Editorial.

AutorErik Bohlin.
CargoIPTS, en colaboración con Alois Frotschnig, IPTS, y Robert Pestel DG XIII, Comisión Europea.

Este número especial sobre La Sociedad de la Información y la Sostenibilidad se propone destacar las perspectivas y las políticas que tratan de desarrollar sociedades de la información sostenibles. Incluye aportaciones a este complejo problema, procedentes de todas las partes del mundo.

En la escena mundial está aumentando la preocupación por el desarrollo sostenible, como uno de los problemas más cruciales para el futuro de la humanidad. Partiendo de los temas relacionados con el medio ambiente, el debate sobre la sostenibilidad se ha ampliado recientemente, para incluir aspectos sociales y culturales. También ha cambiado el concepto mismo de sostenibilidad, desde el punto de vista estático, que destaca la preservación de los recursos actuales para las generaciones futuras, hacia otro más dinámico, que concede más importancia al desarrollo de nuevas oportunidades para dichas generaciones.(1)

Además, la sostenibilidad se está considerando menos como una cuestión puramente ética y redistributiva, y más como algo que redunda en el propio interés. Hasta ahora, la sostenibilidad y la competitividad se presentaban como conceptos opuestos, pero cada vez se reconoce más que se refuerzan mutuamente. La industrialización y el crecimiento, sin prestar la debida atención a la sostenibilidad, pueden resultar no sólo problemáticos para los grupos más desgraciados de la sociedad, sino también limitar seriamente las aspiraciones de prosperidad de cualquier región, ya que las repercusiones dinámicas de la falta de sostenibilidad sobre los ciudadanos pueden ser significativas y tomar giros imprevistos.

Al tiempo que aparece un contexto mundial, que abarca varios centros de poder y crecimiento (Estados Unidos, China, Japón, la India, Rusia y Europa, por citar sólo unos pocos), se plantea la necesidad de desarrollar estrategias que refuercen y apoyen a las regiones, así como otras que fomenten el consenso mutuo y la colaboración. La sostenibilidad se convierte así en una preocupación estratégica, vital para la prosperidad y la seguridad a largo plazo de cualquier nación o región del mundo que trate de ejercer influencia en el siglo XXI.

Construir una Sociedad de la Información es asimismo una preocupación estratégica. Se reconoce generalmente que la Sociedad de la Información será esencial para el crecimiento y el bienestar en el siglo XXI. Toda región o nación deberá encontrar su camino hacia la Sociedad de la Información, basándose en sus propias características y en sus propias ventajas. Al aumentar la conciencia mundial de que la Sociedad de la Información puede contribuir a alcanzar un desarrollo sostenible, se refuerzan, consecuentemente, las expectativas para construirla.

Las razones para elaborar este número especial se derivan de los tres elementos que se muestran en la figura 1: Sostenibilidad, Sociedad de la Información e Intereses mundiales/regionales. Nos proponemos destacar las relaciones y los lazos intelectuales entre estos tres elementos, mezclando puntos de vista generales con otros más específicos sobre los mismos.

Figura 1. Elementos básicos.

(Imágen Omitida)

Las relaciones entre Sociedad de la Información y Sostenibilidad merecen una explicación adicional. Al igual que en el debate general sobre la sostenibilidad, ésta se considera aquí en sentido amplio, que abarca el medio ambiente, la economía, los asuntos sociales y la cultura.

La esperanza de que la Sociedad de la Información contribuya a la sostenibilidad medioambiental se deriva, sobre todo, de la creencia de que el uso de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) favorece la inmaterialización y la desmaterialización de la economía. Inmaterialización significa que el valor añadido de la Sociedad de la Información es intangible por naturaleza, y toma la forma de información y conocimiento. La utilización y reutilización de la información es, en gran medida, una actividad limpia. Desmaterialización quiere decir que las TIC contribuyen a una economía donde aumenta el output al tiempo que se reduce el input de los recursos materiales. Este punto de vista se basa en los impresionantes resultados de las conocidas (y destacadas) tendencias de las tasas coste/rendimiento en la microelectrónica (lo que se conoce a menudo como ley de Moore). Los significativos aumentos de la capacidad de transmisión de información, posibles gracias al avance de las fibras ópticas, refuerzan la opinión de que el transporte de información puede tener lugar con poca aportación de recursos materiales: el transporte de información es, pues, una actividad generalmente limpia.

Sin embargo, aunque la Sociedad de la Información ciertamente va a reestructurar las limitaciones de distancia y tiempo y, por tanto, la necesidad de ciertos tipos de transporte, la nueva estructura de mercado emergente, basada en las redes, y el consumo, cada vez más basado en la información, pueden también redundar en un aumento de la contaminación ambiental. Por ejemplo, los libros que se pidan directamente a librerías online o la compra de alimentos a través de las redes pueden, de hecho, aumentar el transporte personalizado. También se podrían mencionar otros ejemplos. El teletrabajo, la reducción real del transporte, pueden tener menos ventajas de las previstas, al realizarse otros viajes alternativos, como desplazamientos personales durante el día, aumento de los suministros personalizados a los teletrabajadores, etc. Por tanto, puede ocurrir un "efecto de rebote" o "efecto boomerang", si las ventajas medioambientales de la desmaterialización de la economía llegan a verse superadas por el aumento de las demandas contaminantes o intensivas en recursos. Es, pues, importante, evaluar los efectos netos de las TIC sobre la sostenibilidad medioambiental, y no sólo los efectos positivos.

Análogamente, hay también buenas y malas noticias sobre otros aspectos de la sostenibilidad. Es bien sabido que uno de los mayores temores sobre la Sociedad de la Información es la separación entre los ricos y los pobres en información, que puede afectar gravemente a la cohesión social. Ésta incluye también aspectos culturales. Puesto que el inglés es hoy la lingua franca de la sociedad de las redes, preocupa de una parte la homogeneización cultural (la "americanización" de la sociedad) y por otra la exclusión de los grupos que no dominan dicho idioma. Además, la transición hacia la Sociedad de la Información está creando retos para el empleo, al menos en algunas industrias y para ciertos tipos de aptitudes, ejerciendo así nuevas presiones sobre nuestras sociedades.

Por otra parte, es difícil no sentirse fascinado por el crecimiento, aparentemente ilimitado, de la capacidad de tratamiento de la información y las consiguientes oportunidades para que surjan nuevas formas de interrelación social. La misma naturaleza de la Sociedad de la Información, dominada por una mentalidad que da y comparte, por las redes sin fronteras, por la reutilización de la información, refuerza la opinión de que la vida puede crecer y extenderse sin absorber recursos de otros. De hecho, la humanidad se enfrenta a una nueva frontera, el ciberespacio, construido por la humanidad misma y cuya utilidad dependerá de la influencia conjunta de las acciones, las decisiones y las opiniones que se generen en su interior y en su entorno. La nueva frontera ofrece nuevas oportunidades de interacción, salvando todas las barreras, y nuevas vías para unir a nuestras sociedades.

Además, la cristalización de la Sociedad de la Información no implica necesariamente una homogeneización cultural. Hay varios factores que condicionarán culturalmente a las redes. Del lado de la "oferta", la necesidad política de mantener a las regiones integradas frente a las tensiones desintegradoras, por ejemplo, entre los ricos y los pobres en información, favorecerá políticas unificadoras, como el uso de las redes para preservar y gestionar el patrimonio cultural. Del lado de la "demanda", las limitaciones del ser humano para tratar los inmensos recursos de información disponibles en las redes estimulará la demanda de interpretaciones, pantallas, agregados y adaptaciones. Para economizar el tratamiento por parte del hombre, habrá una demanda creciente de intermediarios condicionados culturalmente, que faciliten el acceso y las interpretaciones fiables.

Al final, la opción humana aún tiene preferencia sobre la tecnología. Los esfuerzos políticos por infundir sostenibilidad a través de la Sociedad de la Información suponen la coordinación de varios sectores políticos, apuntando un marco de referencia más amplio, para la política de la Sociedad de la Información, de lo que ha sido hasta ahora. Los artículos de este número reflejan ese espíritu: la importancia capital de la opción humana y de la política.

El primer artículo, por J. van Dijk et al. se centra sobre todo en las políticas destinadas a alcanzar una Sociedad de la Información sostenible, en un contexto mundial. Tras una amplia revisión de los avances europeos y mundiales, el artículo trata de definir la posición del sistema europeo como plataforma de lanzamiento de la Sociedad de la Información a nivel mundial. Los autores sostienen que la vía europea se podría defender más vigorosamente en el discurso mundial, de modo que se conformaran marcos de referencia mundiales que condujesen a la sostenibilidad. El carácter político de este artículo cobra especial importancia porque dos de sus autores son miembros del Foro de la Sociedad de la Información, grupo asesor de alto nivel de la Comisión Europea.

El segundo artículo, por A. Frotschnig et al., muestra cómo estas ideas han cristalizado, en la práctica, en un proyecto de colaboración pan-europeo. En concreto, se sostiene que hace falta una Alianza Estratégica para una Sociedad de la Información sostenible, en la que colaboren la industria, las ONG y las organizaciones de ciudadanos/consumidores, tanto para establecer los planes de acción como para proporcionar la masa crítica necesaria para lograr la sostenibilidad. A este fin, el programa ACTS de la Comisión Europea ha financiado el proyecto ASIS (Alliance for a Strategic Information Society). El objetivo de ASIS consiste en proporcionar pruebas convincentes de las vías por las que las TIC pueden contribuir positivamente a la sostenibilidad, así como sugerir las áreas de acción más convenientes. ASIS ha formulado una Declaración de Intenciones, para que sea firmada por sus miembros, y está colaborando con los Grupos de Acción Industriales en la definición de escenarios y evaluaciones. ASIS pretende reforzar el debate político europeo y demostrar cómo los objetivos de sostenibilidad pueden coadyuvar a la implantación de la Sociedad de la Información.

El artículo de H. Mitomo y H. Oniki contiene una evaluación cuantitativa de los impactos medioambientales de las TIC, tomada de un amplio estudio llevado a cabo por el Ministerio japonés de Correos y Telecomunicaciones (MPT). A nivel mundial, el estudio es único y presenta algunos resultados prometedores. En concreto, el artículo afirma que los efectos netos de una muestra de actividades relacionadas con las TIC contribuirán en un 7% al objetivo japonés de reducción de las emisiones de CO2 para el año 2008, fijado en el Protocolo de Kyoto. Se presentan también evaluaciones detalladas del impacto del teletrabajo, que contribuirá en un 2% a dicho objetivo, y se cuantifican los beneficios del teletrabajo, a nivel privado y a nivel social, para la sostenibilidad medioambiental. Como consecuencia, el artículo sugiere que las instancias políticas deberían estimular el teletrabajo, por ejemplo mediante medidas fiscales.

R. Mansell et al. plantean una visión más general de la sostenibilidad, que abarca estrategias, generación de conocimientos y desarrollo de capacidades, no sólo en la producción sino también en actividades relacionadas con el consumo. El artículo define un marco de referencia y un conjunto de indicadores para medir el desarrollo de la Sociedad de la Información en un área geográfica determinada. La propuesta significa un paso adelante, en cuanto no sólo abarca aspectos infraestructurales, sino también las capacidades de los usuarios y los productores en la Sociedad de la Información. Se presenta un ejemplo de aplicación del conjunto de indicadores a Polonia y España, junto con algunas implicaciones políticas. El marco de referencia y el conjunto de indicadores constituyen una herramienta política prometedora para definir prioridades comparativas, con una visión amplia de lo que la Sociedad de la Información puede suponer para la generación de conocimientos.

El último artículo, por E. Bohlin et al., presenta un panorama de los retos planteados por la reciente tormenta financiera para el desarrollo futuro de la Sociedad de la Información en Asia. La principal conclusión es que probablemente no se modificarán los objetivos políticos fundamentales de la Sociedad de la Información. Ésta constituye un objetivo a largo plazo, lo mismo que la sostenibilidad. Se estudian con más detalle dos países (China y la India), cuyo interés deriva de sus objetivos estratégicos: convertirse en centros de crecimiento e influencia en el siglo XXI. Así, el último artículo retoma las preocupaciones y perspectivas mundiales avanzadas en el primero, cerrando el círculo de este número especial.

Mirando hacia el futuro, la trayectoria tecnológica y el empuje de la Sociedad de la Información pueden dar un nuevo vigor a nuestras ideas y actitudes, con los consiguientes cambios de comportamiento. La exploración en el ciberespacio puede proporcionar a la humanidad algunas perspectivas importantes: la innovación se basa en las redes, los recursos se pueden utilizar sin que se agoten y los individuos se pueden comportar de tal modo que dejen a la generación venidera las mismas, si no más, oportunidades. Podríamos llamar a este enfoque un estilo de vida ciber-ecológico. Como quiera que lo llamemos, la adopción generalizada de una mentalidad basada en los crecientes beneficios y en las redes del ciberespacio puede llegar a ser tan importante como lo fue, en el pasado, el concepto darwiniano de la "supervivencia de los más adaptados" y, desde el punto de vista ético, bastante más atractiva.

Sin embargo, el ímpetu inherente a la Sociedad de la Información no se detendrá aquí. A medida que la Sociedad de la Información impregne nuestra forma de vida, sentiremos la necesidad de procesar la información y de utilizar con discreción los conocimientos adquiridos. El liderazgo en la Sociedad de la Información se centrará menos en la rapidez de la información ("ventaja informativa"), desplazándose hacia el conocimiento. La instrucción no conducirá, sin embargo, necesariamente a la sostenibilidad; será preciso atemperar el poder del conocimiento derivado del oportunismo /sabiduría de las personas y las colectividades. Las regiones que permitan y capaciten a sus habitantes para participar en la búsqueda de la sabiduría (en su amplio sentido ético) conseguirán el crecimiento y la realización de sus ciudadanos.

Nota

1 Para más detalles sobre la evolución hacia un punto de vista más dinámico, véase Leisinger, K. (1998), Sustainable Development at the turn of the century: perceptions and outlook. International Journal of Sustainable Development, vol. 1, nº 1, págs. 73-98, 1998.

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