Hecho imponible o finalidad ¿Qué califica a un tributo como ecológico?

AutorJorge Jiménez Hernández
Cargo del AutorDoctor en Derecho Becario del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (México)
Páginas369-375

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1. Planteamiento del problema

El éxito de los mecanismos económicos en la lucha contra la contaminación debido principalmente a la flexibilidad que los distingue de los instrumentos de tipo administrativo o de control directo,1 ha conseguido que dichos mecanismos, y concretamente los tributos, se generalicen dentro de las políticas ambientales de la gran mayoría de los países desarrollados. Ya no cabe duda de que la imposición ambiental es benéfica, lo cual lo corroboran los hechos.2 Así mismo, las críticas que en un principio se hacían a los llamados impuestos verdes paulatinamente se han ido reduciendo debido a los trabajos de la doctrina y a los resultados que en la práctica se han obtenido.

Por otro lado, la conciencia del particular se ha acrecentado a favor de la necesidad de actuar en esa lucha contra la degradación de nuestro entorno natural, tanto en lo personal, como en la indispensable colaboración con el Estado, y en más de una ocasión exigiendo de éste la protección de una determinada parcela de la naturaleza o el cese de alguna obra pública o una prueba científica que atente contra uno o más bienes naturales.

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Otro aspecto innegable es que la implantación de un nuevo tributo, y más aún si éste es un impuesto, constituye en última instancia una nueva fuente de ingresos para la Administración, algo nada desdeñable en atención a la cada vez más aguda necesidad de ingresos que los entes públicos tienen.

Los anteriores comentarios sientan las tres premisas de un problema que se ha hecho común: La creación de figuras impositivas bajo la máscara ecológica, problema que habrá de resolverse buscandoun criterio firme que permita calificar efectivamente un tributo como ambiental.

2. El caso del Impuesto sobre instalaciones que incidan en el medio ambiente (Ley 12/1991, de 20 de diciembre, de la Comunidad Autónoma de Baleares)

Esta figura ha sido atacada por su dudosa atención al principio de capacidad económica, ya que dispone la Ley balear que la base imponible se determinará mediante el valor de las instalaciones, el cual se fija capitalizando al tipo del 40% el promedio de los ingresos brutos de los tres últimos ejercicios, es decir que lo que realmente está gravando el impuesto balear es el volumen de ventas,3 o sea, los ingresos, y no los del ejercicio actual, sino los ingresos de los tres ejercicos anteriores al devengado, lo cual incurre en manifiesta violación del principio de capacidad económica, ya que al hacerlo de esta manera, tal impuesto "puede someter a tributación manifestaciones de riqueza pasada que ya no subsisten".4

Pero si tuviéramos que resaltar algo del debate en el que se encuentra el tributo balear es su dudosa finalidad ecológica. En efecto, aunque ya se ha dicho mucho, no podemos dejar de mencionar que el tributo balear carece de finalidad ecológica alguna. No es comprensible la manera en que la titularidad de instalaciones de empresas del sector eléctrico, de carburantes y combustibles, y de comunicaciones telefónicas y telemáticas5 produce un daño al entorno natural. Lo que sí es claro es que al crear esta figura, el legislador balear ha perseguido una evidente forma de allegar recursos a la Administración autonómica.6

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Por todo esto, el impuesto balear no puede llevar la etiqueta de tributo ambiental. Sobrada razón tienen los autores que, basados en tributos como este, critican el hecho de que con la bandera de "ecológico" o "ambiental" se ha desencadenado una serie de figuras impositivas con las que las Administraciones autonómicas buscan simple y llanamente aumentar sus ingresos fiscales.7

3. El problema de la calificación de un tributo como ecológico

Salen a relucir los comentarios que hacíamos inicialmente y que señalábamos como las tres premisas de un problema que, como vimos en el caso del impuesto balear, no es pura ficción.

En efecto, tomando en cuenta: a) El gran éxito alcanzado en la lucha contra la contaminación por los mecanismos económicos en general y de manera particular por el tributo ecológico; b) Que los particulares actúan cada vez más de acuerdo con una naciente conciencia ecológica que les hace ver "con buenos ojos" las medidas de protección ambiental, aún en el caso de ser nuevos impuestos, y c) Que la implantación de todo tributo constituye una nueva fuente de ingresos para la administración, tenemos entonces que: el establecimiento de tributos cuyo objetivo sea la protección del medio ambiente siquiera en la exposición de motivos de la ley que los cree, constituye una fácil vía -para que las administraciones se hagan con nuevas fuentes de ingresos.

Nuestra intención no es, de...

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