Una improvisación existencial. Reflexión filosófica sobre la fragilidad y la discapacidad

AutorFernando Bárcena
Cargo del AutorUniversidad Complutense de Madrid
Páginas267-295
UNA IMPROVISACIÓN EXISTENCIAL.
REFLEXIÓN FILOSÓFICA SOBRE LA
FRAGILIDAD Y LA DISCAPACIDAD
F碑備非比非皮飛 BÁRCENA
Universidad Complutense de Madrid
Este escrito está dedicado a una mujer y a un niño,
desiguales y misteriosamente solidarios en una muerte
injusta.
«En la vida hay una especie de torpeza, de fragilidad
física, de constitución débil, de tartamudeo vital, que
constituye el encanto de cada uno. El encanto, fuente de
la vida; el estilo, fuente de escritura».
Gilles Deleuze, Dialogues.
S U M A R I O
Entrada
1. Melodías de lo indecible. La fragilidad de la filosofía
2. De un cierto darse cuenta. La fragilidad de la educación
3. Dar el tiempo. La fragilidad de una vida
4. La obstinación existencial
Final
Biografía
ENTRADA
El escritor francés Pascal Quignard decía en una entrevista que la lectura
no está hecha para todo el mundo, que es mejor que las personas frágiles no
lean; aquellos que desean estar orientados a cualquier precio es mejor que no
se adentren en la arriesgada aventura de experimentar la lectura. Esta es una
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dificilísima afirmación, sobre todo si la aplicamos a la experiencia de la vida.
Si la vida nos fragiliza, ¿será mejor, entonces, dejar de vivir en profundidad lo
que nos ataca? Hay un temblor en mí que me impide dar una respuesta a esta
pregunta. Pero sabemos cuales son algunas de sus respuestas individuales. No
siempre nos orientamos; no siempre sabemos donde estamos, y precisamente
porque merece la pena vivir antes de que la muerte nos alcance, y hacerlo en
libertad, es necesario aceptar también lo duro y lo cruel, aquello que nos pertur-
ba y nos conmueve: los gestos, libres, de quienes, frágiles, renunciaron a seguir
entre nosotros. Quizá por ello dice Quignard en La barca silenciosa que «el
suicidio es, con seguridad, la última línea sobre la cual puede llegar a escribirse
la libertad humana. Es quizás el punto final. El derecho a morir no está inscri-
to en los derechos del hombre. Como tampoco está inscrito el individualismo.
Como no está inscrito el amor loco»1.
Es un amor loco y desorientado el que produce el mágico efecto de una
«solidaridad misteriosa» –y cito de nuevo una novela de Quignard2–, la soli-
daridad magnética e indescifrable que une a un padre y a un hijo al que nunca
entenderá, la poesía que irremediablemente liga en el amor a dos amantes, que
se aman a pesar de las edades y las derivas del tiempo, el amor de una madre y
una hija que se aman sin entenderse del todo y que cuidan cada una de la otra a
su propia manera. Nadie tiene el derecho de juzgar estas locuras, y ni siquiera
cabe tratar de entender con la lógica, vía estrecha e insuficiente, lo que entre
ellos pasa.
Pero siempre cabe querer seguir viviendo; vivir evitando construir, o re-
construir, la identidad sobre las ruinas de una memoria que se lamenta en el
tiempo y arrasa el porvenir. Vivir aunque tengamos que gritar con nuestro
propio lamento, cuando el grito del otro, cuya pérdida lamentamos, no tiene
nombre. En una de sus primeras películas, Falsch, los cineastas belgas Luc y
Jean-Pierre Dardenne, a partir de una inacabada obra de teatro del dramaturgo
René Kalisky, hacen que Joe se encuentre durante una noche en un aeropuerto,
cuarenta años después de la guerra, con todos los miembros de su familia exter-
minados en los campos nazis. Las preguntas y las recriminaciones se suceden
en este doloroso encuentro imaginario. ¿Por qué Jakob, el padre de la familia,
insistió en defender, como judío, su condición de alemán y permanecer en un
Berlín que odiaba, de parte a parte, a todos los judíos, cuando podía haber inten-
tado la huida, como su hijo Joe logró hacer? La más pequeña de todas, la niña
Bela, también murió, sin apenas haber vivido. Ella, Bela, la más inocente: hay
siglos entre esta niña y el adulto Joe, que se salvó del exterminio, aunque no de
la guerra que durante decenios permaneció dentro de él. Y es que quizá se trata
de esto: ¿cómo hacer para que las guerras que llevamos dentro se aplaquen,
1 QUIGNARD, P. (2010) La barca silenciosa (Buenos Aires, El cuenco de Plata) p. 86.
2 QUIGNARD, P. (2011) Les solidarités mysterieuses (París, Gallimard).

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