Introducción

AutorCarlos Marín Lama; José Mauro Vicente Hernández
Cargo del AutorAbogado. Profesor, Universidad de Barcelona /Abogado y documentalista, Planificación Jurídica
Páginas5-7

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Cada vez son más las empresas, autónomos y particulares que no pueden hacer frente a sus deudas y optan por abrir un proceso concursal que les permita resolver las situaciones de insolvencia y, en la medida de lo posible, reflotar la empresa o la economía familiar.

No cabe duda que estamos en una situación económica complicada. Hace tiempo que la crisis económica está establecida y lo que parecía una ligera desaceleración se ha convertido en un brusco frenazo. Si analizamos los datos estadísticos y los que a diario aparecen en la prensa, hay motivos suficientes para preocuparse.

El INE ha publicado los datos de los procesos concursales iniciados durante el primer trimestre de 2009 y se prevé que este año se batan récords. Entre enero y marzo ha habido un total de 1.558 declaraciones de concurso y, según fuentes fiables pueden alcanzarse los 6.000 hasta finales de año. Se prevé que la crisis “no remitirá en este ejercicio” y existen numerosos sectores de actividad que se están viendo afectados, más allá de la construcción.

Está claro, que el concurso de acreedores se ha consolidado como una herramienta útil para hacer frente a la crisis empresarial, tanto desde el punto de vista del deudor como del acreedor.

¿Qué se puede hacer?

Las empresas americanas solicitan o instan las insolvencias al poco tiempo de producirse sus crisis; las europeas, por el contrario, apuran mucho, dejando pasar el tiempo buscando soluciones extrajudiciales y más aún las españolas que se resisten a buscar una definitiva solución, tanto que en un gran número de casos no hay forma de que se puedan salvar cuando acuden a un procedimiento concursal. Es interesante señalar que acudir cuanto antes a un procedimiento de insolvencia es aumentar las oportunidades de supervivencia de las empresas. El que una empresa insolvente, enferma, se acoja al concurso debería verse como un tratamiento de choque, como un enfermo que para curarse necesita, por ejemplo, una operación quirúrgica.

Soplan malos vientos, y actualmente en España y en el resto de Europa se afronta un crisis económica importante. Mientras desde el Ministerio de Economía y demás foros autorizados se admite que los datos económicos generales pintan peor de lo esperado y la palabra crisis se instala en la vida cotidiana, los datos de un incremento en los procedimientos judiciales por la situación financiera de empresas y particulares constatan la recesión de una manera tangible en el ejercicio 2008 que se...

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