Oportunidades de inversión en la recta final del año 2011

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9.1. Introducción

En el entorno actual, caracterizado por la persistencia de una crisis económica que se inició en Estados Unidos en el año 2007 tras el estallido de la burbuja en el mercado de las hipotecas "subprime", asistimos a un escenario de alta volatilidad y valoraciones acumuladas negativas en la mayoría de los activos financieros. Ello provoca una incertidumbre en el ánimo de los inversores respecto de sus decisiones de inversión que probablemente se mantendrá hasta que se despeje la actual situación económica y aparezcan elementos que vislumbren la resolución de la pertinaz crisis económica en la que nos hallamos y que mantiene a los mercados de valores en una espiral bajista.

Adicionalmente, en Europa estamos asistiendo a una crisis de naturaleza fiscal en la que diversos países han acumulado altos niveles de endeudamiento y ello provoca una seria desconfianza de los inversores en seguir financiando los déficits fiscales, así como las renovaciones de las emisiones que vencen. Ello ha provocado el rescate por el momento de 3 países: Grecia, Irlanda y Portugal y amenazas en otros países básicamente del sur de Europa entre los que se encuentra España que, pese a poseer un porcentaje de endeudamiento más reducido que otros países, ofrece una perspectiva de escaso crecimiento que provoca dudas respecto de su capacidad de seguir captando financiación.

Las dudas enunciadas han tenido un impacto negativo en la evolución de los mercados (en particular de la renta variable) originando un desplazamiento a activos de mayor solidez y menor riesgo. Este proceso está alcanzado dimensiones no vistas hasta la fecha, hasta el extremo que los inversores particulares están empezando a desconfiar de los activos que potencialmente ofrecerían mayor seguridad (deuda pública del país del inversor), surgiendo determinados activos como valor refugio: oro, deuda pública de países del centro de Europa (Alemania, Suiza) o activos denominados en divisas fuertes (franco suizo).

Por tanto, nos encontramos ante un entorno muy difícil, ya que al inversor le asaltan las dudas sobre las modalidades de inversión a las que puede dirigir su ahorro. De tal modo ha crecido la incertidumbre, que estamos próximos a los niveles existentes en septiembre de 2008 con la crisis provocada por la caída del banco de inversión Lehman Brothers. Como se recordará en aquel momento, los estados y los bancos centrales tuvieron que recurrir a medidas extremas al objeto de paliar el pánico desatado y salvar al sector financiero ante las dudas que surgieron entre los particulares respecto de la seguridad de los propios depósitos bancarios. Estamos pues en un periodo de amplia desconfianza que provoca mucha incertidumbre entre los propios inversores respecto de sus decisiones de colocación de sus excedentes financieros.

Por ello, en estos momentos más que nunca, resulta preciso que el inversor planifique sus decisiones de inversión a medio y largo plazo, acometiendo sus decisiones de inversión considerando dicho horizonte temporal. En la actual coyuntura, efectuar inversiones en los mercados de valores a corto plazo puede suponer un alto riesgo, dada la ausencia de perspectivas claras de que la actual situación de

incertidumbre se resuelva en un corto espacio de tiempo, mientras no se atisben soluciones en relación con los retos económicos que persisten (crisis fiscal, rescates de países europeos, vuelta a la senda de crecimiento sostenido, etc.).

Ante la llegada del último trimestre del año 2011, resulta preciso abordar una serie de cuestiones de índole práctica para que el inversor medio cuente con apoyo y herramientas para acometer sus decisiones de inversión pensando en un horizonte a medio y largo plazo y pensando que la actual coyuntura económica será superada finalmente.

9.2. Consejos para invertir a medio y largo plazo

Cualquier inversor que desee invertir en un horizonte superior al corto plazo, deber conocer los diferentes tipos de riesgo a los que deber hacer frente, ya que en ocasiones los inversores invierten en activos en los que no conocen los riesgos inherentes a dicha inversión. En buena medida, en muchas ocasiones las pérdidas asumidas por el pequeño inversor es fruto del desconocimiento de los riesgos asociados al tipo específico de inversión que ha efectuado.

La reciente crisis económica y financiera, aún inacabada, permite extraer una serie de lecciones y enseñanzas que pueden servir de forma muy significativa para estructurar adecuadamente la cartera de inversión de un ahorrador medio.

Por ello, con carácter previo a ofrecer consejos para acometer el proceso de invertir a medio y largo plazo, resulta preciso entender el concepto de riesgo

9.2.1. Riesgos iancieros

Se puede definir el riesgo como la posibilidad de que la inversión efectuada no genere los resultados esperados en el momento de materializar dicha inversión, pudiendo incluso llegar a generar pérdidas en parte o todo el capital invertido.

Una regla esencial que debe considerar todo inversor es la relativa al binomio rentabilidad versus riesgo. Son dos conceptos que van íntimamente unidos y tienen en principio una correlación directa; es decir, a mayor rentabilidad esperada, deberá asumirse un mayor riesgo en la inversión. Por tanto, debe desconfiarse a priori de cualquier producto de inversión que ofrezca una pretendida rentabilidad elevada y sin asumir asimismo un mayor riesgo. Cabe decir, que si se ofrece dicha oportunidad, habrá algún elemento oculto, sobre todo en la determinación del riesgo asociado a la inversión.

La forma más usual de medir el riesgo es a través del concepto de volatilidad. Dicho concepto mide la variación del precio del activo durante un determinado periodo de tiempo respecto de su valor medio. Cuanto mayor sea dicha variación, mayor volatilidad tendrá el activo y, en consecuencia, mayor será el riesgo de dicha inversión.

Por otra parte, la valoración y asunción del riesgo es diferente para cada inversor, ya que para una persona determinadas inversiones le resultarán vedadas por su percepción de riesgo, al no estar dispuestos a asumir pérdida alguna, mientras que para otras, dicha inversión puede resultar perfectamente factible. En este sentido, existe un aforismo corriente que señala que no debemos invertir en activos que nos hagan perder el sueño.

Adicionalmente, es preciso señalar que el importe de la inversión a efectuar no debemos necesitarlo durante el periodo de inversión previsto (incluso más allá, puesto que pueden existir inversiones con un plazo de recuperación que se prolongue más de lo previsto). Ello es consecuencia de la regla que señala que "los fondos a invertir no deben ser necesarios durante el tiempo de la inversión y algo más allá de tiempo". Por tanto, debemos planificar adecuadamente el horizonte de la inversión atendiendo a la duración de la inversión en función de nuestras necesidades y disponibilidad de la inversión.

9.2.2. Tipología de los riesgos financieros

La totalidad de los activos financieros tienen un determinado nivel de riesgo y resulta fundamental que el inversor medio conozca el nivel de riesgo asociado a cada perfil de producto de inversión. De forma sumaria, se exponen a continuación los principales tipos de riesgos que pueden existir

Riesgo de precio

Se trata de la posibilidad que varíe el precio de un activo o producto financiero. Dicha variación puede derivarse por factores genéricos o de mercado (por ejemplo, evolución de la actividad económica general, cuestiones de índole política o situación de los mercados de valores), o bien por cuestiones derivadas de la propia inversión o del emisor del activo, cuya evolución pueda afectar al valor del activo financiero emitido.

Riesgo de tipo de interés

Dicho riesgo afecta fundamentalmente, pero no de forma exclusiva a los valores denominados de renta fija. Es conocida la correlación inversa entre la evolución de los tipos de interés y la valoración de los activos de renta fija. Así, si los tipos de interés suben, disminuye el precio de los activos de renta fija y viceversa, si los tipos de interés descienden, asciende el precio de dicha cartera.

Pero también un movimiento en los tipos de interés afecta a otros activos. En particular, la renta variable es asimismo sensible a la evolución de los tipos de interés, puesto que afecta a las perspectivas de evolución de los beneficios de las empresas, factor muy relevante en la valoración de los activos de renta variable y cuya cotización anticipa los efectos que puedan producirse en las magnitudes económicas y su evolución.

Riesgo de liquidez

Este parámetro debe ser considerado asimismo con atención, ya que mide la posibilidad de hacer líquida la inversión efectuada. Cada modalidad de inversión tiene una situación de liquidez asociada y debe ser conocida por el inversor con carácter previo a su contratación. En numerosas ocasiones, una deficiente valoración de las condiciones de liquidez de la inversión provoca que el inversor deba asumir cuantiosas pérdidas en escenarios de venta de los activos financieros como consecuencia de la falta de liquidez. Por tanto, los activos menos líquidos deben ofrecer un plus de rentabilidad esperada que compense dicha falta o minoración de liquidez.

Riesgo de divisa

Con la entrada en vigor del euro, este...

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