Balance de una década: la riqueza de las naciones y el efecto de la política neoliberal del Gobierno del Partido Popular en la Cooperación Española

AutorRicard Pérez Casado
CargoDiputado del PSOE por Valencia y Portavoz del Grupo Parlamentario Socialista en la Comisión de Cooperación Internacional para el Desarrollo del Congreso de los Diputados
Páginas35-41

Page 36

Como señalan Tony German y Judith Randel en el Informe 2002-2003 de la realidad de la Ayuda, nunca antes habían sido tan ricos los países donantes del mundo que, en marzo de 2002, llegaron a la Conferencia Internacional de Naciones Unidas sobre Financiación para el Desarrollo de Monterrey: mientras que entre los años 1961 y 2000, la riqueza por persona se ha más que duplicado, la Ayuda Oficial para el Desarrollo —después de haber llegado a su punto máximo en 1992, año en el que tuvo lugar la Cumbre de la Tierra en Río— ha disminuido en términos reales casi en un 12%.

Efectivamente, hemos disfrutado en este fin de siglo de un largo período de crecimiento económico continuado, de grandes avances en el tratamiento de las enfermedades y de mejora en los niveles formativos de los pueblos. Sin embargo, las desigualdades entre las personas y los pueblos se acrecientan: el mundo se ha hecho más rico, pero también más desigual. “Nunca fueron tan ricos, nunca tan tacaños”, destacan dichos autores.

¿Qué ha pasado en estos decisivos años de fin de siglo? Convendría reflexionar sobre el impacto del pensamiento neoliberal en el abandono del objetivo del 0,7% fijado por Naciones Unidas en el año 1970 y con el que se comprometieron los 22 Estados miembros del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE.

Como resalta Manuel Iglesia-Caruncho, la llamada “fatiga de la ayuda” y su cuestionamiento en reducir la pobreza y promover el desarrollo, ha servido de excusa, junto a la contención del déficit público, para justificar la reducción de la Ayuda Oficial al Desarrollo desde el 0,33% del PIB promedio de losPage 37 países del CAD alcanzado en los años 80, hasta el 0,22% del PIB de finales de los 90.

Para el neoliberalismo, sólo cuando existen políticas macroeconómicas solventes en el país receptor —entendiendo como tales las políticas liberales ortodoxas— se establece una relación directa entre ayuda y crecimiento económico. En este sentido, el informe Assessing Aid del Banco Mundial (1998), uno de los más influyentes de la década pasada, priorizó la conveniencia de reorientar la AOD en favor de los países con mejores políticas, pues así se conseguiría un uso más eficaz de la misma. Una posición que es la que ha sido adoptada por la Administración Bush, quien anunció en Monterrey que sólo ayudaría a los países que liberalizasen su economía. Argumentación utilizada asimismo, por cierto, por el Secretario de Estado de Cooperación de nuestro país, para justificar la visión condicionada del papel que debe cumplir la AOD española.

Pero conviene precisar que existen distintas visiones acerca de lo que hay que entender por “buenas políticas”.

Es difícil no compartir la idea de que las políticas públicas del país que recibe la ayuda están relacionadas con la eficacia de la misma en la lucha contra la pobreza y la promoción del desarrollo. Pero para la economía liberal y las instituciones financieras internacionales, la responsabilidad del crecimiento descansa básicamente en el sector privado. A favor de dicho sector se encaminaron los programas de reforma estructural exigidos a los países en desarrollo por el FMI y el Banco Mundial durante las dos últimas décadas y que, sin embargo, han fracasado.

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