La ayuda de Estados Unidos y de la Unión Europea a Israel y Egipto: cooperación...¿al desarrollo?

AutorJuan Pablo Prado Lallande
CargoLicenciado en Relaciones Internacionales por la Universidad Nacional Autónoma de México y Magister en Cooperación Internacional por el IUDC
Páginas169-186

No siempre la cooperación bilateral ha respondido a fines legítimos de desarrollo económico y social, sino que también ha servido para promover las doctrinas, ideas o prácticas de los donantes.

Víctor L. Urquidi

Introducción

La ayuda internacional tiene como propósito esencial atender los intereses del donante y del receptor, aunque en sentidos distintos y complementarios.

En el marco de las relaciones intergubernamentales de colaboración entre el Norte y el Sur, los propósitos de los primeros, por su mayor peso y capacidades en términos de poder, suelen influir de forma determinante en la programación y ejecución de la cooperación practicada con los segundos. Así, ciertas actividades de ayuda, además de ser un ejercicio de solidaridad, pueden interpretarse también como relaciones estratégicas entre gobiernos aliados, donde el fomento del desarrollo no es prioritario. Evidentemente el alcance, las características y los efectos de esta compleja dinámica varían respecto al grado de convergencia de intereses entre los cooperantes y los asistidos en cuestión, durante un contexto histórico determinado.

Desde hace décadas y hasta hoy en día, Israel y Egipto han recibido cuantiosas sumas de ayuda internacional, hecho que les ha conferido ocupar los primeros lugares mundiales de recepción de estos recursos externos. Estados Unidos (EEUU) es el principal donante de ayuda —especialmente militar— a ambos países, por un monto cercano a los 5.000 millones de dólares anuales. Por su parte, la Unión Europea (UE) a través de la Comisión, ha destinado Page 171 también una considerable cuantía de Asistencia Oficial al Desarrollo (AOD) a Egipto, mientras que con Israel mantiene varias relaciones de colaboración, fundamentalmente en el ámbito comercial.

El argumento central de la presente investigación asienta que esta ayuda, a pesar de su importante cuantía, no contribuye decididamente a la atención de las necesidades sociales ni económicas de las poblaciones receptoras señaladas. Más bien, lo que se percibe es que la ayuda a Israel y a Egipto es preferencialmente un instrumento político diseñado por las autoridades donantes y receptoras, con la finalidad de mantener las alianzas geoestratégicas y comerciales existentes entre sí, de cuyos beneficios es excluida la mayoría de los nacionales de ambos países del Levante. Entre los efectos generados por dicha situación destaca que esta cooperación, al no establecer en la praxis la promoción del desarrollo social como prioridad, no ha coadyuvado eficazmente a la conformación de un espacio mediterráneo de paz y estabilidad; un objetivo expresamente declarado por los donantes descritos.

¿Por qué EEUU y la UE han promovido y mantenido relaciones privilegiadas de colaboración con Israel y Egipto? ¿Cuáles son los propósitos que Washington y Bruselas pretenden conseguir mediante sus respectivas alianzas con estos gobiernos mediterráneos? ¿Cuáles son las principales coincidencias, divergencias y efectos de las estrategias de apoyo externo que dichos donantes promueven en los referidos países? ¿Son ambas fuentes de cooperación internacional instrumentos eficaces y complementarios de apoyo al desarrollo y al proceso de paz en Oriente Medio?

Tras procurar responder a los anteriores cuestionamientos, este trabajo presenta un panorama general sobre los motivos, las características y los resultados de la ayuda externa de la Unión Americana y Europea a Tel Aviv y al Cairo, sus repercusiones nacionales y regionales, así como su incidencia en el actual sistema internacional de ayuda.

La ayuda internacional Algunos fundamentos políticos y geoestratégicos

La ayuda proporcionada por los donantes mediante diversas modalidades de colaboración procura atender, ya sea tácita o explícitamente, cinco objetivos fundamentales en sus aliados: promover su estabilidad y seguridad; reforzar sus capacidades defensivas; intentar influenciarles política y económicamente; aliviar el sufrimiento humano; e incentivar el desarrollo económico y social de sus receptores (Bandow, 1995: 16).

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Por lo anterior, se puede aseverar que la ayuda internacional tiene como propósitos fungir como un elemento complementario a los esfuerzos nacionales de desarrollo y, en determinados casos (y junto a otras políticas coercitivas), procurar que el receptor mantenga ciertas conductas afines a los designios del donante (Collier, et al, 1997: 1400).

De esta forma, algunos proveedores de ayuda han encontrado en el suministro de este recurso un mecanismo de promoción de sus intereses estratégicos en terceros países, mediante acciones menos costosas y desgastantes respecto a las tradicionales presiones político-diplomáticas (como las sanciones económicas) o del uso de la fuerza militar.2

En este sentido, la postura realista considera que la ayuda internacional debe ser diseñada para conseguir los intereses del donante. Desde esta particular visión, que asumen algunos donantes como eje para sustentar buena parte de actividades de colaboración, la ayuda es interpretada como un asunto inseparable del poder (Hook, 1995: 34).

Aunque sería un error catalogar la totalidad de los fundamentos de la ayuda con base en la matriz realista,3 la subordinación de la cooperación internacional respecto a intereses políticos, militares y geoestratégicos ha generado, por ejemplo, que históricamente buena parte de la financiación al desarrollo no se destine a los países más pobres.4 En lugar de ello, la ayuda ha sido proporcionada en su mayoría a los gobiernos de los Estados del Sur más relevantes en el concierto internacional, ya sea por su importancia política, geoestratégica o económica durante un periodo histórico definido (véase cuadro 1).

En palabras de Carlos Illán, el actual sistema de cooperación, a semejanza con el practicado durante la guerra fría, continúa regulándose por la máxima “la

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ayuda a los aliados está por encima de la ayuda al desarrollo” (Illán, 2004: 154).

Cuadro 1. Principales receptores de AOD y AO mundial 2001-2002


AOD Mill dls. AO Mill. dls.
Pakistán 2.144 Fed. Rusa 1.301
Mozambique 2.058 Polonia 1.160
Serbia y Montenegro 1.931 Israel 754
Rep. Popular China 1.476 Rumania 701
India 1.463 Ucrania 484
Indonesia 1.308 Hungría 471
Egipto 1.286 Polinesia 418
Afganistán 1.285 Rep. Checa 393

Fuente: OECD, 2004a y 2004b

Como se verá posteriormente, la ayuda de EEUU y la UE destinada a Israel y Egipto no escapa a las consideraciones arriba referidas, en el sentido de ser, más que un instrumento de apoyo al desarrollo de ambos países, una herramienta política-económica diseñada preferentemente para mantener las alianzas existentes entre las autoridades de las partes indicadas.

Así, esta colaboración más que fungir como un catalizador de desarrollo, en realidad resulta funcional al histórico y tradicional modelo clásico de ayuda; éste caracterizado, a grandes rasgos, por no incentivar decididamente las transformaciones políticas y económicas necesarias para combatir la desigualdad internacional. En lugar de ello, la ayuda proporcionada por algunas potencias ha sido afín al patrón de relaciones Norte-Sur, donde los intereses de los primeros, en alianza con los gobiernos de los segundos, en ocasiones priman respecto a las necesidades sociales y económicas de estos últimos.

Es decir, determinadas actividades de cooperación internacional de carácter intergubernamental han contribuido en cierta medida al mantenimiento de las relaciones políticas y económicas internacionales a favor de los más poderosos (del Norte y Sur). En esta dinámica, las capas sociales más vulnerables no han obtenido el apoyo al que en principio éstas deberían acceder a través de dicho instrumento de solidaridad y poder en las relaciones internacionales contemporáneas.5

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Historia y motivos del suministro de ayuda a Israel y Egipto

La ayuda de EEUU y otros donantes destinada al Oriente Medio no fue significativa sino a partir de la década de los setenta, especialmente tras la guerra del Yom Kipur de 1973.6

La razón por la cual algunas potencias Occidentales y Orientales proporcionaron crecientes montos de ayuda a ciertos países de esta zona se explica por la importancia geoestratégica (energética, económica y de seguridad) de dicha región en el marco de la guerra fría, particularmente después del conflicto de octubre y crisis del petróleo de 1973, y de la revolución iraní de 1979. En este contexto, Israel y Egipto, por su protagónico papel durante ese momentum histórico, resultaron los principales receptores (regionales y mundiales) de estos recursos provenientes del exterior.7

Los Acuerdos de Paz de Camp David de 1978 “institucionalizaron” los montos de ayuda proporcionada por Washington a Tel Aviv y al Cairo.8 A partir de entonces, ambos países han recibido anualmente desde la Unión Americana, cerca de 5.000 millones de dólares por concepto de ayuda, principalmente militar.

Lo destacable es que a pesar de que el contexto bipolar de la guerra fría se ha extinguido, Israel y Egipto continúan siendo los principales receptores de ayuda estadounidense en la actualidad (Sanahuja, 1999a).

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La UE, a través de la Comisión, aunque en mucha menor cuantía respecto a EEUU, también destina importantes, aunque decrecientes, recursos vía AOD a Egipto. Por ejemplo, en los años 1980-1981 este país fue su tercer receptor, en 1990-1991 el primero y en el bienio 2000-2001 el sexto (OECD, 2003: 305). Con Israel, la UE...

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