Los mecanismos innovadores de financiación para el desarrollo y la Cumbre del Milenio +5

AutorIgnacio Suárez Fernández-Coronado
CargoInvestigador y trabaja en la Administración Pública española
Páginas41-56

En las últimas semanas, el planeta ha mirado con gran expectación a la sede de la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York, donde se estaba celebrando la llamada Cumbre del Milenio +5, al celebrarse 5 años después del encuentro del mismo nombre donde la comunidad internacional se fijó, a través de los Objetivos del Milenio, una metas comunes para afrontar la lucha contra la pobreza en el mundo.

Las expectativas generadas en torno a este acontecimiento eran muy elevadas. El año 2005 ha supuesto un nuevo impulso al debate relativo a la necesidad de afrontar la problemática de la pobreza, cuestión que ha pasado a ocupar un lugar central en la agenda internacional. La necesidad de luchar contra la pobreza también ha sido el catalizador de la movilización de la sociedad civil a nivel mundial reivindicando la necesidad de cumplir las promesas adquiridas en materia de desarrollo. La consideración prioritaria de esta problemática, junto con la confluencia de diversos estudios que analizan los avances en el cumplimiento de los Objetivos del Milenio, ha conducido a una necesaria reflexión en torno al actual modelo de financiación para el desarrollo, que se encuentra cuestionado por su escasa efectividad e impacto. Es en este marco donde encuentra cabida el debate sobre posibles mecanismos innovadores de financiación para el desarrollo como medio para afrontar esta preocupante realidad.

Por ello, resulta natural que todos siguiéramos con gran interés lo que estaba ocurriendo en Nueva York. La ocasión debía aprovecharse si se quería hacer valer la creciente concienciación y movilización en torno a la necesidad de luchar contra la pobreza. La Cumbre representaba una notable oportunidad para hacer valer esa voluntad política reiterada a lo largo de los últimos meses, que llevase a fijar de una vez por todas compromisos claros en base a calendarios firmes, así como para hacer visible la unidad de todos en torno a un problema que requiere soluciones urgentes y coordinadas. Cabe detenerse en el proceso que ha conducido a esta Cumbre en vistas a valorar los resultados alcanzados en Nueva York, y de manera particular su contribución a la definición de un modelo apropiado de financiación para el desarrollo de cara al futuro.

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Hacia un modelo sostenible de financiación para el desarrollo: de la Conferencia de Monterrey a la Cumbre del Milenio +5

Transcurridos cinco años desde que la comunidad internacional fijase unas metas comunes en materia de desarrollo, desde diversas instancias de los países ricos y pobres se cuestiona el actual modelo de financiación para el desarrollo ante la constatación de los escasos avances conseguidos de cara a la consecución de los Objetivos del Milenio. Varios estudios han identificado la existencia de un déficit de financiación, en torno a los 50.000 millones de dólares anuales para hacer frente a esas metas, diagnóstico que induce a pensar que no será posible cumplir tales objetivos para el año 2015, de ahí la necesidad de proponer alternativas concretas.

Además de la constatación del citado déficit, las experiencias de los últimos años permiten identificar varios factores que ponen de manifiesto la necesidad de redefinir el actual modelo de cooperación para el desarrollo: la creciente percepción de la pobreza como problema estructural de la sociedad internacional con alcance transversal; la importancia de afrontar esta problemática como una responsabilidad compartida de países desarrollados y en desarrollo; la toma en consideración de conceptos que hasta ahora habían sido obviados o perseguidos con escaso interés mejora de la calidad y eficacia de la ayuda, previsibilidad de los fondos de desarrollo; o la toma de conciencia acerca de la importancia de las actuaciones en materia de deuda y comercio internacional en tanto que pilares básicos de la cooperación para el desarrollo. Se trata de elementos que certifican la necesidad de afrontar la lucha contra la pobreza desde un enfoque integral, y que ponen de manifiesto el importante papel que en este proceso puede jugar la identificación de fuentes innovadoras de financiación para el desarrollo.

La Conferencia Internacional sobre Financiación para el Desarrollo de marzo de 2002, que dio lugar al llamado Consenso de Monterrey1, estableció un marco de actuación a través de la identificación de una serie de medidas en materia de financiación que permitiesen alcanzar las metas de desarrollo acordadas en el ámbito internacional, entre las que se incluyen los mecanismos innovadores de financiación. El proceso de seguimiento y de aplicación de los resultados de esta Conferencia se ha traducido en una intensa actividad, particularmente en el año 2005, tanto en el marco de encuentros internacionales de alto nivel como a través de la elaboración de diversos documentos Page 44 encaminados a identificar el estado de la cuestión en lo que se refiere a la financiación para el desarrollo2. Las cuestiones tratadas en el marco de este proceso también han tenido gran relevancia en la preparación de la Cumbre de Nueva York, como se puso de manifiesto con la decisión de celebrar la conclusión del Diálogo de Alto Nivel sobre Financiación para el Desarrollo en su marco, así como con las iniciativas de varios países desarrollados tendentes al incremento de la cantidad y eficacia de la ayuda, a la identificación de mecanismos innovadores de financiación, o al alivio de la carga de la deuda externa.

No obstante, la Cumbre de Nueva York no se orientó de manera exclusiva a cuestiones de desarrollo, sino que pretendía afrontar los principales retos que se le presentan a la Comunidad Internacional, como el terrorismo, la seguridad, el respeto de los derechos humanos o la reforma de las Naciones Unidas. La adopción de un enfoque excesivamente amplio, que puso de manifiesto las visiones difícilmente conciliables en torno a ciertas cuestiones, influyó negativamente sobre los resultados de la Cumbre y supuso un obstáculo para la consecución de avances más concretos en el capítulo relativo al desarrollo. Otros factores, como la presentación a última hora de más de 700 enmiendas al documento final por parte de los Estados Unidos3, también tuvieron notable incidencia sobre el resultado alcanzado. Así, la Cumbre concluyó con la aprobación de un documento final4 un tanto descafeinado, en ningún caso todo lo ambicioso que hubiésemos deseado.

Pese a ello, teniendo en cuenta que las enormes expectativas generadas dieron paso, en los momentos previos a la Cumbre, a un pesimismo generalizado acerca de la posibilidad de que ésta concluyese satisfactoriamente, la adopción de un documento de consenso suscrito por el conjunto de la Comunidad Internacional debe valorarse en su justa medida. Deteniéndonos en el documento aprobado, no parece que este vaya a suponer un punto de inflexión en la lucha contra la pobreza. Más bien, salvo ciertas excepciones, se limita a enunciar, de manera atenuada, aspectos que ya habían sido recogidos en declaraciones y cumbres previas. Al no suponer mayores avances, transcurridos cinco años Page 45 desde que se adoptase la Declaración del Milenio, sus contenidos invitan a la reflexión. En cualquier caso, cabe preguntarse en qué medida la Cumbre ha contribuido a definir un modelo adecuado de financiación para el desarrollo en el marco del seguimiento de los compromisos adquiridos en Monterrey.

La Cumbre de Nueva York y los mecanismos innovadores de financiación

El documento final de la Cumbre contiene un apartado expresamente dedicado a la financiación para el desarrollo, refiriéndose de manera concreta a los mecanismos innovadores que se vienen proponiendo en este ámbito. Más que por la relevancia de los contenidos de este epígrafe, debe destacarse que las conclusiones de un acontecimiento de esta relevancia se hagan eco de un debate de gran actualidad, que ocupará un lugar determinante en la definición del futuro modelo de cooperación para el desarrollo. En el citado apartado se reafirma el compromiso con el Consenso de Monterrey, al tiempo que se subraya la necesaria movilización de recursos financieros para el desarrollo y su uso eficiente en tanto que elementos fundamentales para el establecimiento de una alianza mundial que apoye la consecución de los objetivos acordados en el ámbito internacional. Con una fórmula poco entusiasta, se “celebra” el incremento de recursos que se producirá como consecuencia de que muchos países desarrollados se fijen calendarios para la consecución del histórico compromiso del 0,7%, pasando por alcanzar una ayuda al desarrollo equivalente al 0,5% en 2010.

Mayor relevancia reviste la mención a las fuentes innovadoras de financiación para el desarrollo, donde la referencia expresa a iniciativas y mecanismos concretos debe valorarse positivamente. Entre estas, se citan la Alianza contra el Hambre y la Pobreza, la Facilidad Financiera Internacional, o el establecimiento de un recargo sobre el precio de los billetes aéreos. Se trata de iniciativas de gran actualidad que vienen debatiéndose con intensidad a lo largo de este año, y que podrían ser objeto de un desarrollo más ambicioso en el futuro, de ahí el interés de detenerse en su análisis.

La Alianza contra el Hambre y la Pobreza, también conocida como Iniciativa Lula, se inspira en la idea de que con el actual volumen de recursos en favor del desarrollo no será posible cumplir los Objetivos del Milenio para el año 2015, y en particular el primero de ellos, relativo a erradicar el hambre y la pobreza extrema. Esta iniciativa da un mandato a un grupo técnico para la reflexión y propuesta de posibles...

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