Las guerras culturales de la extrema derecha: combustible para la violencia

AutorMiquel Ramos
Páginas125-134
CAPÍTULO 11
LAS GUERRAS CULTURALES DE LA EXTREMA DERECHA: COMBUSTIBLE
PARA LA VIOLENCIA
1. INTRODUCCIÓN
El verdadero éxito de la extrema derecha hoy es su normalización, su
aceptación como una opción democrática más, pero también su imagen
contracultural y contestataria y sus conquistas en el terreno metapolítico. Gracias
a su habilidad para ofrecer un relato capaz de conquistar los corazones de millones
de personas y a la equidistancia o la inocencia de quienes creyeron derrotado al
fascismo, la nueva ultraderecha tiene hoy un campo fértil bien sembrado que ya ha
empezado a dar sus frutos.
Una nueva oleada neofascista se cierne sobre el mundo entero, desde Brasil
hasta Australia, y de nuevo desde Alemania hasta EEUU. Y ha sido gracias a la guerra
librada en el terreno cultural contra los valores que se creían universales. La
imagen contestataria políticamente incorrecta y a menudo anti-establishment,
que trata de tener la extrema derecha, forma parte de esta batalla metapolítica
dirigida sobre todo a arrebatar a la izquierda esta imagen inconformista.
Esta conquista del relato, de la contracultura en competencia con la izquierda
contra lo que la extrema derecha llama marxismo cultural se empezó a trabajar
ya en los círculos intelectuales ultraderechistas de Francia inmediatamente
después del Mayo del 68. Y es que los disturbios de aquel mayo empezaron con un
cóctel molotov de la extrema derecha.
De los sucesivos partidos y movimientos de extrema derecha que trataron de
adaptarse al nuevo contexto en Occidente, el papel de los neofascistas franceses a
lo largo sobretodo de estos últimos 50 años sirve por varios motivos para
introducir este capítulo, interpretar el presente y afirmar que todo lo que
empezaron a cocer entonces varios intelectuales, hoy está dando sus frutos. Y no
solo en Francia.
2. EL MAYO BLANCO FRANCÉS
Poco se conoce el germen de las protestas marcarían la segunda mitad del siglo
XX. La independencia de Argelia supuso una humillación terrible para el
nacionalismo francés. Quienes habían estado en primera línea como los terroristas
neofascistas de la OAS (Organización del Ejército Secreto) o en la arena política
como el fracasado Jean-Louis Tixier-Vignancour (quien tan solo consiguió un 5,2%
de los votos en las elecciones de 1965), trataron de reconstruir el espectro
ultraderechista tras las sucesivas derrotas y el creciente empuje de la izquierda

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