La diferenciación social de un sistema de imputación jurídico-penal

AutorJuan Ignacio Piña Rochefort
Cargo del AutorProfesor de Derecho Penal. Universidad de los Andes, Chile

Al menos el gran sector del sistema jurídico en el que los individuos actúan como portadores de posiciones en algún sentido, puede entenderse como un agregado de sanciones con suya ayuda garantiza la sociedad la observancia de las expectativas sociales del rol

DAHRENDORF

Allí donde hay comunicación entre individuos, y surgen las relaciones humanas, el hombre no puede menos que presentarse como persona

D’ORS

I. CONSIDERACIONES PREVIAS

1. Diferenciación de sistemas y clausura operativa

a) El Derecho como entramado de operaciones fácticas

§101. La formulación de una teoría sistémico-social basada en la diferenciación de roles como unidad mínima de los sistemas sociales no implica, como ya hemos visto, ninguna renuncia a la relevancia social de la comunicación. El problema que es imposible desatender es que la propia expresión «rol» está extremadamente vinculada a la idea de la representación de un «papel» por «alguien». Sin embargo, ya hemos dado pistas acerca del grado de abstracción con el que se debe manejar el concepto. Hemos definido el rol como un constructo que acopla la función al elemento llamado a desempeñarla. Esto, a la luz de una teoría general de sistemas, es aplicable a cualquier tipo de sistema, pues en todo sistema jamás se lidia con «partes» sino con una realidad diferente, eminentemente propia: un determinado segmento del elemento que es el llamado a desempeñar la función594.

Desde esta perspectiva no se niega la existencia de sistemas sociales integrados exclusivamente por comunicaciones sociales, pero es preciso dejar en claro que dichas comunicaciones no integran el sistema por el hecho de serlo, sino por el hecho de que a ellas se asigna una función dentro del sistema. Con este acoplamiento entre una determinada comunicación y una función se conforma un rol, unidad analítico-mínima del sistema que la incorpora. En términos simples, si habíamos formulado el rol en términos de en S: [X,Y] en un determinado sistema (S) el elemento (X) debe realizar una función (Y), nada impide que el casillero (X) se vea satisfecho por una «comunicación». De hecho, el propio concepto de comunicación tomado de LUHMANN, que describe la comunicación como un proceso improbable de tres selecciones (información, notificación y acto de entender), ya incorpora en el último elemento una función. La comunicación sólo forma parte de un sistema en cuanto, recibida por el destinatario, sea puesta como base para el enlace de posteriores comunicaciones595. Esta formulación es perfectamente coincidente con la idea del rol. Sólo se incorpora una comunicación al sistema una vez que a dicha comunicación se le puede asignar una función, en su caso, el enlace de posteriores comunicaciones.

§102. Esto implica que la aplicación de la teoría de los sistemas autopoiéticos efectivamente proporciona altos rendimientos explicativos en el plano de los sistemas sociales (si bien es necesario acotar el alcance de la expresión autopoiesis596). El paradigma autopoiético es —en este sentido— perfectamente aplicable a una teoría de los sistemas sociales basada en los roles, toda vez que la diferenciación de ellos (la producción de los elementos mínimos del sistema), es una prerrogativa exclusiva del sistema al que se incorporan. En esta línea —y en lo que aquí interesa—, el paradigma de los sistemas autopoiéticos permite alcanzar altos niveles de coherencia en la descripción del sistema social del derecho y, dentro de él, del (sub)sistema penal.

Para ello, en cualquier caso, es necesario partir de algunas premisas básicas. Desde las perspectivas esbozadas, el derecho es un (sub) sistema del sistema de la sociedad, o bien un sistema parcial597, o incluso, si se quiere, una parcela de comunicaciones dentro del sistema. Esta parcela de comunicaciones se reproduce a sí misma (autopoiéticamente) y su unidad está dada por su propia operación, no por el entorno. En otros términos son la propias operaciones del sistema las que establecen sus fronteras. Sólo ellas, conforme a sentido, determinan qué es sistema y qué es entorno, o lo que es lo mismo, determinan qué comunicaciones son derecho y cuáles no598.

Es evidente que esta autoproducción está condicionada a la obtención de recursos por parte del entorno, pues es impensable, por ejemplo, que una sentencia (en cuanto comunicación jurídica) se obtenga sin un individuo que opere como juez. El paradigma del sistema autopoiético exige que el sistema incorpore su producción como parte de sí mismo, y con ella sea el propio sistema el que fije sus fronteras. Sin embargo, esta operación requiere de una determinada importación de energía. Dichos recursos dependen del entorno del sistema599.

§103. Desde esta perspectiva, el sistema del derecho no es un sistema de reglas (Regelnsystem) sino un entramado de operaciones fácticas (un cúmulo de comunicaciones generadas a partir de las estructuras jurídicas)600. Hemos visto que el sistema sólo puede operar dentro de sus límites, y ello implica que toda operación del sistema siempre está dentro del sistema. El sistema jamás puede operar en su entorno puesto que en tal caso sistema y entorno se confundirían y el sistema desaparecería. Basta que esas comunicaciones formen parte del sistema del derecho para que éste delimite a través de ellas sus fronteras. No es importante qué es lo que dichas comunicaciones afirmen respecto del derecho, es decir, no importa cuál sea su contenido: o son derecho o no lo son, o tienen asignada una función dentro del sistema jurídico, o no la tienen. De este modo, las estructuras jurídicas, sean estas reglas, normas, textos, son necesarias para que dichas operaciones (acomplamiento de comunicaciones y funciones) tengan lugar, pero no son, como suele creerse, ellas las que constituyen el derecho601. Esto es, de partida, lo que quiere decirse cuando se afirma la tesis de la clausura operacional (operative Geschlossenheit). Son las propias estructuras del derecho las que generan las comunicaciones que se entienden forman parte del sistema del derecho, lo que es lo mismo, que quedan dentro conforme a sentido602.

b) La ruptura del equilibrio de especialización

§104. Si hemos de situar esto en el contexto del sistema social, es necesario afirmar que dentro de las comunicaciones que forman parte del sistema del derecho, se vuelve a formar una nueva parcela, aún más especializada, de comunicaciones. Esta diferenciación consiste en la asignación de funciones de un mayor grado de especialización a una serie de comunicaciones que la integran. Hay un momento evolutivo en que se rompe el «equilibrio de especialización». Esta quiebra se produce cuando las funciones asignadas a una serie de comunicaciones del sistema superan el umbral de complejidad del sistema que los ha diferenciado. Naturalmente, no es un problema de superación de la media de complejidad, porque la complejidad nunca se distribuye uniformemente dentro de los sistemas603, sino que es una superación capaz de agruparse bajo las posibilidades de un código propio604. Cuando se dan ambos requisitos605, se produce una diferenciación dentro del sistema, se aplica internamente la diferencia entre sistema y entorno, se decanta un nuevo (sub)sistema.

En términos descriptivos, el proceso de diferenciación siempre consistirá en la internalización de la diferencia entre sistema y entorno606. Desde este punto de vista, lo que ocurre es que al quebrarse el equilibrio de especialización se constituye una parcela de comunicaciones cuyo nivel de complejidad es muy superior al sistema del que forma parte607. La diferenciación de un código propio, y con ella la delimitación de fronteras entre esa parcela de complejidad alta y el resto del sistema, produce una fuerte reducción de dicha complejidad. La diferenciación del nuevo sistema estructura esa complejidad, y así es posible procesarla mediante la distinción entre el sistema y el entorno. En efecto, respecto de dichas comunicaciones la reducción de complejidad es tal, que al diferenciarse el sistema se regresa a una diferencia de complejidades en que el entorno es más complejo que el sistema (al menos en algún sentido). En el caso del sistema jurídico, este proceso de diferenciación en torno a un código propio —baste por ahora decir: un «código jurídico»608— puede comenzar a vislumbrarse cuando comienzan a perder terreno las argumentaciones ad hoc y ad hominem609.

§105. Si a medida que los sistemas evolucionan y se hacen más complejos, aumenta su diferenciación interna, es posible afirmar que el sistema penal es un (sub)sistema del (sub)sistema social del derecho. Así como toda comunicación que no forma parte del sistema del derecho forma parte de su entorno, toda comunicación que no forme parte del (sub)sistema penal, forma parte de su entorno. Esto se explica porque la diferenciación de un (sub)sistema no es sino la aplicación interna de la diferencia sistema/entorno, y se traduce en la existencia de una serie de comunicaciones jurídicas que no forman parte del sistema penal. El sistema penal tiene sus propias estructuras y sus propias operaciones y son ellas las que determinan sus fronteras con cada operación: es también un sistema —en gran parte— clausurado operacionalmente. Así como para el sistema del derecho, tanto la sociedad como su entorno (el de la sociedad) forman parte de su entorno; respecto del sistema penal, tanto la sociedad, y dentro de ella el derecho, así como el entorno (de la sociedad), forman parte de su entorno.

Aunque más adelante tendremos ocasión de aterrizar todos estos conceptos abstractos, y por ahora es necesario mantener la concordancia en el nivel de abstracción610, utilizaremos un ejemplo. Hemos dicho que un puntapié, en cuanto suceso físico, no forma parte del sistema social, sino de su entorno. Sí forman parte de dicho sistema social las comunicaciones sobre ese puntapié. Si dichas comunicaciones se refieren, por ejemplo, al puntapié propinado en el curso de un juego y que han causado un...

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