El G-20, laboratorio de un mundo emergente

AutorBruno Ayllón - Alice Bancet
Páginas305-311

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Karoline Postel-Vinay

Editorial Presses de la Fondation Nationale des Sciences Politiques Paris, 2011.171 páginas

El fenómeno del "multilateralismo a la carta"1 o del "minilateralismo"2, tal como ha sido descrito por algunos analistas, es ya una realidad consolidada en las relaciones internacionales de esta primera década del siglo XXI. Su plasmación más concreta se traduce en el G-20 que, desde la Cumbre de Washington, el 15 de noviembre de 2008, se reúne al máximo nivel presidencial con una periodicidad al menos anual. En efecto, hoy el G-20, en un contexto de grave crisis de los países desarrollados, se ha convertido en el primer forum para la cooperación económica internacional y en la señal más evidente de las transformaciones que se operan en la gobernanza mundial.

Buena parte de estas transformaciones se relacionan con el proceso en curso de generación de una "multipolaridad emergente", propiciado por la acumulación de capacidades y recursos materiales en países como China, India o Brasil, por citar apenas algunos, y por el reconocimiento que los Estados otrora hegemónicos realizan de esta nueva realidad. De esta forma, y podemos comprobarlo a través del seguimiento de la actuación de los emergentes en el G-20, estos países actúan como "dinamizadores de la distribución del poder3".

Sin embargo, se habla mucho del G-20 pero se conoce muy poco sobre los motivos y el proceso político que llevaron a su creación. Tampoco es frecuente encontrar análisis que nos indiquen las razones por las cuales países como Argentina, ocupando el puesto nº 23 según el ranking del PIB mundial, con datos de 2011, sean miembros del G-20 y que España, en el lugar nº 13, acuda apenas como invitado. Más complicada se presenta la discusión sobre su falta de legitimidad y su pretendida eficacia, que algunos países han plan-teado como justificación para afirmar que "la actuación del G-20 es un retroceso en el modo como la cooperación internacional ha sido conducida desde el final de la Segunda Guerra Mundial4".

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El mérito de la obra que comentamos reside exactamente en descifrar algunas claves de comprensión del G-20, al mismo tiempo que se ofrecen elementos para facilitar posibles interpretaciones. Desde el punto de vista formal, la estructura de la obra, un pequeño librito muy manejable con mapas, gráficos y valiosos anexos documentales, se desarrolla en una introducción, tres capítulos centrales y unas conclusiones.

La introducción aboga por una nueva lectura del G-20 que transcienda el debate sobre la legitimidad, pues la misma no es objetiva sino fundamental-mente política. Por otra parte, se señala la ausencia de un diseño planificador y sopesado en la creación del G-20 y como su emergencia en el orden inter-nacional se explica por una cierta improvisación que "se corresponde a una mezcla de azar y necesidad" (p. 10). Haciendo un uso audaz de las metáforas, la autora nos sitúa ante un G-20 más parecido a un "taller en efervescencia que a una institución establecida", y deshace algunos lugares comunes que oponen este grupo de concertación entre países a la ONU: el G-20 es apenas un foro de discusión, mucho más limitado en sus atribuciones que las Organizaciones Internacionales, a las que los Estados han conferido competencias más amplias, y sin la pretensión de tener poderes legislativos o ejecutivos ni de dirigir el mundo (p. 15). La identidad del G-20 está en construcción, constituyendo un "lugar de experimentación" en el que los Estados llamados del "Norte" van aprendiendo a trabajar en pie de igualdad con los países dichos del "Sur" (p. 16).

El primer capítulo titulado "el G-20 en la constelación de los «G»" pasa revista al proceso de construcción del grupo iniciando el análisis en 1997, cuando se produce la transformación del G-7 en G-8 aunque, como nos avisa la auto-ra, este último "revela una lógica política fundamentalmente diferente a la del G-20" (p. 23). Abriendo horizontes más lejanos, con un marcado carácter histórico, se rastrea la "constelación diplomática" en la expresión de Raymond Aron, en la que se sitúa el G-20. Un proceso que, desde 1945, ha visto crecer el número de agrupaciones que, con diferentes siglas (G-4, G-10, G-15, G-24, G-77) y con el impulso en algunos casos del sistema onusiano, ha propiciado un auténtico Big bang de la concertación y...

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