Condiciones materiales, sociales y políticas: "indígena" vs. Estado Nacional

AutorMarco Aparicio Wilhelmi
Páginas27-42

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Como señala Díaz Polanco "en una perspectiva histórica, la problemática étnica es incompresible fuera de los procesos que determinan el perfil de la sociedad nacional en Hispanoamérica y que, en particular, dan lugar a la aparición del Estado-nación"24. Así es: conocer hoy cuál es el lugar que ocupan los pueblos indígenas en el seno de los países latinoamericanos, esto es, su posición socioeconómica, su tratamiento jurídico, su potencial político e incluso su situación psicológica como pueblos, requiere inevitablemente realizar al menos una aproximación previa (como por otro lado ocurre respecto a cualquier fenómeno social) a las circunstancias históricas en que se gesta la realidad en cuestión. De hecho, sería necesario partir de la situación con la que se encontraron los invasores españoles a finales del siglo XV, pero entrar en ella supondría alargarnos demasiado y suponiendo que dicha situación, junto con las principales características y efectos del proceso de colonización, es conocida suficientemente (al menos respecto de los elementos que interesan a nuestra perspectiva) se abordará directamente el análisis de los elementos fundamentales que caracterizan desde el punto de vista del tratamiento de la diversidad étnica, a los Estados independientes que surgen en Latinoamérica tras el proceso descolonizador.

Sin negar que la historia colonial, como ya se señaló en el marco de la identificación de lo "indígena", explica en gran parte el proceso en que se ven inmersos los pueblos indígenas desde entonces hasta nuestros días, quizás donde haya que poner el acento sea en el momento histórico específico en el que se concreta la aparición del Estado-nación en Iberoamérica. Es el camino cuyo trazado en dichoPage 28 momento se consolida el que realmente acaba por definir la situación de los pueblos indígenas en la actualidad; no es lugar para ponerse a elucubrar con relación a las posibilidades reales que en ese momento histórico existieran para estructurar una sociedad nacional bajo fundamentos distintos, pero, al margen de las condiciones previas, el desarrollo que adquirió supuso algo más que la consolidación de unas tendencias ya iniciadas durante la época colonial.

Pese a que aquí el análisis no se detendrá en las diferencias que se dan entre las distintas regiones y países de América Latina, es evidente que al lado del modelo de sociedad nacional que se consolidaría de manera más o menos general a partir de un conjunto de características esencialmente uniformes, existieron importantes particularidades que serán la causa de un proceso de diferenciación paulatina que se irá acentuando a medida que transcurre el presente siglo25.

Desde la perspectiva del tratamiento de la diversidad étnica en el seno de la conformación de la mayoría de los Estados nacionales latinoamericanos, según Díaz Polanco26, destaca la preocupación temprana y reiterada, que en algunos lugares alcanza el rango de obsesión política, por el carácter "incompleto" o "inauténtico" de la nación misma dada la persistencia de los grupos étnicos; la heterogeneidad sociocultural se observa como un estigma, como algo que debe ser superado mediante medidas que busquen "completar" o "integrar" el tejido social con el claro objetivo de lograr la homogeneidad nacional. Se trata de la traducción al plano político de una arraigada visión antropológica que mana de las fuentes del evolucionismo lineal y etnocéntrico27, que "asentó la convicción de que todas las sociedades humanas pasarían necesariamente por los mismos estadios de evolución. La única trayectoria posible para las llamadas sociedades primitivas sería un esfuerzo de mimetización gradual en términos de los patrones alcanzados por las sociedades consideradas más avanzadas. Las sociedades indígenas no eran vistas, desde esta perspectiva, como una realidad cultural propia que encierra en sí misma todo un potencial diferenciado. Al contrario, se les consideraba como un estadio primitivo e inicial de un proceso unilineal de evolución. Ser indígena correspondía así, en laPage 29 visión antropológica dominante, a un estadio necesariamente transitorio, que se superaría en la medida en que los grupos aborígenes fuesen gradual y armoniosamente incorporados a las sociedades nacionales"28.

En este nuevo esquema, la persona indígena es integrada como ciudadana en condiciones de igualdad. No es concebible la pervivencia de fueros o privilegios que hagan distingos entre las personas. Por ejemplo, el texto constituyente mexicano de 1821 ("Plan de Iguala") expresa de manera clara que "Todos los habitantes de la Nueva España, sin distinción alguna de europeos, africanos ni indios, son ciudadanos de esta monarquía"29. Lo que sucede es que entran en el espacio constitucional sin tener espacio propio: su nueva posición dista formalmente del lugar subordinado que ocupaba según las leyes de la colonia, pero la ubicación que se le da a cambio es la de no tener ubicación si no es renunciando a su propia identidad para conseguir integrarse en el único mundo constitucionalmente concebible. Para expresarlo en palabras de Clavero "el problema en total estaba, lo seguía estando, venía a estarlo ahora más que antes, en la diferencia de etnia con una distinción de cultura que era improcesable entonces por el sistema constitucional. Así se optaba en definitiva por la abstracción, por la eliminación del dato para el ordenamiento, por la exclusión constitucional en suma. El indígena que permanece en su cultura y en su comunidad, con su lengua y sus costumbres es sujeto, pero no puede serlo. No puede serlo en un ordenamiento en el que no caben tales cosas. Lo es, podrá serlo, si las abandona. No hay espacio realmente constitucional para el estado de etnia"30.

Esa es la corriente que acaba imponiéndose en el conjunto de Latinoamérica, dejando atrás otras tendencias que en los primeros momentos revolucionarios también recibieron eco y que conectando con las reflexiones de jesuítas humanistas del siglo XVIII defendían el protagonismo del mestizo como heredero de dos grandes culturas y, sin negar la importancia de ninguna de las dos, antes al contrario, concebían una realidad específica y propia alrededor de la cual era posible aglutinar un nuevo sentimiento de nacionalidad superador de diferencias. Incluso se hicieron explícitas tesis que reivindicaban el movimiento de independencia como proceso generado por la idea de recuperar el ejercicio de la soberanía arrebatada, lo que implicaba "saltar toda la época colonial y entroncar con el México precolombino". Pero como ya vimos, "los que realizaron la independencia son justamente criollos, es decir, descendientes de los conquistadores españoles, yPage 30 mestizos aculturados que comparten los valores culturales de esos criollos" con lo que al final se impuso un modelo que partía de buscar "la independencia y el nuevo orden de cosas fundados única y exclusivamente en el rompimiento de la historia, la tradición y los recuerdos"31. E incluso en aquellos momentos en los que el discurso político busca la carga ideológica del empleo de lo indígena en la definición de nacionalidad, en la práctica el modelo a seguir sigue estando en ese rompimiento pero no sólo con la historia sino también con la realidad social existente32. A lo sumo, el papel del Estado va a incluir la promoción de alguna política protectora del o de la indígena pero siempre desde la perspectiva de la promoción de medidas encaminadas a la superación de la marginación por medio de la integración-asimilación33.

Al respecto, Cordeiro34 señala que "... la construcción del Estado nacional implicó la destrucción de los particularismos culturales. La figura del indio, sin embargo, se asumió como elemento diferenciador de la matriz europea de las antiguas colonias. Es por eso por lo que los estados nacionales y sus élites reconocieron desde el principio la necesidad de incorporar los grupos a la sociedad nacional, no sólo como mano de obra en un contexto de dominación económica, sino también como piezas simbólicas de la ciudadanía. Esa paradoja resume la relación de las etnias con el Estado. En ella conviven elementos de dominación y de incorporación/protección de las etnias autóctonas en el seno del Estado. El Estado se coloca para los indios, simultáneamente, como institución ajena a su tradición cultural, como expresión delPage 31 yugo del extranjero, y como única instancia de protección frente a la sociedad que amenaza con destruirlos"35. En mi opinión, habría que matizar ya que en rigor no se da ningún tipo de protección al "grupo" indígena en sí mismo, sino como mucho a sus miembros individualmente considerados. En ese contexto se incluyen todas las medidas de tutela (propias también de la época colonial) que caracterizan, entre otras, la regulación brasileña de la época en relación con los "silvícolas", ideadas como régimen necesario de asistencia en sus relaciones con la sociedad envolvente36. Por otra parte, cabe apuntar que en los momentos en que en el discurso criollo se incluían referencias de lo indígena era más bien en términos de una valoración de la grandeza indígena del pasado, mientras que en relación con las sociedades indígenas de la época la actitud era más bien de recelo cuando no de desprecio.

Lo que hemos visto hasta el momento debe ser ubicado en el contexto de la endeblez del primer aparato estatal de cualquiera de las jóvenes repúblicas tras la ruptura con la metrópoli, una debilidad que parte de la existencia de una sociedad muy fragmentada, atada por los lastres de la estructura socioeconómica colonial que impiden que la incipiente y frágil burguesía local (empresarios agrarios y comerciantes criollos) se erija como motor, como elemento cohesivo de la nueva sociedad nacional, no pudiendo apenas desarrollarse en el estrecho margen que le dejaban los monopolios, mayorazgos, fueros y demás instituciones coloniales. Sin ese motor no es posible la supresión rápida de los esquemas...

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