El G5, una nueva generación de mujeres cooperantes

AutorLaura Cárdenas
CargoEx-alumna del Magíster en Cooperación Internacional. Actualmente trabaja en la Oficina de Desarrollo Humano del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo en República Dominicana.
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El G5 no es sólo el nombre de las llamadas potencias emergentes, aunque también podríamos habernos denominado "las emergentes", una nueva gene-ración de mujeres cooperantes. Inspiradas por el debate de alguna de las clases, Fran, Khadija, Virginia, Laura y yo decimos autodenominarnos el G5.

No tenemos nada que ver las unas con las otras pero nuestras inquietudes, como profesionales y mujeres, nos unieron en el Máster de cooperación inter-nacional del Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación de la Universidad Complutense de Madrid.

La institucionalización del G5 era una prioridad. Las cumbres del G5 se convocaban cada semana y no precisamente en el hotel Ritz sino en los apartamentos compartidos de cada una de nosotras. Las clases provocaban en nosotras zarandeos emocionales e intelectuales que hacían de estas reuniones una necesidad básica fundamental para poder sobrellevar el complicado camino hacia nuestro propio desarrollo.

Todas elegimos hacer el máster por razones muy diferentes, pero todas encontramos respuestas y salida a muchas de nuestras aspiraciones. Ésta es nuestra historia y las de nuestros compañeros de la XXI edición del máster (2006/ 2007), "un grupo muy majo", como decía Salomé, y sobre todo muy unido, que hoy es mucho más que un grupo de hostales alrededor del mundo.

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El máster de cooperación tiene algo muy especial, y es que no es sólo un máster para la profesionalización del sector. Es un espacio donde un grupo de personas durante un año debaten, dialogan y reflexionan sobre cómo el mundo pudiera ser diferente. Porque la cooperación, a mi entender, no es sólo una profesión. Es una forma de ver el mundo. Por eso cada tarde de clase era también una sesión de terapia. Compartimos nuestros sueños, vivencias, contradicciones, "nuestra rareza colectiva... en definitiva, vivir y compartir", como bien decía una compañera.

Recuerdo perfectamente el día de inauguración del curso. Llegué directamente con maleta y todo del aeropuerto a la Facultad de Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, un lugar cargado de energías muy especiales. Dicen que en los años setenta fueron instaladas allí todas las facultades de Ciencias Sociales para distanciar a los futuros políticos y economistas de las reacciones contra el régimen franquista que se producían en el campus principal de Ciudad Universitaria. Entré en la sala y miré alrededor. Me preguntaba, ¿qué tipo de personas pueden andar buscando lo mismo que yo, que tampoco sé muy bien lo que busco?

En un lado de la sala el equipo del IUDC: José Ángel, Salomé, Enara, Silvia, Juncal, José Luis, Rhina, Juanma... y nuestro querido Luismi, Luis Miguel Puerto Sanz, al que tuvimos el privilegio de conocer y disfrutar como profesor, y sobre todo como excepcional persona. Luismi fue el duende que nos metió la magia como grupo. Y mucho más, nos doy una lección de cómo vivir y morir transmitiendo hasta el último...

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