Derecho penal y derecho canónico

Derecho penal y derecho canónico

Rubén Rial

La otra noche, en el programa 59 segundos, RTVE ofreció a los espectadores el debate planteado sobre los cinco años de pontificado del papa Benedicto XVI. En esta ocasión, el director de Ecclesia, Jesús de las Heras, hizo una defensa numantina de la actuación de la Iglesia en relación con las acusaciones de pederastia.

No fue convincente, ni mucho ni poco. Porque se limitó a presentar una acumulación de datos que podrían haberse resumido en una frase muy corta: "hay otros peores", frase muy parecida al "y tú más" de los políticos y también al "quien sea inocente, que tire la primera piedra" que nos recordó Ratzinger no hace mucho.

Si señor, no cabe ninguna duda. Hay muchos peores. Pero el que otro sea peor nunca puede servir de justificación para un pecador. Tanto el que es peor, como el que sólo ha pecado una vez (o unas pocas), todos deben cargar con su responsabilidad. Por lo tanto, toda la argumentación en relación con el número de delitos cometidos por unos y otros, no quita ni añade nada a la culpabilidad de cada caso.

Pero la razón principal por la cual la defensa del señor de las Heras no fue convincente estuvo en que habló mucho del pequeño (a su juicio) número de curas pecadores, olvidando hablar del pecado de la Iglesia. La pederastia un pecado de algunos curas pero no de la Iglesia. Al contrario, el ocultamiento sistemático de la pederastia en los curas es un pecado del cual la Iglesia y el papa Ratzinger deben responder.

Debe notarse que en el párrafo anterior se ha hablado de un pecado "sistemático", lo cual a primera vista parece una afirmación excesiva. Pero no lo es. Al contrario, cuando el Derecho Canónico establece las normas de disciplina que han de observarse en los tribunales dice que "siempre que, por la naturaleza de la causa o de las pruebas, pueda ponerse en peligro la fama de otros por la divulgación de las actas o de las pruebas, o se dé pie a rencillas o vaya a provocarse escándalo u otro inconveniente semejante, el juez puede obligar a guardar secreto bajo juramento a los testigos y peritos, así...

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