La apelación adhesiva

AutorManuel Richard González
  1. Introducción

    La evolución de los distintos sistemas de recursos ha supuesto que la adhesión a la apelación tenga distinta función, virtualidad y eficacia en los ordenamientos jurídicos de nuestro entorno. Así, la impugnación adhesiva ha sido objeto de distinto tratamiento y consideración doctrinal, especialmente, con relación a la dependencia o subordinación del recurso adhesivo respecto a la apelación principal. Concretamente, en el ordenamiento alemán e italiano se regula la adhesión a la apelación con distintas características a las que se contienen en nuestro derecho. La confusión entre distintas formas de recurso adhesivo, en ocasiones, ha dado como resultado razonamientos jurídicos, respecto de la naturaleza jurídica de la apelación adhesiva regulada en nuestra ley procesal, que consideramos erróneos[106].

    En el derecho procesal italiano se regulan dos formas de apelación adhesiva, de efectos y naturaleza jurídica distintas[107].

    Por una parte, la apelación incidental responde a las características de nuestra apelación adhesiva. Interpuesto recurso de apelación contra la sentencia, o parte de ella, cabe interponer apelación incidental, convirtiéndose en este supuesto el apelado en apelante respecto de aquellos pronunciamientos de la sentencia que le causen gravamen[108].

    Por otra, la apelación adhesiva, que si bien coincide nominalmente con nuestra adhesión a la apelación, es figura jurídica distinta. En la apelación adhesiva no se proponen motivos autónomos de impugnación, a diferencia de la principal o de la incidental, sino que consiste en una impugnación de adhesión con relación a la propuesta por cualquiera de las partes[109].

    En el derecho procesal alemán la adhesión a la apelación (Anschliessung o también Anschlussberufung) tiene un régimen similar al establecido en el derecho italiano[110].

    En el sistema de la Ley de enjuiciamiento civil la naturaleza jurídica de la apelación adhesiva coincide en lo esencial con la que cabe atribuir a la impugnación principal, ya que la misma razón de pedir asiste a uno y otro apelante, sea principal o adhesivo. Así, la adhesión a la apelación se configura como impugnación autónoma que únicamente se subordina a la apelación principal por interponerse con posterioridad a aquélla. El apelante adhesivo no coadyuva a los resultados que pretende obtener el apelante principal, al contrario, le contradice si bien no lo hace tomando la iniciativa de la segunda instancia, sino en virtud de la apelación abierta por la adversa[111].

    Esta concepción es acogida con unanimidad en la doctrina jurídica. La generalidad de autores consideran que la apelación adhesiva es accesoria no en el sentido de depender de la principal[112], sino en el de sucesión temporal de una impugnación (la adhesiva), respecto de otra (la principal)[113].

    En cuanto a la Jurisprudencia se considera unánimemente que el adherido a la apelación es un verdadero apelante. En consecuencia, se mantiene el carácter plenamente autónomo de la adhesión a la apelación mediante la cual el Tribunal de apelación tiene plenas facultades para el exámen de todas las cuestiones expresadas en el escrito de adhesión[114].

    No obstante, como quiera que se interpone con posterioridad al recurso de apelación principal, la adhesión a la apelación ha sido, en alguna ocasión, definida como recurso secundario[115].

    Y, por otra parte, algunas sentencias de Audiencia se han pronunciado otorgando a la apelación adhesiva, en cierta clase de juicios, naturaleza de recurso subordinado a la apelación principal[116].

    Una muestra de la plena autonomía del la apelación adhesiva es que desistido el apelante de su recurso y opuesto el adherido a que se dé por terminada la segunda instancia, la Audiencia tendrá por separado al apelante y mandaráseguir la sustanciación del recurso para resolver sobre los extremos de la sentencia a que se refiere la adhesión del apelado[117].

    La ley permite al adherido a la apelación mantener su recurso, en el supuesto que el apelante renuncie a su propia impugnación, en virtud de la autonomía de la apelación adhesiva, que sirve de cauce a una pretensión impugnatoria propia al margen de la ejercida por el apelante principal. A diferencia del apelado simple, el adherido posee un interés propio que le legitima para solicitar la prosecución del recurso, a fin de resolver las cuestiones a que se refiere su propia impugnación[118].

    En este sentido, la Jurisprudencia declara que la instancia no puede caducar en lo que es objeto de ella, aún cuando desista el apelante principal, en cuyo caso continuará el procedimiento en único interes del adherido. También dispone la LEC que separado el apelante, antes del momento procesal oportuno para adherirse a la apelación, puede el hasta entonces apelado simple adherirse a una apelación que, notése, en ese momento ya no existe[119]. Esta norma, se introdujo «ex novo» en la LEC de 1881, por cuanto, la Ley de enjuiciamiento civil de 1855 no preveía la posibilidad que el adherido mantuviera su impugnación cuando el apelante principal desistía de su recurso[120].

    La doctrina, por lo general, no encuentra ningún problema teórico en el mantenimiento de la adhesión cuando el apelante desistió de su recurso. No obstante, algún autor señala que ésta posibilidad de continuación de la alzada excede de los objetivos y fundamentación básicos de la institución, especialmente respecto a la posibilidad que se otorga al apelado de adherirse al recurso, en el supuesto que el apelante renuncie a la alzada antes del trámite procesal que permite la apelación adhesiva[121].

    La crítica principal es de GUASP que considera que desistido el apelante, antes del trámite oportuno para que el apelado se adhiera al recurso, la adhesión que permite la ley no es una verdadera apelación adhesiva, ya que por definición no existe la apelación principal, abandonada por el apelante. Entiende este autor que mantener la apelación adhesiva, aun habiendo desaparecido la apelación principal, es una contradicción teórica, puesto que en ese caso esa adhesión sería de hecho una censurable apelación tardía[122].

    Sin embargo, FENECH partiendo de la consideración que la apelación del adherido es independiente de la inicial, no encuentra objeción alguna a que continue la segunda instancia en virtud de la nueva apelación del apelado, reducida a los puntos en que éste crea que le es perjudicial la sentencia[123].

    Por nuestra parte, consideramos, que la adhesión a la apelación se configura como una impugnación autónoma, subordinada únicamente en el tiempo a la principal.

    En este sentido, la apelación adhesiva supone una posibilidad legal a favor del apelado para que, una vez conocido el recurso del apelante, pueda recurrir la sentencia en aquello que le perjudica y que, de otro modo, quedaría firme por consentido. Así, si bien el apelado no puede adherirse a una apelación ni siquiera interpuesta, no existe ningún problema teórico para que se adhiera a un recurso del que se desistió, pero que fue interpuesto en tiempo y forma, abriendo de este modo la expectativa del apelado que, en ese caso, puede tener interés en continuar la alzada.

  2. La apelación adhesiva en el sistema de apelación de la LEC

    La adhesión a la apelación se configura dentro del sistema de apelación establecido en la LEC como una impugnación de carácter autónomo que tiene por finalidad contrarrestar la expectativa de reforma favorable de la sentencia de instancia, respecto al apelante principal, permitiendo al Tribunal dictar una resolución conforme a las pretensiones iniciales del apelado convertido en apelante adhesivo[124].

    La adhesión a la apelación sólo tiene sentido en el supuesto de estimación parcial de las demandas, ya que cuando la sentencia hubiera desestimado totalmente la demanda, el apelado no tendría en tal caso nada que recurrir[125].

    Así, cuando únicamente apela uno de los litigantes se genera una expectativa de modificación parcial o total de la resolución impugnada, pero con el límite de su propio recurso, pues el apelante únicamente impugna aquellos pronunciamientos que le causan perjuicio, no aquéllos otros que le benefician y que por inatacados no devienen objeto del recurso[126].

    De esta forma, la posición procesal del apelante único es carente de riesgo, ya que operando en su favor la prohibición de la reformatio in Peius el Tribunal de alzada no podrá en ningún caso aumentar el «quantum» de gravamen que le impuso la sentencia impugnada[127].

    Cuando apele a su vez la contraparte, respecto a los pronunciamientos que le causan gravamen, se enervará el principio prohibitivo de la «reformatio in peius». En este sentido, se puede aducir que le cabe a la parte que no esté conforme con la sentencia impugnar también de modo principal la sentencia y de esta forma enervar los efectos perniciosos que la limitación de la apelación, operada en virtud del recurso único de la adversa, produce en el ámbito del objeto de la alzada. No obstante, la situación procesal que prevé la LEC en orden al recurso adhesivo es la del litigante que, a pesar de causarle la sentencia de instancia un cierto gravamen, condiciona su recurso a que la otra parte recurra la sentencia. Es decir, que el vencedor o perdedor parcial en la instancia se aquieta a su suerte siempre y cuando la impugnación de su contrario no amenace, en virtud de su recurso, su situación procesal[128].

    La razón del aquietamiento del apelado se justifica, por lo general, por que el perjuicio que le causa la sentencia de primera instancia es mínimo, en ocasiones formal, y otras muchas veces el perjuicio está latente y es simplemente futurible o posible. Pero, puede llegar a ser, y constituir, un perjuicio real y constatable en la sentencia de segunda instancia[129].

    Así, podemos analizar la apelación adhesiva desde dos puntos de vista de distinta naturaleza, que conjuntamente definen procesalmente esta institución:

    1) La apelación adhesiva supone una posibilidad legal que la Ley brinda al...

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