La biodiversidad en el contexto de la cooperación internacional

AutorJosé Antonio Pascual
CargoPresidente de Amigos de la Tierra - España (www.tierra.org)
Páginas27-44

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Un Convenio para la diversidad de la vida

El 5 de junio de 1992, como parte de los acuerdos de la Cumbre de Río de Janeiro, se abrió a la firma de los Estados el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CNUMAD, 1992). En el mes de diciembre del año siguiente, reunidas las ratificaciones de 30 países, entró en vigor. Recientemente (7-19 de abril de 2002) se ha celebrado la Sexta Reunión Ordinaria de la Conferencia de las Partes del Convenio (que, en la jerga oficial, significa la sexta reunión de países que han ratificado y, por ello, están comprometidos con el contenido del Convenio). En el cuadro adjunto se resumen las reuniones ordinarias (6) y extraordinarias (solo 1, en la que acordó el llamado Protocolo de Bioseguridad) habidas hasta hoy.

Primera Reunión Ordinaria - Nassau, Bahamas

28 Noviembre - 9 Diciembre 1994

Segunda Reunión Ordinaria - Yakarta, Indonesia

6 - 17 Noviembre 1995

Tercera Reunión Ordinaria - Buenos Aires, Argentina

4 - 15 Noviembre 1996

Cuarta Reunión Ordinaria - Bratislava, Eslovaquia

4 - 15 May 1998

Primera Reunión Extraordinaria - Cartagena, Colombia y Montreal, Canadá

22 - 23 Febrero 1999 y 24 - 28 Enero 2000

Quinta Reunión Ordinaria - Nairobi, Kenia

15 - 26 Mayo 2000

Sexta Reunión Ordinaria - La Haya, Holanda

7 - 19 Abril 2002

El Convenio de Biodiversidad se estableció con la intención de tratar de alcanzar tres objetivos básicos, que aparecen referidos en el artículo 1:

la conservación de la diversidad biológica, la utilización sostenible de sus componentes y la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos”.

Evidentemente, la razón de tener que establecer un tratado internacional al respecto radica en que ninguno de los tres objetivos está asegurado en laPage 29 actualidad a escala global: la biodiversidad se está reduciendo de forma alarmante, la utilización de la misma se desarrolla en demasiados casos de una forma insostenible (lo que provoca la erosión de formas genéticas, la extinción de especies y la degradación o alteración de los ecosistemas) y los beneficios que reporta esa utilización no conocen un reparto mínimamente equitativo o justo entre la población mundial.

En 2000 se acordó abrir a la firma de las Partes un Protocolo destinado a abordar los aspectos de bioseguridad (conocido como Protocolo de Bioseguridad o de Cartagena de Indias, por haber sido acordado en esta ciudad colombiana). El objetivo de ese Protocolo es:

contribuir a garantizar un nivel adecuado de protección en la esfera de la transferencia, manipulación y utilización seguras de los organismos vivos modificados resultantes de la biotecnología moderna que puedan tener efectos adversos para la conservación y la utilización sostenible de la diversidad biológica, teniendo también en cuenta los riesgos para la salud humana, y centrándose concretamente en los movimientos transfronterizos”.

El Protocolo de Bioseguridad constituye una aplicación práctica del llamado Principio de Precaución incluido en la Declaración de Río de Janeiro de 1992:

Con el fin de proteger el medio ambiente, los estados deberán aplicar ampliamente el criterio de precaución conforme a sus capacidades”.

El Convenio sobre la Diversidad Biológica cuenta actualmente con 183 Partes (lo han firmado 168, aunque no todos ellos lo ratificaron luego; algunos otros han entrado directamente a través del mecanismo que se conoce como accesión), mientras que el Protocolo de Bioseguridad es vinculante actualmente sólo para 18 Partes, aunque ha sido firmado por 103. Las Partes de un convenio son los Estados u organismos de integración económica regional (la Comunidad Europea es Parte) que lo han firmado o ratificado o se han comprometido directamente en un solo paso llamado accesión. Si se ha firmado, pero no ratificado, el convenio no es plenamente vigente para ese Estado.

Es interesante destacar que Estados Unidos no quiso firmar el Convenio en Río de Janeiro, aunque lo hizo (ya con Clinton en la Casa Blanca) en 1993. Nunca lo ha ratificado como tampoco, evidentemente, el Protocolo. En esta situación coincide con Afganistán, Kuwait, Tailandia y Tuvalu, lo que no deja de resultar llamativo. Le acompañan en esta lista de Estados que no se quieren comprometer con el Convenio Bosnia y Herzegovina, Brunei, Irak y Somalia, ninguno de los cuales lo ha firmado.

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España firmó el Convenio el 13 de Junio de 1992 y lo ratificó el 21 de diciembre de 1993. A su vez, firmó el Protocolo el 24 de mayo de 2000 y lo ratificó el 16 de enero de 2002. Ambos tratados, por tanto, constituyen compromisos de España ante la comunidad internacional.

Biodiversidad: ideas generales

La biodiversidad (o diversidad biológica) es, de acuerdo con el propio texto del Convenio, que la define en su artículo 2:

la variabilidad de organismos vivos de cualquier fuente, incluidos, entre otras cosas, los ecosistemas terrestres y marinos y los complejos ecológicos de los que forman parte; comprende la diversidad dentro de cada especie, entre las especies y de los ecosistemas”.

Quiere esto decir que por biodiversidad se entiende todo lo contenido en la noción de diversidad o variabilidad de la vida, siendo frecuente organizar esa diversidad en tres componentes muy relacionados entre sí: la variedad de genes (o diversidad genética), la variedad de especies u otra categoría de clasificación de los organismos vivos (o diversidad de especies, que forma parte de la llamada diversidad taxonómica) y la variedad de ecosistemas (o diversidad de ecosistemas).

Esta clasificación tiene, sin duda, un sentido organizador y descriptivo de la diversidad de la vida, pero, en realidad, supone la identificación de tres componentes sumamente interdependientes y difíciles de separar en la práctica (PASCUAL TRILLO, 1997, 2001).

Así, las especies están formadas por organismos vivos que contienen importantes diferencias genéticas entre sí; diferencias que van desde la diferenciación individual (todos los organismos son, por lo general, genéticamente diferentes entre sí, con la excepción de aquellos que proceden de sistemas de reproducción asexual, frecuentes en bacterias y plantas, y siempre que no haya habido por medio mecanismos de mutación o de intercambio genético) hasta la diferenciación de poblaciones distintas caracterizadas genéticamente por rasgos propios determinados (que, en el caso de tratarse de tendencias más o menos manifiestas hacia la formación de nuevas especies, reciben el nombre de subespecies). Por ello, la viabilidad a largo plazo de una especie, desde una perspectiva evolutiva, descansa en la existencia necesaria de variabilidad genética (intraespecífica) que le permita afrontar un futuro incierto y muy probablemente variable, con posibilidades. Las especies que pierden variabilidad genética de forma acusada pueden quedar condenadas a la extinción.

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Por su parte, las especies viven en ecosistemas determinados, formando parte de las biocenosis o comunidades de seres vivos. La desaparición de especies en los ecosistemas provoca cambios en su estructura, en el sentido de contribuir por lo general a su simplificación, que en caso de resultar muy acusada puede terminar haciendo imposible el desarrollo de una funcionalidad ecológica normal. El ecosistema entonces se transforma y esa transformación puede llevar el estigma de la desaparición de muchas de sus especies componentes, incapaces de sobrevivir en un medio que ha cambiado drásticamente. Esta situación es hoy frecuente en muchos ecosistemas que muestran una estructura muy alterada que hace inviable que sigan funcionando como lo venían haciendo durante siglos. Es un caso frecuente, por ejemplo, en muchos bosques que han sufrido talas excesivas o en humedales cuya degradación les ha convertido en charcas contaminadas o en espacios desecados de escasa capacidad productiva. Actualmente estos procesos de degradación, destrucción o alteración de los hábitats de las especies están considerados como la primera causa de extinción de las formas vivas.

La interrelación estrecha entre los tres componentes de la biodiversidad hace que resulte imperativo trabajar atendiendo a los tres frentes si el objetivo reside en mantener la biodiversidad sin merma de ninguno de ellos. De nada valen políticas o actuaciones empeñadas en atender solamente a la cuestión de las especies (y fundamentalmente de las más emblemáticas o vistosas), ya que estarán condenadas al fracaso si no atienden igualmente al mantenimiento de la diversidad en el ámbito de las variantes genéticas (generalmente con un sentido de adaptación local) o a la diversidad de ecosistemas en donde habitan las especies.

Es por esta razón por la que el enfoque más razonable estriba en trabajar con la vista puesta en la gestión de la biodiversidad desde las escalas más amplias e inclusoras de sus componentes hacia las más concretas, es decir, desde los ecosistemas hacia las variedades genéticas. Así ha sido reconocido por la Quinta Reunión del Convenio, en la que una decisión adoptada hace suya la descripción del enfoque por ecosistemas y las consecuencias que presupone para la orientación operativa de las medidas a desarrollar, recomendándose la aplicación de los principios derivados de este enfoque.

La gestión o enfoque de...

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