultado de la evaluación.

Conforme a las recomendaciones de la segunda fase, la AGCD organizó, el 24 de febrero de 1999, bajo la forma de un seminario en Bruselas, un gran debate sobre las conclusiones y recomendaciones de las dos primeras fases de la evaluación. En este seminario, participaron representantes de las ONGD belgas de las dos federaciones (francófona y de habla neerlandesa) y de los socios locales, así como de la AGCD, el Gabinete del Secretario de Estado y expertos belgas y locales de las empresas consultoras responsables de la evaluación.

En el Informe de tercera fase (final) se integraron las reacciones de las ONGD, recopiladas a lo largo de las diferentes fases y que trataban de la evaluación en general (no aquellas que trataban de las evaluaciones individuales), así como las opiniones expresadas durante el seminario.

El breve plazo de tiempo de que se dispuso para realizar la evaluación disminuyó, en cierta medida, la cantidad de información recopilada, aunque no perjudicó ni la metodología utilizada ni los resultados logrados, ya que estos Page 43 fueron enunciados con precaución e incluso con límites explícitos cuando fue necesario.

Dado el gran número de partenariados evaluados (93 de un total de alrededor de 1300), la representatividad del estudio es excelente para la comprensión global de las estrategias y mecanismos de este instrumento de cooperación descentralizada. Esta representatividad fue también confirmada por el análisis cuantitativo, el cual corroboró que la muestra de la evaluación era globalmente muy significativa del conjunto de los partenariados de las ONGD belgas. La representatividad del partenariado elegido para la evaluación, en comparación con el conjunto de partenariados de cada ONGD es considerada globalmente (y por lo tanto subjetivamente) buena por dos terceras partes de las ONGD evaluadas, e insuficiente por una tercera parte de ellas, reserva que deberá ser tomada en consideración en el seguimiento individualizado que se le dará a la evaluación de cada partenariado.

4. Desarrollo de la evaluación

El proceso...

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