Delitos contra el honor. La calumnia. La injuria

AutorEnrique Agudo Fernández - Manuel Jaén Vallejo - Ángel Luis Perrino Pérez
Páginas329-358
329
CAPÍTULO VIII
DELITOS CONTRA EL HONOR. LA
CALUMNIA. LA INJURIA
1. INTRODUCCIÓN
El Código penal de 1995 mantiene, de un lado, la vieja distinción
entre calumnia e injuria, vigente desde el Código penal de 1848, bajo
la rúbrica de «delitos contra el honor», y, de otro lado, la protección
penal del derecho a la intimidad, el derecho a la propia imagen y la
inviolabilidad del domicilio, en los arts. 197 a 204 del Código penal,
aunque esta última protección es muy limitada, pues a pesar de que la
rúbrica que comprende esos artículos menciona expresamente aque-
llos tres derechos fundamentales, reconocidos como tales en el art.
18 de la Constitución, lo cierto es que la intromisión de la intimidad
se refiere exclusivamente al descubrimiento y revelación de secretos,
bien a través del apoderamiento de documentos o efectos personales,
bien a través de la interceptación de comunicaciones y la escucha,
transmisión, grabación o reproducción con instrumentos técnicos, y,
además, no se regula la anunciada protección penal de la propia ima-
gen. También contiene el Código, entre los delitos contra la Adminis-
tración de justicia, los llamados delitos de acusación y denuncia falsas
(art. 456), muy próximos al delito de calumnia.
Sí cabe destacar la reforma de la Ley Orgánica 1/2015 en mate-
ria de descubrimiento y revelación de secretos, que llevó a cabo una
revisión del art. 197, solucionando algunos problemas de falta de ti-
330 Enrique Agudo – Manuel Jaén – Ángel Luis Perrino
picidad de algunas conductas, como la divulgación no autorizada de
grabaciones o imágenes íntimas obtenidas con la anuencia de la per-
sona afectada, hipótesis delictiva incluida ahora en el apartado sép-
timo de aquel precepto, y añadiendo nuevos artículos (197 bis, 197
ter, 197 quater y 197 quinquies), que ya se examinaron en el capítulo
anterior.
Como puede verse, la técnica legislativa del actual Código penal
en esta materia no ha experimentado cambio alguno verdaderamen-
te novedoso.
¿Es necesaria la distinción entre la calumnia y la injuria? Porque
aunque el legislador del Código penal de 1995 parece entender, a la
vista de las penas previstas, que la primera es más grave que la segun-
da, lo cierto es que esta apreciación no siempre va a ser acertada, por
lo que debería ser el juzgador el que determinara en cada caso la ma-
yor o menor gravedad del ataque al honor, de acuerdo con criterios
éticos sociales o estándares de comportamiento reconocidos social-
mente. Por ello, lleva razón Bacigalupo cuando critica la distinción
de los tipos penales contenida en este Título y de la gravedad de las
imputaciones, según constituyan delito o no 404.
Y tampoco es satisfactorio seguir utilizando los delitos contra el
honor, como parece ser la vocación del legislador, por la regulación
que lleva a cabo del delito de injuria y el tratamiento tan restringido
que hace de la exceptio veritatis, para ofrecer indirectamente la protec-
ción jurídico-penal de la intimidad y la vida privada de las personas que
este derecho no encuentra en el art. 197 del Código penal, pues se trata
de bienes jurídicos, con categoría de derechos fundamentales, diferen-
tes, que, por tanto, requieren una protección penal diferenciada.
2. ¿Q SE ENTIENDE POR HONOR?
2.1. El derecho al honor está reconocido como derecho fun-
damental en el art. 18.1 de la Constitución, lo mismo que ocurre en
otras Constituciones, tratándose de un concepto que ha sido objeto
404
Bacigalupo, E., Delitos contra el honor, Cuadernos “Luis Jiménez de Asúa”,
Madrid, 2000, p. 13.

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