Las estrategias internacionales de cooperación para el desarrollo de África: ¿alguna novedad?

AutorMaría Cristina Rosas - Juan Pablo Prado Lallande
CargoProfesora e investigadora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) - Licenciado en relaciones internacionales por la UNAM y Magister en cooperación internacional por el Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación de la Universidad Complutense de Madrid
Páginas31-48

...no se puede esperar a que las naciones africanas sean un modelo de gobernación y democracia para ayudar a los que sufren. La comunidad internacional no esperó a que España, Corea del Sur, Indonesia, Singapur, Turquía, y últimamente China y Vietnam fueran democracias para distinguirlas con su ayuda y sus inversiones. Esperar a que las naciones africanas sean democracias perfectas para otorgarles más ayuda sólo perpetuaría el círculo vicioso de la pobreza y de la fragilidad de la democracia. Hay que ayudar ahora para que la salud, el desarrollo, el progreso social y la democracia sean una realidad en África.

Luis de Sebastián

Introducción

Las distintas estrategias de cooperación para el desarrollo que desde hace décadas se han puesto en marcha en África reflejan la marginal importancia que la comunidad internacional tradicionalmente le procura a este inmenso continente: la ayuda ha sido insuficiente y, en diversas ocasiones, ajena a las necesidades locales. Es más, frecuentemente estas acciones han resultado ineficaces y, en ciertas circunstancias, contraproducentes a los objetivos planteados.

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Lo anterior contrasta con las enormes —y crecientes— necesidades en términos de desarrollo para este territorio que se integra por 53 países, donde habitan más de 680 millones de personas, de las cuales la mayoría vive en pobreza extrema.

A raíz de ello, desde hace algunos años han sido puestos en marcha distintos mecanismos de colaboración con las naciones africanas y otros países en desarrollo, tales como las Iniciativas Hight Indebted Poor Countries (HIPIC), el New Partnership to Africa´s Development (NEPAD) la Commission for Africa, así como la propuesta británica para establecer la International Finance Facility (IFF); todos ellos sugiriendo que mediante reducciones a la deuda externa y aumentos a la ayuda al desarrollo se otorgue un impulso renovado a los países del continente de referencia, con vistas a que los objetivos de desarrollo del milenio (ODM) estipulados para la región puedan ser cumplidos a tiempo.

Este ensayo tiene el propósito de hacer una revisión y evaluación general de las distintas actividades de colaboración que se han desarrollado en África Subsahariana, enfatizando las más recientes iniciativas en este ámbito. Asimismo, se evalúa la viabilidad y el alcance de dichas acciones, de cuyos resultados depende en buena medida la viabilidad económica, política y social africana.

El trabajo se divide en cuatro secciones. En la primera se hace referencia a las principales características de la ayuda destinada a África durante la guerra fría, donde consideraciones de carácter geopolítico trazaron la pauta a seguir en el suministro de este apoyo, dinámica que se extinguió tras culminar este periodo. Posteriormente se analiza el alcance y los resultados de las reformas económicas y políticas llevadas a cabo desde los 80, apoyadas tanto mediante la cooperación internacional como a través de sanciones a la ayuda. Ambas estrategias fueron planeadas desde el Norte para inducir a los africanos a llevar a cabo las políticas “apropiadas” que les generen desarrollo. En seguida se vislumbra el grado de cumplimiento de los ODM en África Subsahariana para el año 2015, y a continuación se relatan las más recientes iniciativas internacionales de desarrollo a favor de África. Por último, se incluyen algunas reflexiones sobre los efectos de la cooperación con África y su incidencia en las relaciones internacionales del siglo XXI.

África en el sistema internacional de ayuda para el desarrollo

La ayuda para el desarrollo suministrada al continente africano ha dependido de la importancia geoestrategia que los donantes le han conferido a través del tiempo.

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Durante la guerra fría y conforme el proceso de descolonización se iba asentando (así como aumentaban los votos de los nuevos países africanos en la ONU), la ayuda al desarrollo ofrecida a los gobiernos africanos dependía de la afinidad política e ideológica del receptor respecto al donante en cuestión. Durante este periodo, las alianzas intergubernamentales Norte-Sur marcaron las directrices para el otorgamiento de ayuda, sin que fuese necesario que los regímenes apoyados se destacaran por respetar la democracia, los derechos humanos o la transparencia de sus cuentas públicas. Asimismo, en el marco de la confrontación Este-Oeste y en el esquema de la suma cero promovido por EEUU y la URSS, la ayuda al desarrollo se erigió en un instrumento más para consolidar alianzas y vínculos entre los beneficiarios con Washington y/o Moscú1. La ayuda a Dadá Idi Amín (Uganda)2 y a Mobutu Seseseko (Zaire),3 elementos clave de la contención en África, aunque dirigieron gobiernos de carácter despótico que poco hicieron por sus respectivos países, son los ejemplos más representativos en este sentido.

Esta situación promovió una creciente dependencia por parte de África de créditos y fondos concesionarios, aunque buena parte de las veces no tenían como destino final el bienestar de la población más vulnerable, sino las arcas de sus gobernantes4.

El final de la guerra fría redujo considerablemente la relevancia geoestratégica del África Subsahariana para los donantes de ayuda, lo cual ocasionó la súbita caída de la Asistencia Oficial al Desarrollo (AOD) remitida a partir de entonces a dicha región. Asimismo, la disolución de la URSS, que antaño otorgaba importantes recursos económicos a favor de diversos países en desarrollo, añadió una presión adicional a las naciones pobres: Rusia, al igual que diversos países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) y de Europa Oriental, comenzaron a competir por recursos con los países pobres. Tanto Rusia, como sus vecinos de la CEI y Europa Oriental Page 35 pasaron de ser “donantes” a “solicitantes” de asistencia, llamando la atención de los inversionistas occidentales, que encontraban en esas naciones, a diferencia de las africanas, mano de obra calificada e infraestructura. Concretamente, lo anterior significó que si en 1995 la ayuda per cápita africana era de 33 dólares, en 2005 esa cifra ha disminuido a 20 dólares: una reducción del 40%.5

Aunque suene paradójico, este decremento en la AOD no impidió que los países africanos fuesen el objetivo principal de las nuevas políticas de cooperación internacional que los principales donantes trazaron desde finales de los
80. Estas nuevas políticas, basadas en la denominada condicionalidad de la ayuda, se abocaron básicamente a promover y a exigir, simultáneamente, reformas económicas y políticas en los receptores, como requisito para que éstos estuviesen en condiciones de recibir financiamiento externo.

Reformas económicas y políticas en África La condicionalidad de la ayuda en acción

Como una estrategia para combatir a la pobreza en África, a finales de la década de los 90 el Banco Mundial (BM) presentó una serie de informes que modificarían radicalmente las nuevas reglas para el suministro de ayuda al desarrollo. El estudio intitulado Sub-Saharan Africa: From Crisis to Sustainable Growth (World Bank 1989) fue la primera publicación que asentó la necesidad de llevar a cabo reformas a las estructuras económicas y políticas en África, bajo la promesa de que las reestructuraciones contribuirían a la recuperación y al crecimiento económico de quien practicase estas medidas de corte neoliberal.

Paralelamente, el BM empezó a ejecutar los criterios de la denominada selectividad de la ayuda, misma que parte del postulado relativo de que solamente en aquellos países con “buen gobierno”6 la ayuda resulta eficaz y por ende vale la pena ser suministrada7.

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La vinculación de ciertas variantes económicas y políticas de los receptores con la disposición de los donantes de otorgarles créditos y ayuda al desarrollo, aunque ha sido refutada por varios expertos,8 resulta de la mayor importancia, ya que hoy en día conforma tanto los requisitos como los objetivos de la cooperación internacional, mediante la denominada condicionalidad de la ayuda (Sorensen, 1994).

Con la promoción de medidas neoliberales a través de instrumentos de cooperación internacional, los organismos financieros multilaterales con sede en Washington D.C. conminaron a los países africanos para que realizaran reformas económicas estructurales, protegieran los derechos humanos y el buen gobierno, así como para que eligiesen mediante instancias democráticas a sus gobernantes.

Estos programas se sustentaron en la premisa relativa de que tras modificar determinadas características económicas y políticas de los países africanos, los inversionistas (nacionales y extranjeros) estarían en capacidad de aumentar su producción y competitividad. De esta forma, se podría expandir el mercado interno, y a la postre generar desarrollo. Sin embargo, tras varios años de ejecución de los programas económicos, y salvo algunas excepciones como en Ghana, la inversión privada no solamente no llegó, sino que disminuyó (Lancaster, 1993: 9).

En materia de liberalización del comercio por parte de los países del África Subsahariana —una recurrente exigencia establecida por el BM para asignarles recursos— es interesante señalar que a pesar de la apertura africana, solamente Mauritania logró incrementar significativamente la venta de sus productos en el exterior, lo cual contribuyó al crecimiento de su economía. Lo anterior, en términos de eficacia de los resultados de la condicionalidad aplicada (abrir la economía para incrementar el...

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