Crítica de la noción de «máximas de experiencia»

AutorJordi Nieva Fenoll
Páginas210-212
JORDI NIEVA FENOLL LA VALORACIÓN DE LA PRUEBA
210
debidamente y, sobre todo, como ya indiqué, se expliquen en la motivación,
porque sólo de esa forma, realmente, pueden ser impugnados a través de un
recurso contra la sentencia.
Se observará en las líneas que seguirán que dichos criterios son mucho
más sencillos de lo que podía imaginarse en la mayoría de las ocasiones. Y
quizás sorprenderá al lector, sobre todo al lector que sea juez, no haber caído
en la cuenta de los mismos antes. Aunque también habrá, evidentemente,
quien cayendo en el sesgo de «a posteriori», pensará que todo lo que se va a
exponer ya lo utilizaba en su tarea cotidiana. Incluso a ese juez van dirigidas
las siguientes líneas, sobre todo para ayudarle a explicar el uso de dichos
criterios en su motivación, otorgándole la consciencia de que esos criterios
no son, en realidad, intuitivos, sino que poseen un respaldo científico que
puede expresar en la sentencia sin vergüenza alguna, a diferencia de lo que
sucede actualmente, siempre y cuando los utilice adecuadamente, claro está.
A día de hoy, la convicción y la credibilidad no se razonan en realidad. Se
cree, con frecuencia 2, que todo lo que influye en las mismas no es explicable
con palabras. Veremos a continuación que no solamente sí lo es, sino que
debe serlo.
1. CRíTICA DE LA NOCIÓN DE «MáxIMAS DE ExPERIENCIA»
Aparte de la «inmediación», la generalización de la que ha sido víctima
con más frecuencia la libre valoración de la prueba, sobre todo en el siglo xx ,
ha sido la noción de «máximas de experiencia», «leyes del pensamiento» 3,
«reglas de la sana crítica», etc. Ya analicé líneas atrás el origen de esta ex-
presión y cómo la misma, en realidad, intentaba dotar verbalmente de un
cierto cientifismo a las herramientas esenciales de la libre valoración de la
prueba. Aunque de un modo un tanto burdo, porque no se llegaba a explicar,
en realidad, cuáles fueran dichas herramientas. Lo que sean las máximas de
experiencia, u otras expresiones similares, creo que ha sido tratado suficien-
temente por la doctrina 4, sobre todo con el objeto de que su examen fuera
posible en el recurso de casación.
En el fondo, ello constituía simplemente un intento de que la valoración
de la prueba fuera revisada por los tribunales de casación, con la finalidad
de que ese juicio probatorio pudiera ser también objeto de crítica ante los
altos tribunales. Los tribunales de casación, por lo general, siempre han sido
remisos a analizar esos juicios, escudándose en la supuesta restricción de su
2 Vid., entre otras muchas, STS (Sala 2.ª), 8-2-1999 (núm. rec. 2643/1997), FD 1: «La credibi-
lidad del testigo, está sujeta a la percepción directa del tribunal que la recibe, es decir, a la inme-
diación, de forma y manera que sólo el tribunal que directamente ha percibido la prueba puede
valorarla por ser el destinatario de la actividad probatoria, sin perjuicio de la documentación en el
acta del juicio oral que, desde la perspectiva del control casacional, permite constatar que existió
actividad probatoria pero no la valoración de la credibilidad de ese testimonio».
3 Vid., por ejemplo, H.-D. He e s c H e r , Untersuchungen zum Merkmal der freien Beweiswürdi-
gung in § 286 ZPO und § 261 StPO —Versuch einer Neubestimmung—, Münster, 1974, pp. 84 y ss.
4 Vid. Ni e va fe N o l l , El hecho, cit., pp. 149 y ss., y la doctrina allí citada.
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