El Catastro y los Notarios: Su tratamiento

AutorPedro Albiol Mares
Páginas71-78

El objeto de este escrito y de los que le seguirán, no es otro que el de recoger, sin ninguna pretensión doctrinal, que corresponde a otros lugares, aquello de lo que se trate en las mesas redondas que se celebrarán en el Colegio Notarial, los últimos miércoles de mes, y todo ello haciéndolo además de una manera somera, sin ocupar demasiado espacio ni tiempo del lector.

Pues bien, en esta línea de acción, el día 29 de enero de 1997 se celebró en el Colegio Notarial una mesa redonda, cuyo orden del día es conocido por todos y que versó fundamentalmente sobre lo que ha sido «La sorpresa de Reyes»: EL CATASTRO.

La discusión fue larga, el primer tema que se planteó fue si bastaba con incorporar el último recibo del I.B.I. (léase testimonio del mismo), o por el contrario era suficiente transcribir la referencia catastral, o si cabían otras actitudes. El que escribe, modestamente, expuso que resolver esta cuestión exigía resolver otra previa: ¿Qué actitud se nos exige a los Notarios en la Ley 30 de diciembre de 1996? Contesté que estimaba que se nos pedía colaboración con el Catastro y que desde este punto de vista, debíamos controlar no sólo el título en relación al contenido del Registro, sino que a partir de ahora lo era Título + Registro + Catastro, por ello no consideré que bastaba la mera constancia de la referencia catastral, ni tampoco la incorporación sin más del recibo del I.B.I., o en su defecto el certificado catastral.

Todo ello me llevó a exponer que, o bien en el cuerpo de la Escritura, o bien mediante Anexos o Diligencias posteriores, debía de figurar alguna manifestación del Notario, relativa a la identidad o no de la referencia catastral, en relación a la identidad de la finca que aparece en la Escritura, y que además ello nos serviría con el adecuado tratamiento informático para la confección de las comunicaciones que nos exige el art. 55 de la citada Ley.

Señalé además, que si bien desde un punto de vista estricto y pegado a letra de la Ley, bastaría sólo con dos supuestos, a saber, los que no aportan y los que, aportando, no coinciden. Desde un punto de vista de la realidad jurídica los supuestos son cuatro: 1) Los que no aportan; 2) Los que aportan y coincide; 3) Los que aportan y no coincide; y 4) Los que no tienen, ni pueden tener.

Respecto a este último supuesto, es evidente que desde el punto de vista de las comunicaciones a las que nos obliga el art. 55 de esta Ley, es lo mismo no aportar que no tener, pero es...

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