Desarrollo rural sostenible y cooperación

AutorJosé Luis Cruz Maceín
CargoTrabaja en el Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural Agrario y Alimentario (IMIDRA), y es colaborador del Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación de la Universidad Complutense de Madrid
Páginas5-25
Introducción

Después de medio siglo de esfuerzos para lograr el bienestar de la población mundial, a finales de la década de los noventa los gobiernos, agencias y organismos internacionales se rindieron ante la evidencia de las cifras: la pobreza no sólo no se ha reducido sino que sigue aumentando. La Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social, celebrada en Copenhague en 1995, concluyó que era inaceptable que en un mundo con los avances actualmente existentes, millones de personas sigan sufriendo los efectos de la pobreza extrema.

“La llegada del nuevo milenio es una ocasión para celebrar y reflexionar”, con estas palabras el Secretario General de Naciones Unidas, Kofi A. Annan, iniciaba, unos años después de la Conferencia de Copenhague, el informe con el que instaba a los países del mundo a que se comprometieran con un ambicioso programa para el siglo XXI. Un programa en el que la reducción de la pobreza era el primer objetivo, asumiendo que ésta no es algo natural e inevitable. Según el Fondo Internacional de Desarrollo Agrario (FIDA) se estima que mil doscientos millones de personas cuentan con unos ingresos inferiores al dólar diario, de los cuales el 75% reside en zonas rurales. Así, la lucha contra la pobreza rural es fundamental para el logro de los Objetivos del Milenio, es decir, los objetivos acordados tras la discusión del referido informe de Kofi Annan1.

Este número de la Revista Española de Desarrollo y Cooperación se dedica especialmente al desarrollo rural como un elemento que está resurgiendo, reinventando y adaptando. Prueba de ello son los documentos estratégicos específicos sobre pobreza y desarrollo rural que se están preparando y presentando Page 7 actualmente desde diversos organismos de cooperación, que tratan de incorporar el aprendizaje adquirido tras varias décadas de trabajo con la población de las zonas rurales de los países menos favorecidos, además de adaptar sus propuestas a una nueva realidad internacional y local.

De la pobreza y su distribución

Aunque algunos de los indicadores de pobreza se expresan en términos monetarios, la pobreza va más allá de unos bajos o inexistentes ingresos. Implica carencia de los bienes y servicios necesarios para vivir como son los alimentos adecuados, el agua, la vivienda o el vestuario, la salud, una educación adecuada, el acceso a la tierra y al crédito u otros recursos, la ausencia de discriminación, abuso y violencia, así como la justicia.

La problemática se complica en la medida que va asociada a una falta de capacidades y oportunidades para cambiar estas condiciones, llevando a un desesperante ciclo vicioso difícil de romper. La pobreza se convierte en una barrera que enmudece al que la padece y/o relega en el olvido de los encargados de formular las políticas y de quienes tienen escaso acceso a las instituciones, los mercados, el empleo y los servicios públicos. La pobreza es un problema complejo y multidimensional con orígenes tanto en el ámbito nacional como en el internacional.

Las mujeres, los niños, las personas mayores, las personas con discapacidades, las poblaciones indígenas, los refugiados y los desplazados dentro de sus países son especialmente vulnerables a la pobreza. El programa de acción resultante de la Declaración de Copenhague destaca que la concentración de la pobreza se da en “las zonas rurales de bajos ingresos de Asia y el Pacífico, África, América Latina y el Caribe y los países menos adelantados”. Sin embargo los proyectos de desarrollo se han concentrado sobre todo en zonas urbanas (CE2, 2002). Uno de los motivos apuntados de esta paradójica distribución de recursos es la decepción por los escasos resultados obtenidos en zonas rurales o la búsqueda de objetivos más asequibles en regiones de más fácil acceso y con mayor capacidad de articular poder político.

El marcado perfil rural de la pobreza se está atenuando. Las estimaciones demográficas, indican que esta distribución rural y urbana no se mantendrá durante muchos años. Sin embargo, esto no es argumento para disminuir el Page 8 esfuerzo en las zonas rurales, si no más bien al revés, para aumentarlo. La urbanización es debida al crecimiento vegetativo pero también al éxodo rural. La población se está desplazando de las zonas rurales a las zonas urbanas en respuesta a la falta de equidad en la distribución de los recursos, los servicios y las oportunidades. La pobreza rural es el principal factor que impulsa el éxodo.

Estos movimientos migratorios están formando megaciudades3 y dando forma a una distribución espacial de la población que según una encuesta realizada por el Fondo de Población de las Naciones Unidas4 (UNFPA) no satisface al 80% de los gobiernos de los países en desarrollo. Además, los factores atractivos que impulsan a emigrar hacia las ciudades, contrastan con una realidad en la que los centros urbanos tienen una capacidad muy limitada para absorber desempleados, los pobres y los hogares encabezados por mujeres son más vulnerables a las condiciones del mercado, hay que pagar más por los servicios, los alimentos son más caros, la exposición a algunos riesgos ambientales es mayor, los intercambios están más monetizados5.

La dicotomía rural-antiguo-subdesarrollo versus urbano-moderno-desarrollo ha sido sobradamente superada en las teorías del desarrollo y se impone la urgencia de atajar la pobreza de las zonas rurales apostando por su capacidad para contribuir y alcanzar el bienestar de sus habitantes. Además, el subdesarrollo rural limita el crecimiento de las industrias de las ciudades puesto que incrementa el coste de los alimentos y las materias primas y reduce el tamaño del mercado para los productos manufacturados.6

Estos argumentos obligan a canalizar una parte importante del trabajo contra la pobreza a través del desarrollo rural.

Desarrollo rural sostenible

El trabajo con las zonas rurales ha estado presente en la cooperación internacional desde sus inicios. Los objetivos eran mejorar las condiciones de vida de las poblaciones más necesitadas, y éstas se han concentrado en mayor medida en las zonas rurales. Sin embargo, la forma de plantear las intervenciones ha hecho que la idea de desarrollo rural no haya estado tan presente en Page 9 los últimos años. “Sólo un 25% de los fondos destinados a cooperación de los principales donantes van al desarrollo rural del 75% de los pobres del planeta”7. Esta es una realidad que se está tratando de modificar en organismos como el Banco Mundial, el FIDA o la Unión Europea organizando o revisando sus políticas de desarrollo rural.

El trabajo de cooperación para el desarrollo de las zonas rurales ha ido experimentando cambios sustanciales, en algunos casos extremos, en paralelo a las directrices del pensamiento político económico internacional. Aunque las fechas de unas regiones y de unos países a otros son muy diversas se ha intentado sistematizar a continuación algunas de las características fundamentales de la génesis del desarrollo rural.

Durante la década de los sesenta se apostó por incrementar la producción agraria y a partir de ahí la renta de la población rural. Es la época de la Revolución Verde que estuvo asociada con inversiones públicas de gran escala en infraestructuras, investigación y apoyo para la adopción de nuevas tecnologías. El planteamiento vertical de arriba-abajo estaba orientado a la mejora de los métodos campesinos de cultivo y cuidado de los animales. El desarrollo comunitario fue el concepto con el que se trabajó en aquella época.

Aunque se consiguió incrementar la producción espectacularmente, especialmente en algunas zonas, el desarrollo estuvo marcado por la incoordinación de intervenciones parciales y desvinculadas de otros sectores ajenos a la agricultura. En los setenta se empezó a considerar un fracaso el desarrollo comunitario en la medida que se hicieron patentes sus limitaciones para aliviar la pobreza, se incrementaron las desigualdades entre los pequeños y los grandes agricultores, así como entre las regiones más favorecidas frente a las más pobres. Las propuestas que apostaban por la industrialización y la urbanización no funcionaron. El excedente de mano de obra generado por los cambios agrícolas no pudo ser absorbido por la ciudad. Así, en la década de los setenta se acuñó el concepto de desarrollo rural como estrategia para contrarrestar los efectos negativos del modelo dominante durante la época anterior. Se produce un cambio desde postulados puramente económicos hacia metas que tienen más en cuenta objetivos sociales. Adquieren mayor peso las inversiones sociales. El papel del Estado sigue siendo central. Se hace un nuevo intento modernizador tendente a permitir a los países del tercer mundo superar su atraso tecnológico, apostando por el incremento de la producción agraria para salir de la pobreza. Para ello adoptan nuevas técnicas de extensión agraria, Page 10 poniendo el acento en la necesidad de formación previa de los campesinos y el adiestramiento en nuevas tecnologías.

Se promovía la coordinación de actividades entre diferentes sectores del Estado pero no se establecían los mecanismos adecuados de articulación con las organizaciones de base y las autoridades locales. Al igual que en los sesenta, la planificación era vertical de arriba- abajo y carecía de propuestas precisas con respecto a la participación de las...

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