Capital social y desarrollo rural sostenible: revisión desde el terreno

AutorJosé Luis Cruz Maceín - Gilles Casals
CargoTrabaja en el Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural Agrario y Alimentario (IMIDRA), y es colaborador del Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación de la Universidad Complutense de Madrid (IUDC- UCM). - Coordinador de proyecto de la Fundación IPADE en Bolivia
Páginas87-101
Introducción

El análisis de la cooperación para el desarrollo supuso el cuestionamiento de un modelo centrado en medidas económicas. La política económica, per se, no es suficiente. Como consecuencia, en los últimos tiempos han ido adquiriendo cada vez más relevancia los aspectos socioculturales. La Conferencia Mundial sobre Desarrollo Social (Copenhague, 1995) confirmó la emergencia de una determinación colectiva para considerar la dimensión social como una de las principales prioridades de la política nacional e internacional para el desarrollo.

Durante el lustro transcurrido hasta la Conferencia “Copenhague +5” el rol del capital social fue una de las cuestiones debatidas, y fue reconocido por Naciones Unidas y sus estados miembros como uno de los elementos importantes para lograr las metas de la Declaración de Copenhague. El concepto o paradigma (según los autores) de capital social ha sido una de las últimas incorporaciones a la teoría del desarrollo y cada vez es más reconocida su relevancia para la lucha contra la pobreza.

La mayor parte de los trabajos realizados sobre capital social se han limitado a ajustar y definir el concepto, averiguar cuáles son las variables que lo componen, cómo surge o se construye, pero son pocos los casos en los que se ha aplicado a situaciones reales y concretas. Hasta fechas muy recientes las Page 89 pocas experiencias que había se centraban en el ámbito urbano. El presente artículo hace una revisión de la presencia y aportación del capital social en el desarrollo rural sostenible para lo cual se revisa el concepto, su relevancia para la lucha contra la pobreza en las zonas rurales y se recoge la experiencia sobre el terreno desde la óptica de una ONGD.

Capital social

La pobreza ha dejado de ser una cuestión exclusivamente económica. En la década de los noventa el PNUD elaboró el índice de desarrollo humano tratando de incorporar nuevas dimensiones que permitiesen dar idea de la situación de desarrollo de un país. La pobreza es “un síndrome situacional en el que se asocian el infraconsumo, la desnutrición, las precarias condiciones de vivienda, los bajos niveles educacionales, las malas condiciones sanitarias, una inserción inestable en el aparato productivo, actitudes de desaliento y anomia, poca participación en los mecanismos de integración social, y quizá la adscripción a una escala particular de valores, diferenciada en alguna medida de la del resto de la sociedad”1.

Para hacer frente a esta multidimensionalidad de la pobreza se está trabajando actualmente sobre propuestas metodológicas que vayan más allá de lo económico. Al hacer el análisis de una situación y determinar los activos de los que se dispone para mejorarla, se pueden distinguir varios tipos de capital2: financiero, físico, ambiental, humano y social.

El capital financiero hace referencia a la disponibilidad de dinero en metálico o equivalentes, que permite a los pueblos adoptar diferentes estrategias para satisfacer sus necesidades3.

El capital físico comprende las infraestructuras básicas y los bienes de producción.

El capital ambiental hace referencia a las partidas de recursos naturales de las que se derivan los flujos de recursos y servicios (por ejemplo, ciclos de nutrientes, protección de la erosión) útiles en materia de medios de vida. Ha abierto una Page 90 línea de trabajo que todavía debe desarrollarse bastante, especialmente tratando de cubrir el interfaz con el capital social.

El capital humano son las aptitudes, conocimientos, capacidades laborales y buena salud que en conjunción permiten a las poblaciones entablar distintas estrategias y alcanzar sus objetivos.

El concepto de capital social es de muy reciente incorporación y por tanto todavía no existe un consenso sobre su contenido exacto. Bajo diversas denominaciones, ha estado presente en la sociología desde sus inicios. Sin embargo, fue en la década de los ochenta cuando autores como Pierre Bourdieu4, James S. Coleman, Robert Putnam5 lo recuperaron e incorporaron a estudios y trabajos de actualidad. El Banco Mundial (BM), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) o la Unión Europea (UE), junto con los países signatarios de la Declaración de Copenhague, están trabajando actualmente sobre la tesis de que el capital social contribuye al bienestar individual, a la cohesión social y al desarrollo económico sostenible.

Como ya se ha indicado, existe un amplio debate sobre la definición de capital social. Pierre Bourdieu6 lo definió como el “conjunto de recursos actuales o potenciales que están vinculados a la posesión de una red duradera de relaciones más o menos institucionalizadas de reconocimiento mutuo”. Putnam por su parte amplió el concepto de forma explícita hasta aplicarlo a las organizaciones y las comunidades. Destacó, junto con las redes, las normas y la confianza que facilitan la cooperación para beneficio mutuo.

Las relaciones causales entre el capital social y la mejora de la calidad de vida o la reducción de la pobreza también son objeto de debate, pero algunos autores consideran que la coordinación de actividades, la toma de decisiones de forma colectiva, la dinamización de los intercambios comerciales y de la actividad económica, serían algunas de sus aportaciones (Uphoff y Wijayaratna, 2000). Además, contribuiría al fortalecimiento de la democracia, y facilitaría la difusión del conocimiento y la innovación.

Hay muchas formas de descomponer y hacer operativo el concepto de capital social. Una de las referencias más frecuentes se centra en la creación de grupos de interés o trabajo y redes entre grupos. Sin embargo, todavía no se Page 91 ha detectado una relación directa entre el surgimiento de asociaciones y la creación de capital social.

La CEPAL7 establece una división en seis formas de capital social:

a) Capital social individual: se manifiesta en relaciones diádicas. Son relaciones que tienen carácter de contrato informal, con contenido de confianza y reciprocidad. Cada cual tiene su red, distinta de la de los demás.

b) Capital social grupal: es una extensión de la redes egocentradas, cuando se cruzan muchos vínculos en un grupo todos se conocen. Las relaciones son más densas y el grupo es capaz de funcionar como equipo.

c) Capital social comunitario: es el nivel en el que el capital social llega a ser plenamente colectivo. A diferencia de lo que sucede con el individual y el grupal, el ser integrante de la comunidad no depende del reclutamiento por parte de una persona, sino que es un derecho de todos los miembros. No reside sólo en el conjunto de las redes de relaciones interpersonales diádicas, sino en las estructuras que forman la institucionalidad de cooperación comunitaria, en sus estructuras de gestión y sanción.

d) Capital social puente: Una extensión importante de los capitales anteriormente citados son los vínculos que permiten que el grupo entre en contacto con otras personas e instituciones distantes. En esta función destacan los vínculos horizontales, es decir, los que se establecen entre actores de similar poder.

e) Capital social “de escalera”: Puede haber relaciones de confianza, reciprocidad y cooperación en que el grado de control y el capital social de una de las partes sean mayores que los de la otra. En un contexto democrático, esta modalidad puede servir para empoderar y desarrollar sinergias. Además, da acceso a recursos económicos y políticos.

f) Capital social societal: se centra en los vínculos intergrupales que existen en una sociedad.

Jules Pretty y Hugh Ward (2001) describen las fases por las que pasaría un grupo o comunidad, y que culminarían con la creación de capital social sólido y duradero:

Reactivo- dependencia: estaría asociado con los momentos iniciales de la formación de un grupo que tiene intención de alcanzar un objetivo común. Suele ser como reacción a una amenaza o crisis. Reconocen la importancia del grupo- pero las normas de funcionamiento proceden o son impuestas desde fuera. Hay miedo al cambio y preferirían que las cosas volviesen a la situación existente antes de la crisis.

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Realización- independencia: se incrementan las capacidades del grupo y la independencia...

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