Comentario a Artículo 476 del Código Penal

AutorSergio Amadeo Gadea
Cargo del AutorAbogado Criminólogo
Páginas547-548

Page 547

- Sin jurisprudencia de los párrafos 1 y 2

La eximente de obediencia debida no legitima ni excusa la obediencia a órdenes que constituyan delito, en particular contra la Constitución. Dicho esto, cabe señalar que la eximente de obediencia debida, está definida por la doctrina clásica como causa de justificación o de exclusión del injusto, mientras que, hoy día, se la califica como una causa de exclusión de la culpabilidad, imbricada además con la inexigibilidad de otra conducta, toda vez que, el que obedece, no actúa con su propio raciocinio y por su capacidad de querer, sino que se halla bajo el influjo de un error esencial supuesto que cree equivocadamente que se le manda un acto justo, sin que, además, el Derecho puede incurrir en la contradicción de encontrar justa la ejecución de una orden injusta; no obstante todavía subsisten opiniones doctrinales que sostienen que se trata de una causa de justificación, distinguiéndola del cumplimiento del deber porque, en éste, la conducta del agente se relaciona directamente con la Ley sin la intermediación del superior jerárquico o sin la voluntad del dicho superior; en la primera -obediencia debida- hay una triple relación, superior-inferior, inferior-tercero y superior-tercero, que no se da en el cumplimiento del deber. Históricamente, en el Derecho romano, se hablaba de «necessitas obediendi», añadiéndose que, «in damnum dat qui jubet dare; ejus vero nulla culpa est cui parere necesse est», y que es responsable sólo quien manda un acto ilícito y no quien obedece, salvo cuando lo mandado por el superior entraña «atrocitatem facinoris», es decir, un delito grave. En el Derecho germánico la obediencia excusaba siempre al súbdito; en Las Partidas -Partida VII, Título XI, Ley V-, eco fiel del Derecho romano, se disponía que, el hijo, vasallo, siervo, pupilo menor de 25 años, fraile o monje «que fiziese daño en cosas de otro por mandado de aquél en cuyo poder estuviese, non sería tenudo de facer enmienda del daño que así fuesse fecho. Mas aquél lo debe pechar, por cuyo mandato lo fizo. Pero si alguno de estos deshonrase, o firiese, o matase a otro, por mandato de aquel en cuyo poder estuviese, non se podría excusar, por que non es tenudo de obedecer su mandato en tales cosas como estas; e si lo obediecere, o matare, o fiziera algunos de los yerros sobre dichos, debe haber pena, también como el otro que lo mandó fazer»; y algún jurista de la época añadió «si vere quod mandatur este de...

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