Apuntes sobre la política de cooperación para el desarrollo

AutorPatricia Déniz Alonso - Enara Echart Muñoz
CargoMagíster en Cooperación Internacional, investigadora del IUDC y doctoranda en Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid - Experta en promoción y gestión de ONGD, investigadora del IUDC y doctoranda en Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid
Páginas211-219

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La Agenda de Desarrollo Internacional

En los últimos años hemos asistido a un renovado interés por contar con una agenda internacional de desarrollo aprobada y consensuada por numerosos países y organismos multilaterales: es la conocida como Agenda 2015, definida en la Cumbre del Milenio de Naciones Unidas del 2000, y que incluye como una de sus principales propuestas los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM)1. Se trata de una agenda medible, con metas e indicadores, que permite hacer un seguimiento de los resultados a alcanzar por todos los países antes del año 2015. Cinco años después de su aprobación, lo cierto es que los avances hacia la consecución de estos objetivos de desarrollo son más bien escasos, salvo algunas excepciones.

El Proyecto del Milenio de Naciones Unidas fue creado con el propósito de analizar y proponer las mejores estrategias para alcanzar el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. El pasado mes de enero, el Proyecto presentó el Informe “Invirtiendo en el Desarrollo: Un plan práctico para conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio”2/FN>, bajo la dirección de Jeffrey D. Sachs. El informe se estructura en 18 capítulos en los que se presentan los ODM, la situación actual y los frenos para su consecución, las Estrategias de reducción de la pobreza, la importancia de la inversión pública, la buena gestión de los asuntos públicos, la participación de la sociedad civil y el sector privado, las necesidades especiales de África, las estrategias frente a los conflictos, la reorganización de la asistencia y el comercio, y los bienes públicos, entre otros temas.

Asimismo, este informe presenta diez recomendaciones fundamentales para lograr los ODM: 1) los países en desarrollo deben adoptar estrategias para la reducción de la pobreza basadas en los ODM; 2) estas estrategias deben servir de base para incrementar las inversiones públicas, crear empleo y movilizar los recursos nacionales y la AOD, así como reforzar la gobernanza, promover los derechos humanos y fomentar la participación de la sociedad civil;
3) la ejecución de estas estrategias debe hacerse en colaboración con la sociedad civil, el sector privado y los socios internacionales; 4) los donantes deben apoyar, con incrementos de AOD, a aquellos países que avanzan en la consecución de los ODM; 5) los donantes y receptores deben poner en marcha Page 213 acciones de “ganancia rápida” (Quick win); 6) se deben apoyar las iniciativas regionales (como la NEPAD); 7) los donantes deben incrementar la AOD (con el objetivo de llegar al 0,7% en el 2015) y aliviar la deuda externa; 8) los países desarrollados deben abrir sus mercados, en el marco del Programa de Doha; 9) los donantes deben apoyar la investigación científica y de desarrollo para apoyar las necesidades de los pobres; y 10) se debe reforzar la coordinación entre las agencias de Naciones Unidas en apoyo a los ODM.

Estas recomendaciones vienen a señalar los grandes retos de la cooperación internacional ante los escasos progresos realizados desde la adopción de estos objetivos en el año 2000; unos resultados negativos que serán objeto de evaluación y reflexión en la Cumbre de Alto Nivel que se celebrará en septiembre de este mismo año en Nueva York (Cumbre de Milenio +5).

En marzo del 2005, el Secretario General de Naciones Unidas presentó su Informe de Seguimiento de los resultados de la Cumbre del Milenio: “Un concepto más amplio de la libertad: desarrollo, seguridad y derechos humanos para todos”3. En este informe se presentan los desafíos para alcanzar los ODM, y la oportunidad histórica en la que se nos presenta (“En una era de abundancia mundial, nuestro mundo posee los recursos que pueden reducir espectacularmente la enorme brecha que persiste entre los ricos y los pobres, siempre que esos recursos se empleen al servicio de todos los pueblos”), que requiere una importante acción colectiva en pro de una libertad más amplia. Para ello propone un plan de acción, que enfatiza en el objetivo 8 (en cuestiones como la asistencia, la deuda, o el comercio). El resto de apartados se centran en la sostenibilidad medioambiental, la seguridad colectiva, la dignidad, y el fortalecimiento de la Naciones Unidas.

En paralelo a estos informes, se han ido desarrollando otras iniciativas para impulsar estos objetivos, como la Alianza Internacional contra el Hambre y la Pobreza. En su encuentro de alto nivel, que tuvo lugar el 20 de septiembre de 2004, los Jefes de Estado y de Gobierno de Francia, España, Brasil y Chile, y el Secretario General de las Naciones Unidas, se reunieron en Nueva York con el objetivo de relanzar la lucha contra el hambre. “El hambre es la peor arma de destrucción masiva” es la premisa desde la que se pretende fomentar la aplicación de alternativas viables de financiación, que se traduzcan en una mayor seguridad alimentaria en el mundo, esto es, una mayor contribución a la seguridad humana. En el Informe final del encuentro, tras Page 214 incidir en la necesidad de incrementar la AOD y mejorar su eficacia (en consonancia con los compromisos adoptados en Monterrey), se presentan algunas propuestas de financiación...

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