Marruecos, migraciones y desarrollo. Análisis de un caso específico en el mediterráneo

AutorPaloma González del Miño
CargoProfesora Titular de Relaciones Internacionales, Universidad Complutense de Madrid. Profesora Titular de Universidad de Relaciones Internacionales en el Departamento de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid
Páginas155-175
Introducción

El Mediterráneo se ha convertido en una frontera que divide riqueza y pobreza. La fractura Norte-Sur se intensifica, traduciéndose en un deterioro importante de las condiciones sociales, económicas y políticas de gran número de países del continente africano. En este contexto los flujos migratorios aumentan a ritmo acelerado, convirtiendo a la Europa comunitaria en zona de destino. La emigración del sur del Mediterráneo se encuentra en la actualidad en una nueva fase de crecimiento, caracterizada, como pone de manifiesto el profesor Sami Naïr por cuatro evoluciones paralelas: la ascendente “feminización, la mayor cualificación de los trabajadores, el incremento de los solicitantes de asilo y, por último, la tendencia a unos desplazamientos anárquicos y clandestinos”1.

De esta intensificación de la dinámica migratoria2 participan los tres países del Magreb central, ocupando un lugar destacado Marruecos. La elección de Europa como zona de destino, y actualmente España, se asienta en la existencia de grandes desequilibrios económicos y demográficos, la distancia geográfica, una Page 157 política en relación a la emigración más permisiva y el desarrollo socioeconómico alcanzado por nuestro país en los últimos veinte años. En este sentido, la renta per cápita de España multiplica casi 14 veces la de Marruecos, eso sin contar que geográficamente por debajo está África subsahariana que todavía tiene un panorama más deficitario. A modo de ejemplo clásico se tiende a citar la asimetría entre EE UU- México que, en términos de renta, sólo es seis veces menor.

Los flujos migratorios hacia España se han ido incrementando desde mediados de los 80, produciendo una mutación sustancial en dos ámbitos: número de inmigrantes y permanencia. En efecto, nuestro país deja de ser una zona de tránsito hacia los destinos tradicionales, prioritariamente Francia y Bélgica, para cristalizar como lugar de destino cuando otros actores de la Unión Europea endurecen sus políticas migratorias. Así mismo, la composición del colectivo migrante también se ensancha con la presencia de mujeres, pudiendo constatar su visibilidad no bajo la fórmula de la reagrupación familiar, sino por su propia voluntad.

Marruecos ha experimentado un aumento constante de los flujos migratorios, superando en la actualidad la cifra de dos millones3, siendo Europa el principal destino elegido, pero no el único, pues a este continente se añaden los países árabes del Golfo Pérsico, Libia, Estados Unidos y Canadá, aunque hay que precisar que se trata de una inmigración diferente en cuanto a volumen y situación jurídica4. Por otro lado, el Reino alauita no sólo se ha convertido en un actor internacional con su propia emigración, sino en una zona de paso obligado, de puente y asentamiento temporal para otro tipo de emigración, esencialmente subsahariana que aspira a llegar a Europa. Por lo tanto, la dimensión migratoria se amplía aunando una doble condición: emisor de emigración y receptor, al menos de forma transitoria, de una emigración Sur-Sur.

Las diferencias demográficas y socioeconómicas entre Europa y África del norte se perfilan como la principal causa explicativa del fenómeno migratorio, Page 158 pudiendo afirmar que se trata de una emigración de carácter económico, en un contexto mediterráneo marcado por la desigualdad. Estas asimetrías han ido aumentando en los últimos años y los indicadores económicos, a corto plazo, no contemplan reducciones sustanciales de dichas tendencias. En este sentido, la escasa distancia geográfica existente entre España y Marruecos, con la ubicación de las ciudades de Ceuta y Melilla, el archipiélago canario y el Estrecho de Gibraltar, como ruta natural y más clásica entre dos continentes, evidencian el escalón, en cuanto a desarrollo, entre estos dos países.

Las migraciones constituyen para los países del continente africano una importante válvula de escape, aumentando la estabilidad política al reducir el número de desempleados. Tampoco se puede obviar los beneficios que reporta en las economías nacionales. Así mismo, permite disminuir la presión demográfica, pero supone un efecto perverso en cuanto a pérdida de colectivos jóvenes con múltiples potencialidades. Como señala la profesora Carella, la emigración es un elemento fundamental para la estabilidad5 de los mismos, no quedando excluidos, de este planteamiento general, los tres actores del Magreb central, sometidos a unos procesos socioeconómicos y políticos específicos, donde las políticas económicas no han logrado superar una situación deficitaria y la democratización y el Estado de derecho tampoco están asentados en plenitud, pese a las mejoras actuales.

La ecuación migración-desarrollo en un país concreto, Marruecos, es el objeto de este artículo. Partiendo del segundo elemento, se analiza el contexto económico y social que permite explicar el porqué de la emigración en esta zona, estudiando la mutación que ha experimentado el colectivo migratorio marroquí, que primero se asienta en Europa, prioritariamente en Francia y Bélgica, para pasar a España, desde la década de los 80/90. Ocupa un lugar destacado la emigración femenina, pudiendo constatar su visibilidad, porque las mujeres marroquíes se han convertido en auténticas protagonistas de los procesos migratorios al alcanzar cifras muy relevantes. El tercer eje del artículo está dedicado a las remesas y su contribución al desarrollo de Marruecos.

Desarrollo en Marruecos

El elevado crecimiento de la población en Marruecos junto a un reparto muy desigual de las rentas produce inestabilidad en el plano económico que no garantiza el bienestar de amplios sectores de la sociedad. Los sucesivos planes Page 159 económicos han tenido un efecto limitado, no traduciéndose en mejoras generalizadas para la población. Paralelamente la brecha económica entre las dos riberas mediterráneas se ha ido acrecentando en un espacio relativamente reducido como es el Mediterráneo. Los 14 kilómetros del Estrecho de Gibraltar separan un mundo rico de otro pobre, encontrando en esta asimetría las migraciones marroquíes su motivación principal.

Aunque la movilidad ha sido una constante en la historia de Marruecos, en la etapa actual hay dos vectores que se presentan como determinantes: crecimiento económico y desarrollo. El Reino alauita, como la mayoría de los países del norte de África, concibe la emigración como un medio de regulación del equilibrio social, económico y financiero. Sin embargo, sin menospreciar los impactos que el fenómeno migratorio alcanza en estos campos, también podemos comprobar las posiciones de algunos especialistas marroquíes que se caracterizan por su enfoque matizado, en relación a estos temas, sobre todo por su incidencia en el futuro. Por otro lado, es de resaltar la univocidad, casi absoluta, con la que los expertos de este país consideran que la lucha contra la inmigración clandestina no ha de asentarse en planteamientos de seguridad, sino desde el desarrollo económico y social6.

En los movimientos migratorios procedentes de Marruecos encontramos fundamentalmente componentes económicos y demográficos, tanto en su vertiente cualitativa como cuantitativa. Factores como el aumento considerable de la población condicionan el hecho migratorio y, en este sentido, el país norteafricano ha pasado de tener 4,5 millones de habitantes a finales del siglo XIX a 11,5 millones en el año 1960 y 32,7 millones en el año 20057. En menos de cincuenta años la población se ha triplicado, en virtud del mantenimiento de las altas tasas de natalidad y la disminución de la mortandad, encontrado un período álgido en la década de los 70 que explica esta evolución.

Si nos centramos en el plano interno, comprobamos que la movilidad interior también ha sido una característica sustancial de la población, pues el éxodo del campo a la ciudad se ha mantenido como una constante en la historia demográfica de Marruecos. Dos tipos de migraciones, las internas y las verticales hacia el exterior, han acentuado las desigualdades sociales y las del campo-ciudad, provocando un mayor envejecimiento y feminización de gran parte de las regiones rurales. Así mismo, es necesario resaltar que las zonas Page 160 rurales más pobres, las que sobrepasan la tasa de pobreza, coinciden con las que “aglutinan buena parte de la inmigración interna procedente del medio rural y son el principal punto de origen de la inmigración exterior”8. Uno de los desafíos pendientes sigue siendo los desequilibrios existentes entre el campo y las urbes, ya sea en cuanto a renta o alfabetización, por citar sólo dos ejemplos.

Aunque cada vez son más considerables las sinergias estatales para paliar las diferencias existentes en un ámbito concreto: campo-ciudad, los logros distan mucho de adquirir un nivel óptimo. Las amplias desigualdades entre las zonas rurales y urbanas9 marcan una tajante división del país, dificultando en gran parte el desarrollo. Esta asimetría condiciona que el crecimiento del PIB sea demasiado irregular, debido a que la economía depende en un porcentaje elevado de la agricultura. El sector primario tiene un peso importante en la estructura productiva y, aunque la agricultura sobresale, marcada por un crecimiento estancado, Marruecos cuenta con una ganadería numerosa y extraordinaria riqueza en fosfatos naturales, junto a un sector pesquero con notable competitividad internacional. Por otro lado, el desarrollo de la industria concentra altas tasas de inversión, relegando a un segundo plano las mejoras necesarias en agricultura y ganadería.

El crecimiento demográfico en los países magrebíes sigue siendo considerable pese a su drástica...

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